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PASTORAL Y CULTURA: El fin del mundo

Pbro. Armando González Escoto

De tiempo en tiempo resurge en la sociedad un temor morboso ante el hecho real pero impredecible del fin del mundo, se trata de un fenómeno típicamente monoteísta, aunque se puede rastrear también en algunas religiones precolombinas. Es un fenómeno monoteísta en cuanto que las tres grandes religiones basadas en la Biblia, como son el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, al hacer suyo este libro sagrado, hacen suya también la enseñanza acerca de un mundo pasajero que tendrá su final.

Lo que los cristianos olvidan de tiempo en tiempo es que la fecha precisa en que el mundo se ha de acabar no la ha querido revelar Cristo, pues es algo que solamente el Padre celestial sabe. No obstante, la ansiedad morbosa de algunos creyentes les ha llevado a tratar de sacarle ese secreto al Padre sea por medio de cálculos, que de supuestas revelaciones privadas atribuidas a los ángeles y a los santos.

Pero preguntémonos: ¿habrá personas que ansíen el fin del mundo, y no sólo saber la fecha de este suceso? ¿Qué tipo de mentalidad hay que tener para desear más el juicio final que la dicha del cielo?

Entre las personas que desearían la llegada del fin del mundo se encuentran todos aquellos que se sienten frustrados ante el fracaso de sus buenos propósitos y el triunfo, al menos aparente, de quienes piensan y viven en abierta contradicción con los principios cristianos, el fin del mundo sería ni más ni menos la acción dramática y justiciera que castigaría a los disolutos y premiaría a los justos, pero ya, de una vez, y que lo veamos todos.

Por supuesto que la frustración no es una experiencia cristiana, porque frustrase es sentirse no solamente fracasado sino sin posibilidades de futuro. Se frustra el narcisista que ve en el fracaso de sus creencias su fracaso personal, se frustra el que se apropia patológicamente de una misión que es en primer lugar de Cristo, y que no tiene como objetivo el logro de triunfos mundanos, de poder y de gloria, de afirmación gregaria y supremacía que lleva a aplastar a los oponentes, a los que piensan distinto.

Pero como este tipo de “triunfo” no llega, entonces hay que invocar el fin del mundo como un desquite, no como el tiempo de gracia en que todas las cosas alcanzarán su perfección. Por eso más que invocar a San Miguel, como pretenden algunas de estas personas, a quien invocan con ansiedad justiciera es al ángel exterminador, con cuyas plumas escriben todo tipo de relatos alarmistas, de inminentes castigos, de la supresión definitiva de todos aquellos que no creen lo que ellos creen.

No se requiere de mucho esfuerzo para advertir cuán lejos están quienes así piensan no solamente del Evangelio predicado por Jesús, sino de la misma salvación. Alejados del Evangelio porque el Evangelio es misericordia, alejados de la salvación, porque la salvación es paz profunda y amor genuino y generoso, aun para los que te calumnian y persiguen.

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