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La Buena Noticia de Jesús, el salvador del mundo, llega a todos los hombres por la mediación de la Iglesia, enviada a todos los hombres y a todas las culturas

Iglesia en Salida: Desde el Amazonia en Roma

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

¿Cómo se ve la Iglesia desde la Amazonia? ¿Cómo se ve la Amazonia desde la Iglesia? Son preguntas que han guiado al Sínodo Panamazónico, convocado y presidido por el Papa Francisco, en el que se trataron dos temas: los nuevos caminos para la evangelización y la ecología, invitando a cinco conversiones: integral, pastoral, cultural, ecológica y sinodal.

La Buena Noticia de Jesús, el salvador del mundo, llega a todos los hombres por la mediación de la Iglesia, enviada a todos los hombres y a todas las culturas. No se puede pensar en una transmisión del Evangelio sin tener en cuenta a los interlocutores o pensando que su cultura no es apta para recibir el mensaje salvífico. Todas las culturas son caminos propedéuticos, aunque habrá qué dejarlas purificar y perfeccionar por la fuerza transformadora del Evangelio. El Sínodo de la Amazonia ha sido un espacio de compartir las experiencias misioneras y de inculturación en las regiones bañadas por el río Amazonias, que pueden servir para otras regiones del mundo. Sin duda, la presencia y el aporte de los delegados de los pueblos originarios, así como la valentía y el testimonio de los misioneros, han ayudado a que se profundice y se enriquezca este tema. 

El tema del cuidado de la casa común es una preocupación del Amazonia, el pulmón del mundo, cuyo territorio ha tenido graves problemas ecológicos. Amazonia es el símbolo del la preocupación por el medio ambiente. La ecología es tema central del Magisterio del Papa Francisco, más allá de la encíclica “Laudato sii”, enraízado en las enseñanzas de sus antecesores: San Juan Pablo II y Benedicto XVI, que siempre propugnó una ecología humana, por la que podemos comprender que el deterioro del medio ambiente no se limita a la naturaleza, sino es reflejo del deterioro de las relaciones humanas y la destrucción de la identidad cultural.

El Sínodo representó para el Papa, ante todo, una experiencia sinodal, que supone la capacidad de discernir, escuchando a todos en todo momento y en toda circunstancia. La sinodalidad ayuda a comprender la Tradición de la Iglesia no como cosa vieja, no la custodia de las cenizas, sino como la salvaguarda del futuro. El Sínodo Panamazónico no es un riesgo, sino aire puro para la Iglesia, pues propuso: seminarios indígenas, reconocimiento de nuevos ministerios, creatividad pastoral, redescubrir el papel de la mujer, incluso el estudio de ordenación de diaconisas, como en la primitiva comunidad cristiana. Amazonia es un reto para reformar a la Iglesia en la formación sacerdotal, para suscitar el celo apostólico del clero, su redistribución y la oportunidad de ritos inculturados.

Para algunos escandalizados por “cositas” del Sínodo, llamados por el Papa “élites católicas”, la mirada se estrecha cuando no son las cosas vistas de la cómoda autoreferencialidad. Escrupulosos en las pequeñas “cositas” olvidándose del todo, “porque no tienen el coraje de estar con el mundo, creyendo que están con Dios… porque no amando a los demás, creen amar a Dios”.

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