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¿Incomunicados?

Pbro. Armando González Escoto

Tal vez fueron los cristianos ingleses los primeros en advertir que una nueva civilización provoca de inmediato problemas de comunicación. En 1920 se publicó en Inglaterra un libro titulado “Religión y ejército”, de autor anónimo, en el cual se analizaba la actitud de los soldados ante la religión, soldados que habían participado en la Primera Guerra Mundial y que por lo tanto procedían de todos los estratos sociales, ahí se decía: “los soldados no son hostiles (a la religión), sólo indiferentes. Hemos estado hablando un lenguaje que ha perdido todo sentido para ellos, también para nosotros mismos”.

Desde la segunda década del siglo XIX, la comunidad anglicana venía haciendo esfuerzos notables para evangelizar a las grandes masas obreras que generaba la industrialización, muchos de cuyos miembros migrarán al ejército con motivo de la Primera Guerra Mundial, es ahí donde los capellanes advierten que se ha producido una brecha comunicacional, brecha que a pesar de todos los esfuerzos siguió ampliándose hasta hacer de Inglaterra no sólo uno de los países más secularizados del mundo, sino el lugar donde ha surgido el mayor número de iniciativas orientadas a descristianizar la cultura.

La experiencia inglesa nos enseña que una cosa es advertir los problemas, otra tratar de solucionarlos, y otra muy distinta, lograrlo. Muy probablemente lo que relativizó cuanto plan pastoral se hizo en ese país y en otros de Europa, fue precisamente no haber comprendido a fondo lo que significaba hablar leguajes diferentes.

La seria problemática detectada por los ingleses hace cien años no ha logrado a la fecha una solución efectiva desde las llamadas iglesias históricas, por lo cual muchas de las iniciativas pastorales se desgastan y se agotan sin ver frutos porque seguimos “hablando un lenguaje que ha perdido todo sentido” para aquellos a quienes pretendemos atraer a la verdad del Evangelio, y a lo mejor, como decía el autor anónimo citado, hasta para nosotros mismos.

El problema de la comunicación no es un asunto de vocabulario, es ante todo un asunto de universos culturales distintos y en ocasiones contrarios, pues lo que nos incomunica es la diversidad de cosmovisiones, y la dificultad observada para establecer mediaciones, por así decir, estructuras bilingües que garanticen el encuentro y el diálogo reconstructivo.

Existen afortunadamente los territorios neutrales, donde hasta las culturas más opuestas pueden coincidir, pero los católicos no hemos sabido movernos en esos espacios sea por prejuicios, por inseguridad, por falta de audacia, de creatividad, y de propuestas creíbles, expuestas de manera inteligible.

San Juan Bosco decía “ama lo que los jóvenes aman, y los jóvenes amarán lo que amas tú”, glosando a este gran educador habría que aprender a amar y sentir las inquietudes, los anhelos y aspiraciones de las nuevas generaciones, para que a partir de esa coincidencia se pudieran entablar nuevos canales de comunicación, lo cual seguirá requiriendo capacitarnos en el uso y manejo de los nuevos lenguajes, lo mismo orales que tecnológicos.

armando.gon@univa.mx

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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