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Debemos aprender a superar la lectura maniquea de la realidad en donde todo se divide en dos polos opuestos irreconciliables, olvidando que la realidad está llena de matices, tonalidades, que no todo es blanco o negro, bueno o malo

Encono y desencuentro

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

Un amigo expresaba, con cierta tristeza, el disgusto que causó su punto de vista sobre la situación política del país a una vieja amistad, al grado de perder toda comunicación con quien había mantenido una estrecha relación por mucho tiempo.

Situación cada vez más frecuente también en la convivencia familiar, que a nivel social se está convirtiendo en motivos de encono y desencuentro cada vez más álgidos y que puede llegar incluso a la violencia; pensemos, por ejemplo, en las ofensas que se dan en las manifestaciones de opositores y simpatizantes de la 4T. El ambiente se está crispando y eso no es bueno para el país, no es bueno para nadie.

Debemos aprender a superar la lectura maniquea de la realidad en donde todo se divide en dos polos opuestos irreconciliables, olvidando que la realidad está llena de matices, tonalidades, que no todo es blanco o negro, bueno o malo; que un gobierno o una oposición a él no son los dueños del país ni sus únicos interpretes; que no todo está bien ni todo está mal.

El pensamiento maniqueo o dualista en la visión de la realidad social daña muchísimo a la convivencia porque induce a razonar con las vísceras y olvidar la objetividad en los juicios. Se considera que sólo un lado tiene toda la verdad y todo lo bueno y se descalifica al contrario, se le considera enemigo y adversario. Al separar a la sociedad en dos grupos antagónicos se induce a enfrentarlos y aumenta la sensación de violencia, de inseguridad y de miedo.

Ninguna postura política antagónica puede ser dueña de la verdad absoluta ni de la solución única a los graves problemas que nos aquejan como sociedad, sino es importante reconocer que se trata sólo de un particular acercamiento a la realidad y de una búsqueda, quizá legítima, de la consecución del bien común.

De hecho, el que se absolutice y se crea que sólo tiene cabida un pensamiento único y se condene de tajo a los contrarios, juzgando que todo en ellos es malo, sin rescatar lo positivo de cómo piensan y cómo actúan, se está autodescalificando el propio proceder e impidiendo la autocrítica, que es básica para el éxito de cualquier gobierno.

Es importante que los cristianos tengamos una formación en la Doctrina Social de la Iglesia y seamos capaces de discernir lo bueno y lo malo, los matices y los colores del escenario de la política nacional, alejados del maniqueísmo social.

Habrá que enseñarnos a reconocer con justicia los logros en el ejercicio del poder de quienes ahora nos gobiernan y también el poder señalar los desaciertos o las equivocaciones, sin ningún tipo de fidelidad acrítica y con una profunda libertad sin compromisos partidistas. Además, debemos aplaudir el variopinto escenario y las distintas formas de ver y entender la convivencia social, en donde todas las posturas pueden tener cabida en el sano respeto por las diferencias y en la defensa de los legítimos derechos humanos.

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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