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En México hay dos graves problemas estructurales para garantizar el derecho a la salud: el primero es que desde su nacimiento este derecho estuvo vinculado al derecho al trabajo; el segundo es que tenemos un sistema fragmentado de salud, es decir, hay quienes tienen acceso a mejores servicios de salud que otros

El derecho a la salud en México

Jorge Rocha

La implementación del INSABI ha generado múltiples críticas, desde familiares de niños con cáncer, hasta gobernadores que acusan de centralismo al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Lo primero que hay que señalar es que la vigencia del derecho a la salud es un asunto fundamental para la vida de cualquier país y que su cumplimiento es una eficaz estrategia para resolver otras agendas, por ejemplo, la pobreza. Es muy conocido que una enfermedad seria y fuerte (catastrófica) en una familia, genera una dinámica de empobrecimiento en los hogares. Que las familias tengan garantizado el derecho a la salud, genera que puedan dedicar parte de sus ingresos a satisfacer otras necesidades. Una de las características que tienen los países que son considerados como los que tienen mayor desarrollo, es que tienen garantizado el derecho a la salud para todos sus ciudadanos.

En México hay dos graves problemas estructurales para garantizar el derecho a la salud: el primero es que desde su nacimiento este derecho estuvo vinculado al derecho al trabajo. En otras naciones el acceso a la salud depende de la nacionalidad, por lo que es un derecho universal, mientras que, en nuestro país, sólo las personas que cuentan con un trabajo formal tienen seguro social. Esto no sería un problema si hubiera lo que se llama pleno empleo, es decir, que todas y todos tengamos trabajo formal, sin embargo, eso nunca ha pasado y cada vez es más complicado que suceda. De acuerdo con Coneval, en nuestro país, más de 60 millones de personas no cuentan con seguridad social. La forma como se buscó ampliar la cobertura de salud, fue a través del seguro popular, donde los ciudadanos tenían que aportar una cantidad de dinero para acceder a estos servicios. Este problema ha hecho que la universalidad del derecho a la salud nunca haya estado garantizada.

El segundo problema es que tenemos un sistema fragmentado de salud, es decir, hay quienes tienen acceso a mejores servicios de salud que otros. Una minoría de las personas cuentan con seguro privado porque lo pagan (o sus empresas tienen contratados estos servicios por accidentes laborales) o porque algunas dependencias de gobierno lo pagan (situación bastante cuestionable e injusta). En general los servicios privados de salud son de buena calidad, pero tienen topes de gastos. Luego podemos colocar a los servicios médicos militares, que son de alta calidad, pero sólo tienen acceso los miembros de las fuerzas armadas y sus familiares directos. Después tenemos a los trabajadores del estado, que pueden acceder al ISSSTE, que también tienen buenos servicios de salud, pero restringido a los que laboran en dependencias públicas y sus familiares directos. Enseguida está el IMSS, que ha sido muy cuestionado desde hace años por sus servicios de salud, pero que tiene amplia cobertura. Una de sus bondades es que brinda apoyo a personas con enfermedades de mucho impacto en la salud y que requieren cuidados muy intensivos y de alto costo. Finalmente teníamos al seguro popular y los servicios que brindan hospitales estatales y de los municipios, de los cuales había muchas quejas, y en el caso del seguro popular había muchas sospechas de corrupción, pero representaba una alternativa viable para los más pobres.

Frente a esta situación me parece fundamental que busquemos que el derecho a la salud deje de estar vinculado a la tenencia de un trabajo formal y que sea universal por el simple hecho de ser mexicana o mexicano. En este sentido el fundamento del INSABI es correcto y deseable. Lo que este Instituto no retoma es la implementación de un sistema coordinado y con políticas únicas de acceso a la salud, que no implica generar un sistema único, pero si una serie de acciones de profunda coordinación que eleven a la misma buena calidad el derecho a la salud.

Por supuesto que me parece un grave error echar a andar el INSABI sin reglas de operación, ya que esto repercutiría en los servicios a los derechohabientes y era obvio que esto se podría traducir en un conflicto político. Lo rescatable de este proceso es que el acceso al derecho a la salud se puso en primer plano de la agenda nacional y parece que hay un consenso de que la universalidad es un objetivo que debe cumplirse en el corto plazo.

Correo electrónico: jerqmex@hotmail.com

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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