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Coronavirus y sus estragos en la educación

La pandemia del COVID-19 ha convertido los comedores, salas y habitaciones de las casas en las nuevas aulas. El 90 por ciento de la población estudiantil a nivel mundial se ha visto afectado. Los estudiantes en México no cuentan con las mejores condiciones para aprender a distancia. La pérdida de empleos de los padres de familia provoca deserción escolar en los niveles de educación superior.


Un atípico regreso a clases

Salvador Y Maldonado Díaz

Como otros sucesos del año en curso, el regreso a clases también ha sido un acontecimiento atípico. En esta ocasión no se han visto los rituales propios en las entradas de los planteles escolares, como los llantos de los menores que por acuden por vez primera.

La incertidumbre es un fenómeno muy socorrido en esta ocasión, como en el caso de los maestros de colegios particulares que no saben si contarán con su planta de trabajo.

La premura para muchos padres de familia que han tenido que hacer esfuerzos extraordinarios para comprar aparatos electrónicos a sus hijos.

Viene al caso un albañil que desesperado ha ofrecido su trabajo para que le retribuyan en especie para adquirir una laptop que su hija requiere con carácter urgente.

Afortunadamente en momentos en momentos críticos aparecen iniciativas de gente solidaria. Un ejemplo es una iniciativa que lleva el objetivo de reducir la deserción escolar, la Cámara de Comercio de Guadalajara (Canaco), Mexicanos Primero, Corporativa de Fundaciones y asociaciones civiles, que han lanzado la campaña “Para que no dejen de aprender”, que tiene como meta apoyar a 10 mil alumnos de escasos recursos en Jalisco, ante el inicio de clases.

Esta iniciativa lleva el propósito de que el sector privado y la ciudadanía se sumen para recaudar fondos que se destinen a los niños en situación de vulnerabilidad, de modo que puedan comprar material didáctico para el ciclo 2020-2021. Hasta la fecha se ha reunido un millón de pesos.

Lamentablemente el daño que se ha originado al aparato productivo en la presente coyuntura de la pandemia augura una deserción escolar en los niveles de la educación superior, desde el bachillerato hasta en las carreras profesionales. La razón: ante las pérdidas del empleo de las cabezas de las familias, los jóvenes también tendrán que trabajar.

De la rapidez en la recuperación económica que se tenga en el país, se conjuraría la amenaza de una deserción escolar a gran escala. Ojalá que todas las partes hicieran su tarea para que ésta deserción no adquiera niveles de gran tamaño.


Escuela en TV

Juan Carlos Núñez Bustillos

La letalidad del Covid-19 y su facilidad para contagiarse impide retornar a las actividades escolares como estaban previstas. Mientras el número de enfermos y muertos se multiplica, abrir las escuelas es un gran riesgo.

Ante ello, las autoridades optaron porque las clases se lleven a cabo en casa. Los comedores, salas y habitaciones de las casas son las nuevas aulas a las que los maestros llegarán a través de computadoras, radios y televisiones.

Por supuesto que se puede aprender por medio de estas tecnologías. Si no fuera así, no habría tanta gente capaz de repetir de memoria la alineación de un equipo de futbol, los novios que ha tenido una artista o la canción de moda.

Muchos adolescentes y jóvenes son capaces de plantear complejas estrategias para ganar un videojuego del cual conocen con precisión todos los detalles. Son Medios con enormes posibilidades para propiciar el aprendizaje, pero hay que utilizarlos adecuadamente y con ese propósito.

Si lo que ven los niños es a la profesora recitando la lección en la pantalla el aprendizaje será muy limitado. Aprovechar los Medios requiere que educadores y comunicadores trabajen de la mano en la producción de mensajes. Esto requiere tiempo y dinero.

Padres y madres tienen además que convertirse en asesores de sus hijos. No es fácil, no sólo porque se requieren para ello ciertas habilidades y conocimientos, sino también porque muchos deben que trabajar y no tienen tiempo suficiente.

Pero hay retos más profundos y difíciles de resolver. Aprender a distancia no será lo mismo para un niño que cuenta con una computadora, una buena conexión a Internet y padres que pueden trabajar en casa y dedicar tiempo a acompañarlos que para un estudiante que no tenga estas posibilidades.

Si la escuela, a pesar de todas sus diferencias, es un espacio que en alguna medida iguala a los estudiantes.

El trabajo en casa acentúa las desigualdades. En México la mayor parte de los alumnos no cuenta con las mejores condiciones para aprender a distancia.

Pero es lo que hoy hay. Con creatividad y voluntad se puede educar.


La apuesta contra la brecha

Román Ramírez Carrillo

La pandemia de COVID-19 ha provocado uno de los mayores trastornos de la educación que el mundo ha conocido, afectando a más del 90% de la población estudiantil mundial. Numerosos países optaron por la educación a distancia en línea para garantizar la continuidad del aprendizaje.

