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El pueblo de Chile

Jorge Carrillo Sánchez

Sin duda que los 30 pesos en que subiría el Metro en Chile, no explica por sí mismo el nivel de violencia. Eso fue sólo la gota que derramó el vaso.

La violencia, los saqueos, los incendios y el maltrato a las personas alcanzaron niveles que no habían visto. Por otro lado, hay una gran cantidad de gente que protesta de modo pacífico, oponiéndose a quienes causan destrozos, que saquean y maltratan a carabineros y militares.

Esta situación social, ya la preveía la Iglesia Chilena. En la carta pastoral: Chile, un hogar para todos, del 4 de Octubre del año 2017, denunciaba que el clasismo, el desempleo, particularmente el juvenil, la precariedad laboral por falta de cumplimiento de las leyes sociales, los bajos sueldos de los trabajadores y las bajísimas pensiones producen mucha frustración y rabia que generan violencia.

En el otro extremo, existen grupos que, por su posición social y su dinero, ejercen un poder real defendiendo sus intereses, a veces abusivamente vulnerando la ética y también infringiendo las leyes para sacar mayores dividendos particulares y, como consecuencia, manteniendo las desigualdades.

Para el Obispo  Santiago Silva Retamales, presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, el tan reconocido bienestar de ese país, a nivel internacional, es solo para algunos y no para todos, y cuestiona: “Es hora de mirar con verdad, a rostro descubierto, nuestra riqueza y nuestros éxitos, nuestra pobreza y nuestros fracasos, para descubrir, la mínima extensión de los primeros y la máxima ramificación de los segundos. Es que la cantidad de “Chiles” que existen en nuestra patria es un dilema no resuelto”

Argumenta que se necesita un diálogo social centrado en las personas, que tiene que tomar en cuenta los modos de convivir y habitar la casa o país de todos, para embarcarse en la construcción de una sociedad que se pueda sentir como propia y a todos comprometidos a cuidar al país como el más preciado bien común. No se puede hacer si no hay una “amistad cívica” entre todos.

Desde la Conferencia Episcopal, condena decididamente todo tipo de violencia, porque daña la convivencia y la paz social, fundamentales para construir acuerdos en razón del bien común y con la participación de la mayoría.

Insiste en que los cristianos son los primeros llamados a erradicar la violencia, reconocer y respetar la dignidad de toda persona y hacer de Chile un hogar para todos.

Finaliza señalando que se necesita educar personas en el amor y para amar, porque el ser humano en sociedad, «no puede vivir sin amor”, citando a San Juan Pablo en Redemptor hominis, “la vida está privada de sentido si no le es revelado el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y no lo hace propio, si no participa en él vivamente”. Sólo así se vive en sociedad, como socios, respetando los derechos de todos, y procurando sostenidamente el bienestar integral de los más desfavorecidos.

Acerca de David Hernandez

Lic. en Filosofía por el Seminario de Guadalajara | Lic. en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Veracruz | Especialista en temas religiosos | Social Media Manager

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