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La piedra en el zapato: Así es la vida

Ha sido Dios quien ha puesto en el corazón de todo hombre y mujer un deseo irreprimible de la felicidad, de la plenitud…

Papa Francisco

Fernando Díaz de Sandi Mora

Es muy común escuchar en varias charlas que “la vida es injusta”, “la vida es complicada”. Llegamos a este mundo diseñados para tener una experiencia maravillosa de aprendizaje, de encuentro, de oportunidades de crecer y servir. Dios nos pensó felices, disfrutando de cada instante de la vida, aun cuando ésta se nos haga la difícil. La vida es así de sencilla, así de simple: ser lo que somos y hacer lo que necesitamos para seguirla disfrutando hasta el final.

La vida es el acto simple de existir, de estar, de permanecer de la mejor manera hasta el cierre final de este ciclo de experiencias en medio del mar de la eternidad. Se trata de allanar en la medida de lo posible el camino, o al menos suavizar los posibles imponderables que surgen en el tránsito de nuestras vidas.

La complicación es solo la señal de que nos hemos perdido en algún punto de nuestro camino…

Las ganas crean la necesidad, y la necesidad crea las ganas. Nuestros estados constantes de ansiedad y estrés, son patrocinados por una falta de consciencia, de atención a lo realmente importante de la vida.

La vida no es complicada en sus fundamentos. La complicación sobreviene cuando dejamos que nos arrastre un sistema de valores falseado por una sociedad miope que preconiza el culto al dinero, a los bienes materiales y a las apariencias irrelevantes.

La mayoría de gente ha olvidado por qué corren así de desordenada y frenéticamente en todas direcciones hacia una felicidad que se les escapa. Si todo el mundo lo hace, debe haber una buena razón, pero, ¿cuál?

Si no estás en la simplicidad, es que te has perdido en alguna parte de tu vida.

Hay que reconocer que al principio, es más bien incómodo encontrarse solo con uno mismo y preguntarse honestamente qué es en verdad la felicidad. Las respuestas a menudo son molestas y llevan a grandes replanteamientos. ¿Tengo necesidad de una gran casa, de un título prestigioso, de un reconocimiento profesional, de un coche lujoso, de ropa de marca o de vacaciones en la otra punta del mundo para sentir que soy alguien de bien?

¡Alto! Pon pausa a tu ritmo loco y acelerado. Date un respiro, visualiza el panorama general de tu vida, tu forma de ser y hacer las cosas, tu manera de afrontar las situaciones; cada experiencia vivida tiene un sentido, un propósito que debes descubrir.

La vida es bella. La vida no es la complicada, eres tú quien la complica queriendo que todo sea a tu manera, como un niño encaprichado. La vida toda es un regalo que simple y sencillamente se agradece. Así es la vida… No le busques más.

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