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Nuevas formas de planear

Pbro. Armando González Escoto

Un plan de trabajo puede enfocarse como una carretera de un solo carril, o como una súper autopista con varios carriles; nodos viales, pasos a desnivel superpuestos y múltiples direcciones; la opción por uno o por otro depende de varias condiciones: el tiempo en que se vive, la visión del planificador, el alcance que se busca tener, la eficiencia deseada, los recursos de que se dispone, etc.

En la Edad Media no se requerían autopistas, bastaban caminos para carretas sin necesidad de que fueran en dos sentidos. Además la gente viajaba poco, y las mercancías se sujetaban a los tiempos requeridos para su entrega. Eran tiempos lentos con pocas urgencias, y aún si las había, las circunstancias de la época no ayudaban a resolverlas con la rapidez deseada.

Hoy día, la gran diferencia entre un país desarrollado y uno primitivo se puede observar justamente en sus planes de desarrollo. Para una sociedad limitada en sus recursos pero sobre todo en su educación y en su visión de futuro, basta con carreteras de ida y vuelta, con destinos a los que solamente se puede llegar por una única vía, sin ningún tipo de posibilidades o alternativas, por ahí se va y solamente por ahí se llega.

Si una empresa pensara de esa manera estaría condenada al fracaso, peor aún, si los objetivos de la empresa tienen que ver con la promoción y el desarrollo de las personas, y no sólo con la producción de bienes materiales.

En la actualidad, las instituciones que buscan la transformación social deben planificar de la misma forma en que se hace una autopista de primer nivel, no como quien construye una carretera de un único carril por el que todo debe pasar, pues en ese caso, los planes más que dinamizar las acciones, las acorralan.

La planeación debe ser como la comunicación contemporánea, se ubica en parámetros múltiples y diversos, usa todos los lenguajes sociales, se dirige a todos los sectores, establece metas variadas, es flexible e integradora, y se cerciora de estar siendo captada, porque su objetivo es provocar respuestas en sus destinatarios, no sólo cumplir con un encargo o llenar un programa ordenado por la empresa.

Los planes unívocos son ciertamente fáciles de hacer y de ejecutar, un solo objetivo, un solo camino, un único método, todo debe ajustarse a él o ser desechado; son rígidos, doctrinarios y, si encima se proyectan a largo plazo, ya están dadas todas las circunstancias para que no funcionen pero sí entretengan; estos planes, más que adecuarse a la realidad, buscan que la realidad se adecue a ellos, como el cartero que para acomodar todos los sobres en su mochila recorta los que sobresalen.

Para que todo camine en orden a un determinado plan, se requiere que ese plan tenga la maleabilidad exigida, que incluya todas las realidades, que sepa adecuarse a las eventualidades, y prevea las fallas y su oportuna corrección.

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