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La teoría de la conspiración

Pbro. Armando González Escoto

Hoy día “la teoría de la conspiración” podría considerarse un género literario, y englobaría todo tipo de relatos sujetos a un esquema común: los grupos secretos que conspiran a favor de una causa egoísta, grupos de elite sea económica, política, religiosa o científica, o todo junto, constituidos por personajes siniestros, humanos o extraterrestres, envueltos en el anonimato, que sesionan en lo oculto y tienen un dominio absoluto del planeta; trabajan a favor de su propio clan y en contra del resto de la humanidad. Parte de su poder se debería al control que ejercen sobre la política global y sobre los grandes consorcios económicos mundiales.

Cualquier persona puede igualmente desarrollar una nueva teoría de la conspiración simplemente acomodando el esquema general a las nuevas circunstancias del momento histórico. De suyo abundan las novelas, películas y documentales que siguen esta temática. Han sido parte de este género todo tipo de revelaciones religiosas que anuncian el inminente fin del mundo, los consabidos tres días de oscuridad previos, los secretos revelados solo a un vidente que luego sin embargo los hace públicos, y muchos elementos más que unidos a las teorías de la conspiración constituyen un coctel explosivo para la imaginación alterada de los seres humanos.

Los momentos críticos de la sociedad, tales como catástrofes naturales, guerras, fines de siglo o de milenio, signos extraños en el cielo, o epidemias, son tierra fértil para que surjan una vez más las teorías de la conspiración, ahora ampliamente divulgadas gracias a las redes sociales.

En realidad no se necesita de teorías conspiradoras ocultas y siniestras para mostrar una realidad evidente, en el mundo actual luchan entre sí dos grandes tendencias que se disputan el presente y el futuro de la humanidad, por un lado la tendencia religiosa-humanista, y por otro lado la secular post humanista, bastante asumida ésta por el mundo occidental. Esta lucha de fondo es parte de las nuevas grandes guerras económicas que se viven hoy.

Se comprende que si sucede una pandemia, independientemente de que haya surgido de manera natural o artificial (las guerras biológicas datan por lo menos del siglo XIV), surjan de inmediato las muchas teorías de la conspiración que buscan explicarla, llevarla a su molino, aducirla como la prueba contundente de que los conspiradores siguen trabajando, en tanto que los políticos del mundo la aprovechan para culparse unos a otros y obtener ganancia de la tragedia. Los economistas por su parte le verán el aspecto positivo cuando de aligerar la carga de las pensiones se trata, y en un escenario imaginario, hasta podrían favorecer la pandemia con este objetivo.

La interpretación cristiana de los signos del tiempo es mucho más sensata, el cristiano sabe que estas cosas suceden, pero que todavía no es el fin, cuyo día y hora solamente el Padre conoce y a nadie se lo ha dicho jamás. El cristiano acepta los hechos como son y busca en ellos la oportunidad para desarrollar una acción solidaria, también busca nuevos rumbos, nuevos caminos para seguir construyendo el reino de Dios en un mundo siempre cambiante, imprevisible, y pasajero.

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