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La acción pastoral de la Iglesia busca prevenir y resolver este tipo de situaciones, por lo menos desde sus propuestas teóricas, pero entre lo que enseña la Iglesia y su aplicación concreta hay siempre una enorme distancia.

El tejido social del presbiterio

Pbro. Armando González Escoto

El Plan Diocesano de Pastoral nos ha llevado a reflexionar intensamente sobre el tejido social y la manera en que este se ha ido deshaciendo, pero nuestra mirada se ha dirigido más bien al entorno, y al modo en que éste afecta a la comunidad cristiana; eventualmente resulta interesante analizar si también en el presbiterio se da ese fenómeno de disolución.

Para que la acción de una persona o de una comunidad sea eficiente y no solamente eficaz, se requiere de consistencia, asertividad y entusiasmo; la consistencia tiene que ver con una personalidad apta, es decir, madura, equilibrada, positiva. La asertividad se alcanza por el cultivo constante del discernimiento, de la inteligencia, la información y la capacitación para desarrollar una labor exitosa. El entusiasmo tiene que ver con la actitud, es decir, el conjunto de principios y valores, de ideales y metas asumidos plenamente y en los que se cree de manera congruente.

En términos eclesiales, para que la pastoral dé fruto se necesita de una condición humana integralmente sana, de un permanente cultivo de la inteligencia, y de una espiritualidad transformadora, lo que se corresponde con tres de las áreas fundamentales de la formación presbiteral: la humana, la espiritual y la intelectual. Si en lugar de estos presupuestos lo que tenemos es una dimensión humana deficiente, un achatamiento intelectual y una espiritualidad rutinaria y estéril, los resultados son personalidades neuróticas, protagónicas, dispersas y superficiales, en riesgo permanente de cometer serios errores, carentes de creatividad y dinamismo; personas promotoras de ambientes nocivos, o sacerdotes aislados, unos y otros más proclives a destruir que a construir, pero que además sufren y hacen sufrir a los demás. En lo pastoral serán personas pasivas, sin creatividad ni interés, de acciones rutinarias y estériles, de juicio erróneo y precipitado.  Estas formas de ser y actuar destruyen el tejido social del presbiterio.

La acción pastoral de la Iglesia busca prevenir y resolver este tipo de situaciones, por lo menos desde sus propuestas teóricas, pero entre lo que enseña la Iglesia y su aplicación concreta hay siempre una enorme distancia.

Frente a la destrucción del tejido eclesial del presbiterio existen dos caminos: el seminario y la formación permanente; ambos exigen del involucramiento activo de la comunidad cristiana, de una voluntad pastoral consistente, firme, actual, bien programada y mejor sostenida. Existe también el ejercicio espiritual de la “reparación”, pero para que éste no se generalice, se requiere de hacer funcionar los caminos previos, glosando el dicho, “más vale prevenir que reparar”.

Con frecuencia se puede aplicar al presbítero la misma definición que algún pensador aplicaba a todo ser humano, “somos lo que hacemos, con lo que hicieron de nosotros”, y a las instituciones les valdría bien aquello de que uno siempre cosecha lo que siembra; el mundo, la realidad contemporánea, las crisis sociales, desde luego influyen, pero… ¿Qué no debíamos construir sobre roca, para poder enfrentar estos entornos?

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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