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El coronavirus y la economía

Ignacio Román Morales

Los virus y las plagas que han azotado históricamente a la humanidad constituyen amenazas que no pueden ser incorporadas con anticipación en los modelos matemáticos sobre “riesgos de recesión”, “estabilidad macroeconómica” o desarrollo. El drama de la peste negra que asoló a Europa durante siglos en la edad media y que acabó con la mayor parte de su población, la expansión del paludismo, que llegó con la conquista española al México prehispánico, o la propagación de del VIH en el África subsahariana a finales del siglo XX, dan cuenta del derrumbe de imperios, culturas y economías a lo largo de los tiempos.

No estamos en la edad media europea ni en el siglo XVI de lo que ahora es nuestro país, pero los nuevos virus y sus mutaciones dan cuenta de los vulnerables que somos a pesar de las revoluciones industriales y el cúmulo de conocimientos que constantemente estamos incrementando como humanidad. ¿Qué si fue por ingerir murciélagos o serpientes, qué si es un virus fabricado en laboratorio? El hecho es que el coronavirus se convierte cada día en un exponencialmente mayor peligro por doquier.

¿Qué implicaciones económicas tiene esta situación? Desde que se declaró la situación de alerta el pasado día 21 hasta el día de hoy, pasando por el anuncio de su implicación internacional al finalizar enero, las bolsas de valores de todo el mundo han tenido un pésimo comportamiento, especialmente las líneas aéreas.

El turismo y el comercio de mercancías se ven obstaculizados en un entorno en el que el principal país afectado es justamente el eje del crecimiento económico mundial y de gran parte del desarrollo tecnológico. El que el virus se haya declarado en China es un factor que disminuye la gravedad inmediata del problema.

La propia Organización Mundial del Salud señaló que si ese virus hubiese estallado en un país con un sistema de salud más débil o, diríamos nosotros, con una sociedad menos organizada o una economía menos dinámica, los problemas actuales serían mucho mayores. Dudo mucho que pueda existir otro país en el mundo que pueda construir un hospital en 10 días.

Wuhan no sólo es una gran metrópoli que tiene más población que todo Jalisco (11 millones de habitantes), sino la “Detroit China” que produce dos millones de vehículos al año y es el principal destino de inversiones automotrices de algunos países europeos, como Francia. Sólo como ejemplo, la venta total de automóviles en México en el 2019 fue de 1.3 millones, sólo 65% de lo que produce Wuhan.

Lo que ocurre muestra la importancia de contar con sociedades organizadas, con servicios de salud universales, buenos equipamientos, una excelente logística para el aprovisionamiento de medicinas, control sobre los laboratorios para la preminencia del interés público sobre el privado así como profesionales muy capacitados.

El virus llegará a México, será fundamental no desdeñar lo que se está expandiendo por el mundo, pero tampoco usar el origen geográfico del virus como una forma de discriminar a la población asiática (recordemos la indignación que tuvimos al ser ocasionalmente discriminados cuando surgió la H1N1). Es un momento para recordar que en economía, en ciencia, en salud y nuestro sentido de humanidad es mucho más importante ser cooperativos que competitivos.

Acerca de David Hernandez

Licenciado en Filosofía por el Seminario de Guadalajara. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz. Especialista en temas religiosos y Social Media Manager.

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