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Peripheria: La mujer y la costilla

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

El relato de la creación del ser humano que corresponde al segundo capítulo del Génesis, narra metafóricamente que Yahvé, el Dios de la Alianza, pensó en hacer alguien semejante al hombre, al genérico hombre todavía sin distinción sexual (genérico significa que engloba a todo el género humano indistintamente su condición sexual). Primero le dio a los animales como compañía porque ellos también fueron formados del barro de esta tierra, aunque sin aliento divino. El hombre, todavía el genérico hombre y no sólo el varón, les puso nombre, subrayando con ello que sólo el ser humano es capaz de tener dominio sobre los animales y las obras de la creación; un dominio no absoluto, puesto que el hombre es solo cuidador y labrador de la creación, el lugarteniente de Dios, Creador y Señor absoluto de todo lo que existe. Pero el hombre, todavía el genérico hombre, no encontró en los animales compañía igual a él; les hablaba, pero ellos no respondían, no les podía hablar ni tratar como un tú.

Entonces Yahvé Dios hizo que el hombre, todavía el genérico hombre y no el varón, entrara en un profundo sueño. El sueño para la Biblia no es sólo el dormir anestesiado, sino un espacio de revelación de los proyectos de Dios, que son de salvación y de vida, porque es precisamente en los sueños donde se conciben las grandes empresas, donde se fraguan los grandes ideales. Y del hombre soñador, todavía el genérico y no el varón, Dios formó de sus costillas a la mujer. Hasta ese momento se hace distinción entre varón y mujer, como si antes fueran fundidos en una igualdad asexual, en un amorfo humano sin sexo. De ahora en adelante su forma de realización personal será como varón o como mujer, en igual dignidad, en fecunda apertura, en amistosa colaboración mutua y complementación en el amor. Una separación no violenta sino llena de paz y armonía, como deben ser todas las relaciones humanas pensadas por el Creador. Por eso el varón encuentra un gozo indecible que expresa en forma de cántico: “Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne” y señala que el sentido de la distinción entre varón y mujer es para formar de nuevo una unidad, pero ya no amorfa, ni asexual, ni libre, sino de igualdad y complementariedad en la reciprocidad libre y amorosa.

La mujer simbolizada como “costilla” no debe estar sobre el varón, pues no fue del cráneo donde salió, ni debe estar debajo de él porque tampoco salió de los pies, sino al costado del varón porque salió de la costilla, es compañera. La mujer es simbólicamente “costilla”, que significa también custodia, custodia de la vida como la costilla custodia los órganos vitales, especialmente el corazón, que en la Biblia significa la sede de la consciencia, de la bondad o maldad, sagrario de encuentro con Dios. Aquí, Dios le está dando una tarea hermosísima: ser custodia de la vida.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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