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El Nuncio nos anuncia

Jorge Carrillo Sánchez

México podría ser otra vez tierra de misión, por la posible pérdida de lo que se ha construido en 500 años de catolicismo en nuestro país. Cuatro realidades que urgen a reflexionar y a actuar: La dramática disminución de las vocaciones religiosas, en particular, las femeninas; la disminución constante de vocaciones sacerdotales; la baja generalizada de bodas religiosas y el aumento impresionante de suicidios entre los jóvenes. Todo porque no estamos logrando poner en comunicación a nuestros jóvenes con Dios. Los hemos dejado solos.

Al joven de hoy no le bastan las palabras. Sólo lo arrastra el testimonio. Debemos replantearnos lo que es y debería ser la catequesis y formación de los jóvenes. En la parroquia, el sacerdote y el catequista deberían ser testigos, modelos de personas que viven con gozo su existencia de la mano del Señor comunicando ese gozo a los demás; comunicar la fuerza, la alegría de saber que el Señor está a tu lado; que te mira y da la capacidad de verlo presente también en la situación de la vida de los demás. Dando lo que el mundo no da.

El Seminario no forma sacerdotes de forma automática. El obispo debe destinar a los mejores sacerdotes para que estén y vivan con ellos, lo cual requiere que el obispo conozca verdadera y realmente a sus sacerdotes; a cada uno. Pues solo así le será posible identificar a los mejores formadores que no solo “sepan” y “conozcan”, sino que ante todo sean modelos. Los seminaristas, no interiorizan o aprenden lo que se les “enseña”, sino lo que “perciben”, lo que nuestra vida narra, a veces sin darse cuenta. Los seminarios requieren sacerdotes-formadores que sean transparencia de Cristo, sólidos en su fe y fidelidad al Señor.

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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Un comentario

  1. Estoy muy de acuerdo, y ademas de sacerdotes formadores, deberian vivir y enseñar el amor a Maria, porque hace falta que los seminaristas amen mas a nuestra madre para con su ejemplo vivir como Dios lo pide.