El aprendizaje en línea ha expuesto las profundas brechas digitales dentro de cada país y entre los diferentes países, incluyendo a los países de altos ingresos. La situación es difícil en países de ingresos medios y bajos como México, y con un gran porcentaje de alumnos sin dispositivos que les permitan acceder al aprendizaje en línea desde casa.

Por lo tanto, se recurre a la televisión para el acceso al aprendizaje a distancia. Así, la televisión educativa vuelve a experimentar un auge.

Si no se tiene computadora ni internet, la televisión es mejor que nada, o los videos de las televisoras culturales. Utilizar una mezcla de transmisiones en vivo, contenido grabado con anterioridad y programas de entretenimiento educativo.

La televisión educativa mexicana, que durante algunas décadas desarrolló el Estado a través de los sistemas Estatales de Televisión y Radiodifusión Culturales, hoy son utilizados como experiencias positivas en países de Centro y Sudamérica.

La era YouTube: “cuanto más corto y llamativo, mejor”, es la guía de muchos maestros que a cuadro imparten clases auxiliados por el sistema Zoom.

En algunos lugares, desesperados por evitar el rezago educativo de toda una generación, están recurriendo al glamur de los actores y presentadores de noticias conocidos localmente, así como a los maestros, para tratar de mantener la atención de los estudiantes desde el preescolar hasta la secundaria y la prepa, pero también, desarrollan una estrategia de comunicarse con regularidad, tanto la escuela, como los maestros y padres de familia.

En algunas escuelas privadas, para lograr inclusividad, desde el ciclo anterior, tienen como invitados en las clases, tanto a mujeres como hombres con alguna discapacidad y personas de distintos grupos étnicos y culturales.

En la pandemia, la apuesta es utilizar una mezcla de transmisiones en vivo, contenido grabado y programas de entretenimiento educativo.


Experimentos en la licuadora

José de Jesús Parada Tovar

La Pandemia del Covid-19, omnipresente en consultorios, hospitales y cementerios, en la economía general, en las voraces estadísticas, en la conversación, en el miedo contagioso o en el descrédito total como contraparte, ha producido recomendaciones a granel, como también orillado a autoridades de todo tipo a adoptar medidas a destajo, lo mismo improvisadas que muy bien calculadas, aunque sin rumbo ni visión de un destino feliz.

Es el caso concreto de la Educación, principal base, sustento y garantía del desarrollo y progreso de una Nación, que casi cada sexenio ha sido sometida a un laboratorio de cálculos, modificaciones y hasta ocurrencias, pero que, ante lo inesperado o intempestivo de esta crisis, de plano se le ha relegado a un plano secundario.

Y es que, por más abrupto tal acontecimiento, al factor educativo no se le ha concedido una oportunidad de deliberación y discernimiento entre verdaderos expertos; no se le ha dado espacio para visualizar reacomodos con miras a lograr una adaptación prometedora ante las circunstancias; carece de margen de maniobra para resarcirse del cese contundente de operación normal, y del tiempo y el modo de planificar y programar opciones convencionalmente viables.

¡Qué diferente el caso de los sectores Economía y Salud! Claro, caminan a tumbos y en andadera, pero reciben atención muy superior a la prestada a la Educación. Muestras del fracaso y lo que a simple vista se avizora:

1- Si en décadas anteriores se creyó como solución impartir clases por Televisión y el método no fue un buen recurso, ahora se pretende volver a las andadas, cuando a un gran porcentaje de niños y jóvenes ya no les atrae ese aparato; no pueden mantener la atención por muchos minutos, y la inmensa mayoría de paterfamilias no está dispuesta a acompañar el proceso, por incapacidad o por ausencia del hogar.

2- Después de esta reciente experiencia de educación obligatoria a distancia, ya debiera haberse calibrado el saldo bastante pobre en cuanto a aceptación, adecuación, aprovechamiento y calificaciones, como para no haber incurrido en el fácil expediente de dejarle todo al “inteligente” celular, a la tableta, la computadora o el televisor, que los alumnos manejan tan diestramente, pero no “para estudiar”. ¿Y los maestros… y los papás, qué papel jugarán en un nuevo proceso integral?

3- No se ha ponderado con justicia y suficiencia el valor intrínseco del sistema de enseñanza-aprendizaje presencial, que garantiza un desarrollo más completo y maduro, como tampoco se han buscado, propuesto y defendido alternativas posibles en ese sentido. Ante la inminente baja de planteles particulares, ni el Gobierno adecúa leyes y mecanismos de apoyo sustancial, ni ese sector educativo privado procura nuevas formas de operación, vía becas y revisión de costos o facilitación de créditos, y agenciándose fórmulas de financiamiento, por ejemplo a través de antiguos alumnos… En fin.  

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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