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EDITORIAL | La grieta social entre nosotros

Editorial #1193

En México vivimos una grieta social, a partir de la última elección y continúa ensanchándose. En una democracia la oposición responsable es parte importante del sistema político. La grieta entre nosotros está causando que dejemos de hablar con quien no piensa como nosotros; ha generado rupturas familiares; ha convertido a viejos amigos en adversarios o en enemigos. Eso no puede ser. No podemos vivir peleados entre nosotros.

Para sus contrincantes, el presidente es el principal responsable de la polarización social que impregna el clima político en el país. Sin embargo, se puede afirmar que México es un país muy dividido, en donde hay buenas razones para la diferencia y los extremos.

En un escenario como el que hoy tenemos, quienes participan en el debate público tienden a adoptar, en pos del rating, posturas muy extremas y a utilizar un lenguaje agresivo como estrategia que, ese es el problema, impide una discusión política racional.

Ciertamente, la grieta política es inevitable porque surge de una profunda grieta económica y social, cuya polarización, visibiliza en el debate público, el drama que se vive en la sociedad. De la grieta social, económica y política que vivimos no hay un solo responsable. Debemos reconocer que todos hemos polarizado.

Toda idea que se expresa es y puede ser controvertible, pero las personas deben ser respetadas. Es necesaria la conciliación. En la medida en que se niegue la posibilidad de encontrar lo común en medio de las diferencias, caeremos, cada vez más, en un esquema de lealtades de tribu, con desprecio a la verdad y a la justicia.

La grieta no puede crecer hasta el infinito. La clase política tiene que aprender a distinguir entre los conflictos inevitables y necesarios, de los evitables e innecesarios; debe ser capaz de preguntarse: ¿hasta cuándo y hasta dónde?  Es momento de suturar para permitir su cicatrización.

El tipo de grieta que estamos viviendo nos afecta a todos porque impide encontrar puntos de encuentro, avanzar en agendas comunes, incluso, adoptar políticas que nos permitan, a través del convencimiento y la persuasión, construir proyectos capaces de perdurar.

“Ser católico comprometido en la política no significa ser un recluta de algún grupo, organización o partido, sino vivir dentro de una amistad, dentro de una comunidad”, ha resaltado el Papa Francisco. 

Los diversos grupos sociales y políticos tienen que encontrar la manera de dialogar, deliberar y pensar juntos. A la grieta que hemos construido entre nosotros debemos  poner límites, para no llevarnos al país entre los pies. Los ciudadanos debemos poner de nuestra parte para cerrarla. Empecemos con respetarnos y terminar con los símbolos que nos dividen.

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