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Peripheria: Kerigma en tiempos de covid

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

La Iglesia de Guadalajara ha caminado hacia un horizonte pastoral claro marcado por el objetivo diocesano: el impulso de la Nueva Evangelización mediante el anuncio del kerigma y la formación integral para fortalecer nuestras comunidades y nuestro pueblo en Cristo tenga vida. El kerigma, que es el anuncio gozoso de la presencia salvífica de Dios en la entrega amorosa de su Hijo Jesucristo por la acción fecunda del Espíritu Santo, es el medio para que podamos participar la vida en Cristo en estos momentos tan difíciles que nos toca vivir.

El kerigma corresponde a la transmisión de una experiencia de vida, una experiencia de salvación. No es un concepto doctrinal, sin que le falte doctrina; tampoco es una invitación ética, sin que por ello carezca de la exigencia de la conversión moral. Es la experiencia de amor más grande, del amor incondicional e infinito del Padre de Jesucristo que se nos revela intensamente y que no depende de las circunstancias de la vida, pero que se da en medio de estas. Pero ¿cómo experimentar ese amor de Dios en medio de una pandemia mortal? ¿cómo experimentar la salvación cuando nuestra economía ya no nos alcanza? ¿Cómo es posible que podamos sentirnos amados cuando hay tanto miedo por la inseguridad? Y no es a pesar de esta realidad, sino en medio de esta realidad donde estamos llamados a vivir el kerigma, es precisamente en los momentos más difíciles donde podemos experimentar el amor de predilección de Dios, que actúa misericordiosamente de forma preferente con los más vulnerables.

Y es que el kerigma implica como núcleo el misterio pascual, donde la cruz tiene un lugar preponderante, por eso es precisamente la respuesta a la situación crítica que supone la pandemia del coronavirus y sus nefastas consecuencias. El kerigma nos lleva al acto de fe por el que se confía plenamente en un poder superior, en el poder providente de un Dios amoroso y misericordioso que no es indiferente a nuestro sufrimiento, sino quiere sufrir junto con nosotros, ser co-sufriente en la cruz de Cristo, para poder fortalecernos y hacernos salir adelante con entereza y magnanimidad. Por eso el kerigma es la certeza de que no es la realidad del mal la que tiene la  última palabra, sino él, en la resurrección de su Hijo, vencedor de la muerte, el mal de todos los males.

Por otra parte, el kerigma también tiene una dimensión social que lleva a transformar la misma realidad destruyendo su potencia de mal y generando situaciones de vida nueva y plena. La cruz, a la luz de la resurrección, dejó de ser lugar de muerte para convertirse en signo de vida eterna. También en medio de esta realidad los cristianos estamos llamados a vivir el kerigma en la solidaridad para con quien más sufre, en actitud de samaritaneidad. No es tiempo de mirar y de ahogarme en mis problemas, sino en ampliar la mirada para ver en qué puedo servir al otro.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

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