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Pedro Casaldáliga

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

El pasado 8 de agosto, el Obispo Pedro Casaldáliga Pla cerró sus ojos a la luz de este mundo para recibir la luz de la eternidad, aunque quería que sus restos fueran sembrados bajo un árbol para que sus frutos siguieran nutriendo la vida de los peregrinos de este mundo.

Nació en Balsareny en Cataluña, España, el 16 de febrero de 1928, siendo miembro de una familia de campesinos. A los 17 años ingresó al seminario de los Misioneros Claretianos y fue ordenado presbítero el 31 de mayo de 1952.

Las consecuencias desastrosas de la Guerra Civil española marcaron su infancia y juventud, de modo que de joven seminarista aprendió el difícil arte de la escucha solidaria y de expresarla al compás, entre la reflexión silenciosa y la belleza elocuente de la palabra poética.

En 1968 fue enviado como misionero a Araguia, Brasil, su segunda patria, de la que en 1970 fue nombrado Administrador Apostólico de la recién creada Prelatura de Araguaia, y el 23 de octubre de 1971 fue consagrado Obispo de San Felix de Araguaia.

Su opción por los pobres y sus frecuentes denuncias de las graves injusticias que padecían lo llevaron a sufrir la persecución e incluso amenazas de muerte, de las que resistió con heroico valor martirial.

Gran promotor mundial de la pastoral de la tierra, de los campesinos y de los indígenas. Un Obispo con olor a oveja, cuya única pretensión fue la de edificar una sociedad más justa y solidaria conforme a los valores del Reino de Dios, al Magisterio del Concilio Vaticano II y al de las grandes Conferencias Episcopales de Latinoamérica de Medellín y Puebla.

El compromiso pastoral del Obispo Pedro Casaldáliga no hizo que descuidara su reflexión teológica y sus grandes dotes de poeta, como los Padres de la Iglesia, Obispos que pastorearon la Iglesia en el primer milenio, que supieron ser pastores, teólogos y santos; su deseo y práctica de vida santidad fue la del discípulo del Señor que “no es la vida de alguien sin pecados ni errores, sino de la de un discípulo que dejó que el amor de Cristo y la pasión por el Reino y sus causas fueran el centro de su vida” (palabras del P. Pedro Balderraín, claretiano).

Cumplió su misión profética en medio de unas circunstancias difíciles, de esas que reclaman postura y en las que no se puede ser neutral.

Es uno de los expositores más prolijo de la Teología de la Liberación, sin llegar a extremos que pusieran en riesgo la fe de la Iglesia, aunque sin concesiones a los sistemas capitalista y neoliberal, cuyas inhumanas consecuencias provocaban la muerte injusta y prematura de las comunidades indígenas del Amazonia. Conforme al Derecho Canónico, pidió su renuncia al cumplir sus 75 años, pero fue hasta el 2005, que el Papa Juan Pablo II nombró su sucesor al frente de su amada diócesis. Nunca dejó de trabajar por la causa de los pobres y del Reino. Descansa en Paz.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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Un comentario

  1. Ramiro Figueroa Loza

    ¡Vaya! Hasta que alguien del clero de l Diócesis de Guadalajara se acordó de este enorme profeta de América Latina y obispo servidor de los pobres.