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Foro Ruiz Medrano: Cobertura informativa en tiempos violentos

En la construcción de una Sociedad de Justicia, el papel de los medios de comunicación es importante, sin embargo… en el quehacer cotidiano, en la competencia por las audiencias, las agendas informativas y lo que de ellas se plasma en periódicos, redes sociales, televisión y radio, deja en evidencia que el recorrido aún es largo. Información y propuesta son aún el gran desafío.

La violencia de la violencia, en los Medios

José de Jesús Parada Tovar

De inicio, pensaba titular este Artículo como “Violencia, al cuadrado” o “Violencia, al cubo”, en el sentido de que el hecho en sí se replica en los Medios de Comunicación masivos y en Redes Sociales en dimensiones de altavoz que van muchísimo más allá de duplicarse o triplicarse de manera exponencial, inmedible, y hasta ámbitos insospechados.

Lo cierto es que, ante este fenómeno que le ha restado paz, seguridad y progreso a la Sociedad, a cambio de imprimirle desconfianza, inestabilidad, impotencia y un creciente miedo que se introduce a cada hogar, barrio, colonia, rancho o pueblo, hasta entumecer el deseo y la acción colectiva de condenar la situación hasta forzar a las Autoridades a remediarla a fondo y para siempre.

Y, para empezar a desbaratar ese terror generalizado y alentar esfuerzos correctivos macizos, inteligentes, pacíficos pero indeclinables, ¿en qué han contribuido los Medios Informativos? Si lo pensamos con objetividad y autocrítica: en muy poco. Al contrario, impelidos a aumentar tiraje (¡uf!) o a competir por ganar mayores audiencias, han emprendido una asombrosa e interminable carrera por seguirle la pista al morbo, a la prontitud de descubrir y describir los hechos de sangre, robos, asaltos y accidentes, trasladados a páginas enteras y a Noticieros radiofónicos y televisivos que llegan a ocupar hasta el 40%, o más, de sus contenidos. ¡Vaya oferta educativa, cultural y de entretenimiento! ¿Será porque eso es lo que más “vende”, aunque enajene, embote y condicione al público? Y ni qué decir de las plataformas digitales, a la mano de todas las manos, las mentes y los tiempos del día y de la noche.

Claro que hay excepciones, como también hay que distinguir la nota roja cuando lleva un componente informativo de servicio social o de alerta, de aquella que parece deleitarse en propalar hechos lamentables con “lujo” de detalles que debieran ser indescriptibles por penosos y molestos, máxime en precisos horarios de comida.

¿A todo esto ha de llamársele Libertad de Expresión, Libertad de Imprenta? ¿Hasta dónde llegan los Códigos de Ética que se autoimponen muchos Medios con tal de blindarse ante posibles normas regulatorias de observancia obligatoria para todos?

Hace muchos años, María de la Luz Martín del Campo Ramírez, una Periodista que se desempeñaba como Productora y Conductora en una Estación de FM, me repetía su sueño y anhelo de entablar una lucha, a nivel gremial de Comunicadores, para lograr que todos los Medios incluyeran a diario, entre sus componentes informativos, notas amables, positivas, dando a conocer lo mejor de personas e instituciones que hacen el Bien sin micrófonos, tinta ni reflectores. Eso le daría realce, sentido humano e imán a las propuestas mediáticas. Cuestión de calarle. Si tanto se habla de innovación, he ahí una opción revulsiva amigable, fácil de encontrar en tantos hogares, en la calle, mercados, hospitales, escuelas, etcétera. ¿No que “somos más los buenos que los malos”? Lástima, pues, que el Cine, los Periódicos y Revistas, la Televisión, la Radio, la oferta cancionera y las Redes Sociales le abonen a la violencia magnificándola hasta hacer que se le considere algo propio, natural, cotidiano, consumible e inocuo.

¿Cómo informar sobre la violencia?

Juan Carlos Núñez Bustillos

El buen periodismo, el que pretende ser profesional y honesto, se enfrenta permanentemente a dilemas éticos. En tiempos de situaciones de violencia exacerbada estas disyuntivas adquieren mayor relevancia. ¿Cómo informar adecuadamente a la sociedad sobre estos hechos?

Hay dos posturas extremas en torno a la información relativa a la violencia. Por un lado, están quienes afirman que hay que mostrar la realidad “tal cual es”, incluyendo imágenes grotescas de cadáveres. En el otro polo, están quienes en aras de no inquietar a las personas optan por ocultar deliberadamente la información “fea”.

Ninguna de estas posturas hace un bien a la sociedad. Si asumimos que la información periodística ayuda a una comunidad a conocer más ampliamente lo que ocurre en su entorno para comprenderlo mejor y, en función de eso, tomar postura y tomar decisiones, podremos encontrar algunas orientaciones para procesar este complejo tema.

Se trata entonces de informar con responsabilidad. Ni ocultar lo que ocurre, ni exaltar información que estimula el morbo y no contribuye a la comprensión de los hechos. Los periodistas tenemos que preguntarnos permanentemente ¿para qué sirve esta información?

