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OPINIÓN |Los reyes que vienen

Pbro. Armando González Escoto

El relato que narra la visita de los magos de oriente al niño Jesús, podría muy bien pasar como una crónica política sobre los criterios y acciones de los líderes que, como se ve, no ha cambiado mayormente. Al igual que Herodes, cuando un político muestra demasiado interés por la religión hay, que temer y prevenir, pues detrás de esa supuesta condescendencia suelen ocultarse las intenciones más perversas.

Nos dice el evangelista Mateo, que cuando los magos venidos de oriente preguntaron acerca del Mesías nacido, Herodes y toda Jerusalén se sobresaltan; Jerusalén por su esperanza, Herodes por su temor, ya que ese Mesías es presentado como “rey”, y si algo hace temblar a los políticos, es el riesgo de perder el poder o de que surja alguien que se los cuestione.

Por lo que el propio relato dice, Herodes tenía asesores, en este caso, asesores bíblicos que podían informarle acerca de las promesas mesiánicas y de sus peculiaridades. Una vez que advierte la alta posibilidad de que tal nacimiento sea ya un hecho, vuelve con los magos, comparte información y busca hacerlos cómplices de sus prevenciones, “vayan y averigüen y luego vuelvan a informarme, para ir también yo a adorar”; lo primero, el “vayan e infórmenme”, se entiende, lo segundo, “para ir también yo a adorar”, expresa la quintaesencia del engaño, del saber ocultar las verdaderas intenciones para lograr un objetivo muy distinto.

A diferencia de muchos hombres religiosos de antes y después, los magos no cayeron en la trampa, no fueron los tontos útiles de los que los gobiernos se han tanto beneficiado a lo largo del tiempo, esos tinterillos cortesanos que se ponen de tapete ante los poderosos a cambio de oropeles y falsas gratificaciones. Siendo los magos hombres santos, supieron escuchar al Espíritu y regresaron a su tierra por otro camino.

No obstante, vino enseguida la matanza y el exilio. Afortunadamente también la denuncia profética del tirano y del opresor, pues es con ese acento que el relato revela y delata lo sucedido, ubicando al Redentor del mundo en el meollo de las realidades humanas y específicamente, en el pantano de las realidades políticas. Es significativo que el evangelista Mateo, que relata la adoración de los magos, cierre su evangelio incluyendo una última denuncia de la colusión y la corrupción que se da entre las autoridades, amantes del soborno, de la mentira, de los oscuros acuerdos, pues si al final pudieron matar a Jesús, ahora buscan la manera sinuosa de enfrentar el hecho excepcional de su resurrección. 

Queda claro que los nuevos tiempos que Jesús inaugura no cargan con el lastre del angelismo religioso, proclive a olvidar las condiciones terrenas por un enajenamiento religioso, es decir, pensar solamente en el más allá, olvidando el compromiso que tenemos con las realidades del más acá, compromiso que incluye la sabiduría para saber manejarse frente a quienes detentan el poder terrenal y hacerlo con el mismo profetismo de Jesús.

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