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Pastoral & Cultura: ¿Felices fiestas?

Pbro. Armando González E.

Pbro. Armando González Escoto

Es cosa común que el lenguaje cambie en la medida que cambia la sociedad, sus percepciones y circunstancias, o por su misma evolución; también cambia el lenguaje cuando se desgasta y pierde significación; las palabras demasiado usadas pierden su capacidad para comunicar.

De unos años para acá, tanto los medios de comunicación, como en consecuencia la misma sociedad, han comenzado a hablar de un “felices fiestas”, en lugar de “feliz Navidad”, a la hora de expresar sus buenos deseos por las celebraciones decembrinas, fenómeno que puede entenderse desde varios ángulos.

De pronto mucha gente, sobre todo joven, ya no supo que significa la palabra “Navidad”, le pareció además demasiado “choteada”, sea por la comercialización del evento, que por un uso social excesivo y encima poco sincero.

En encuestas y entrevistas que se han hecho a transeúntes en calles y plazas, ha sorprendido el hecho de que algunos de los entrevistados dijeran no saber con exactitud que se celebra en Navidad; los más informados hablaron de una cena familiar, de regalos y fiestas con motivo del fin de año, pero nada más. Por lo tanto: ¿Para qué usar una palabra que ya perdió significado? La solución práctica y lógica ha sido desear “felices fiestas” y que cada quien lo entienda de acuerdo a lo que sabe, cree, o celebra; adicionalmente incluyen, en una sola frase, tanto la Navidad como el Año Nuevo y así se quitan de verse fuera de sitio, todo queda ahí incluido.

La sociedad norteamericana fue la primera en secularizar la celebración de la Navidad, haciéndola una fiesta, que fue de lo familiar a lo romántico, convirtiendo incluso la música navideña, en música para bailar, lo mismo en una casa que en un antro. Su olfato económico añadió la excesiva comercialización que calificó el festejo en orden a los regalos que se reciben o se dan, y a la calidad y cantidad de comidas y bebidas para disfrutar. Secularizar significó pues, olvidar el nacimiento de Cristo y quedarse con la fiesta.

Desearse felices fiestas va bien entonces, con quien ha excluido al festejado principal, y sólo ve en la Navidad un motivo para fortalecer lazos de familia y amistad, siempre en una perspectiva sólo horizontal.

Pero los cristianos, ¿Debemos seguir esa corriente y reducir los parabienes de la Navidad a un neutral y descomprometido “felices fiestas”? y, por otra parte, ¿Debemos seguir usando las mismas expresiones y palabras ya desgastadas?

En este punto las posibilidades de cambio y novedad son infinitas siempre y cuando reúnan algunas condiciones fundamentales: primero, que la alegría expresada sea genuina, comprendida y vivida por el nacimiento de Jesús, en segundo lugar, que el deseo de comunicar esta experiencia a los demás sea sincero, de tal modo que una simple felicitación se convierta en un signo evangelizador, pero también en un compromiso para hacer que de verdad la gente viva a fondo y con felicidad esta importante fiesta cristiana.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

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Un comentario

  1. Un aporte muy interesante. Gracias por la ilustración. Un cordial saludo.