¿Ayuda en algo mostrar la cabeza cercenada de un cuerpo? ¿Para qué le sirve a una persona conocer la amenaza que un grupo criminal hace a otro? Respuestas a preguntas como estas constituyen un primer tamiz.

Pero hay que ir más allá. La obligación de un buen periodista, de un buen medio de comunicación, no es únicamente mostrar lo que ocurre sino tratar de explicar por qué ocurre. Así se comprende mejor una situación y se pueden buscar salidas. No basta saber que aparecieron bolsas con restos humanos, es importante saber por qué. ¿Cuáles son las causas? ¿Qué salidas puede haber? De esta manera, la información sobre la violencia podría adquirir sentido y abrir esperanzas.

Decálogo

Román Ramírez Carrillo

1.- Fomentar la conciencia social en contra de la violencia, y condenar la violencia originada por la delincuencia organizada.

2.- Impedir que los delincuentes o presuntos delincuentes se conviertan en víctimas o héroes públicos, pues les ayuda a construir una imagen favorable ante la población, y  a ser imitados.

3.- Establecer criterios para la difusión de imágenes y fotografías de actos de violencia, y advertir al público sobre la difusión de imágenes explícitas.

4.- En caso de que alguna acción del Estado en el combate a la delincuencia organizada caiga en excesos, esté fuera de la ley o viole derechos humanos, siempre habrá que informarla. Una de las funciones es consignar y denunciar el ejercicio indebido del poder.

5.- No prejuzgar. En ocasiones, las autoridades tratan de mostrar eficacia en la lucha contra el crimen organizado, presentando ante los medios a detenidos en condiciones que cancelan su presunción de inocencia. Los medios debemos manejar la información bajo el supuesto de que los involucrados son inocentes en tanto no cuenten con una sentencia condenatoria o estén confesos.

6.- No re-victimizar. Cuidar a las víctimas y a los menores de edad. La información que presentemos debe respetar los derechos de las víctimas y de los menores de edad involucrados en hechos de violencia. Nunca dar información que ponga en riesgo su identidad.

7.- Alentar la participación y la denuncia ciudadana. Promover que la ciudadanía denuncie a los delincuentes y participe en la prevención del delito y reducción de la violencia, protegiendo su identidad.

8.- Proteger a los periodistas. No firmar las notas sobre estos temas, y hacer coberturas conjuntas con otros medios. No hacer reportes en vivo desde las zonas más violentas.

9.- Solidarizarse ante cualquier amenaza o acción contra reporteros y medios de comunicación, en los términos que mejor le convengan al reportero o al medio afectado.

10.- No difundir información que ponga en riesgo la viabilidad de las acciones  contra la delincuencia organizada o que comprometan la vida de quienes la combaten o la de sus familias. Lo cual no implica que se renuncie a la responsabilidad de cuestionar la efectividad de las acciones del gobierno en el combate a la delincuencia.

Estos diez criterios, son fruto de la reflexión y experiencia de grupos de periodistas y asociaciones de medios de comunicación.

La violencia, ni ignorarla, ni magnificarla

Salvador Y Maldonado Díaz

Los extremos son siempre nefastos. Esto cabe para la postura informativa ante los hechos de violencia que desafortunadamente son parte de la vida cotidiana en este país. 

Es imposible ignorar los hechos violentos. Pero tampoco hay que apostarle a su  magnificación, como es la postura simplista, pero muy lucrativa del periodismo sensacionalista que lleva frecuentemente a la apología de los delincuentes y a ponerlos como modelos a seguir.

Las expresiones latinas Ne quid nimis (de nada en demasía) y la Aurea mediocritas, (el dorado y deseable término medio),  son muy ilustrativas para evitar extremos de la apología del delito y de pretender una postura del avestruz de negar la realidad.

Ante esto viene la apuesta por un periodismo crítico que, partiendo de los hechos, lleve al análisis que remita a las causas y desmenuzar las aristas implicadas en los sucesos. 

La búsqueda del rating a toda costa es con frecuencia el motivo de darle mucho juego a la exhibición de la violencia al exhibir toda su secuela de sangre, corrupción y protagonismo de sus actores.

Pero también es posible la presentación de los hechos violentos en un contexto que remita a sus causas y las acciones. En esto, incluso, pueden presentarse los esfuerzos para buscar soluciones para frenar la violencia y contrarrestar la impunidad, que a menudo se tiene como entramado que explica muchos sucesos.

Un ejemplo en esta línea: el Grupo IMAGEN TV, tiene una sección en la que se explican casos de éxito de las autoridades en dar golpes contundentes a la delincuencia, lo que supone detallar de las acciones que lograron capturar a los delincuentes.

En   este mismo contexto,  figuran las posturas críticas de diversos medios y comunicadores que han cuestionado la tibieza del actual presidente de la República que ha propiciado que los elementos del Ejército Mexicano sean motivo de actos violentos y toda clase de ultrajes de parte de los delincuentes en varios Estados del país. 

Un análisis especial debe hacerse de la violencia en las redes sociales contra los comunicadores, de parte de ciertos seguidores del actual primer mandatario federal. Uno de tantos ejemplos: amenazas de muerte contra el comediante Arath de la Torre, que lo llevaron a renunciar al programa El privilegio de mandar.    

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