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Peripheria: Nuevos aires

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

En situaciones extraordinarias las respuestas también lo deben ser. La pandemia del coronavirus está llevando a todo el mundo a vivir cosas que quizá nunca se les hubiera pensado ni mucho menos planeado; estamos en una situación verdaderamente extraordinaria, no en el sentido de lo utópicamente deseable, sino porque rompe los moldes de lo ordinario, de la vida como se había llevado hasta hace algunas quincenas; rompe con los proyectos de los días venideros de Semana Santa y las vacaciones de la Pascua. Sobre todo, está rompiendo con los moldes sociales, económicos y culturales con los que se había configurado nuestra generación actual de inicio del tercer milenio. En un futuro próximo la sociedad posmoderna y neoliberal que, hasta hace poco, se jactaba pelagianamente de sus alcances en la ciencia y en la técnica, será diferente. Sí, después de salir de esta crisis, la humanidad será otra… se sienten ya nuevos aires.

De esta dolorosa pandemia, seguramente,  saldremos siendo una sociedad más responsable, porque ahora somos más conscientes de que la mayor parte del éxito de la superación de la enfermedad se ha debido a las campañas ciudadanas que promovieron las medidas sanitarias con ascético compromiso, como el quedarse en casa, mucho antes de que el gobierno tomara cartas en el asunto y, por otra parte, asumiendo los costos económicos de tal medida.

Saldremos siendo una sociedad más participativa, que ha visto en las redes sociales una forma muy activa de tomar parte y de ser parte de las soluciones a los graves problemas que nos aquejan; esto se debe convertir también un una gran oportunidad de ir fortaleciendo las redes sociales, no sólo las virtuales, sino sobre todo las redes vecinales o de los pequeños grupos religiosos, deportivos, culturales, etc. en los que podemos integrarnos para lograr grandes transformaciones en nuestra sociedad, con o sin el apoyo del gobierno, que muchas veces tiene agendas distintas a las de los ciudadanos. Estamos siendo una sociedad que valora todavía más a las personas de la tercera edad, a los mayores, puesto que muchos jóvenes han vivido con la preocupación de contagiar a sus abuelos o a sus padres; este dato nos revela que no hay una brecha generacional insalvable, sino que los ancianos son un gran patrimonio y existen lazos estrechos que nos ligan a ellos como maestros de vida.

También la Iglesia está empezado a cambiar sus moldes pastorales al verse confinada al encierro. Se han fortalecido las Iglesia de casa, como en el tiempo apostólico, comunidades eclesiales donde el padre o madre  o un miembro de la familia reúne a los miembros del hogar en oración, meditando la Palabra de Dios, rezando el Rosario y motivando a la caridad con los más pobres. Es cierto que los presbíteros hemos tenido qué ingeniárnosla para llegar a nuestros fieles por las redes sociales, pero se han fortalecido las “domus ecclesia”. La Pandemia nos ha ayudado a ser una Iglesia viva y misionera: estando en casa, pero no encerrados.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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