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Agua que cae del cielo

Editorial de Semanario #1169

En México, según la ONU, estamos a nueve años del “día cero”, cuando el suministro libre del agua se termine, y el agua deba ser racionada. Ese día podría llegar en el año 2028, si continúa nuestra pobre cultura del agua, con los actuales hábitos negativos de uso y el enorme desperdicio que realizamos cotidianamente.

México tiene una disponibilidad de 0.1% del total del agua dulce del planeta. Gran parte de nuestro país está catalogada como zona semidesértica y alrededor de 9 millones de mexicanos no tienen acceso a agua potable, según datos oficiales y del Centro Virtual del Agua.

Hoy en nuestro país, el consumo personal, como el agua para beber, lavarse los dientes, bañarse y utilizar el wc,  representa 10 por ciento del uso anual. La industria utiliza más de 14% del recurso y la agricultura y la ganadería emplean el 70 por ciento del agua.

Según la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el 57 por ciento del total utilizado se desperdicia principalmente por infraestructuras de riego ineficientes, obsoletas o con fugas. La industria azucarera es la que produce la mayor cantidad de materia orgánica contaminante, y la petrolera y la química, las que producen los contaminantes de mayor impacto ambiental.

Ante la pregunta de cuanto nos cuesta el agua, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) calcula que nuestro país tiene una de las tarifas más bajas en el mundo. Por ejemplo, un estudio de 2011 señala que mientras en México se pagaban 0.49 dólares por cada metro cúbico, en Dinamarca cuesta hasta 6.40 dólares.

La contaminación de los cuerpos acuíferos representa un problema más que se suma al desperdicio y a la poca disponibilidad, pues se descargan en ellos aguas residuales sin importar su origen: doméstico, industrial, agrícola o minero.

Según de la Semarnat, cada año caen en México miles de millones de metros cúbicos de agua de lluvia. Pero aprovechar el agua de lluvia es complicado, pues en el área metropolitana de Guadalajara, la mayor parte de la precipitación pluvial se va directamente al drenaje, y actualmente no hay tecnología suficiente para captar, almacenar y aprovechar el agua que viene del cielo.

En el 2015, más de 70% de los cuerpos de agua de México estaba contaminado, resaltando los casos de la cuenca Lerma- Santiago y el Valle de México.

El desastre ecológico en San Gabriel, exige a  empresarios agrícolas y autoridades,  a tomar decisiones  que favorezcan a la población de las sierras de Jalisco. Se evidencia falta de responsabilidad en el manejo de los recursos naturales que se van agotando por la producción y consumo insustentables que no asumen los costos ambientales presentes que terminan siendo pagados por los pobres y ponen en peligro la supervivencia de generaciones presentes y futuras.

La columna Voz Verde de esta semana nos invita a tomar soluciones radicales, porque no basta con dejar el popote, y las bolsas de plástico, necesitamos incrementar nuestras acciones conscientes de cuidado ambiental.

Hay que ver dejar de ver como “sacrificio” el cuidado al medio ambiente y más bien veámoslo como la “oportunidad” de vivir y crecer, sanos y en armonía con el mundo, la creación y Dios.

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