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Peripheria: Pastoral de jóvenes

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

En la pasada CVIII Asamblea Plenaria de los Obispos Mexicanos, Monseñor Franco Coppola, Nuncio Apostólico, dirigió su mensaje a los prelados señalando cuatro datos duros de la vida pastoral de la Iglesia en México: la disminución de vocaciones a la vida consagrada, el decreciente número de sacerdotes, la baja de las celebraciones de matrimonios por la Iglesia y el suicidio de jóvenes. Estos datos son la punta del iceberg del problema de la rápida descristianización de nuestra patria, que la podría convertir muy pronto en “tierra de misión”.

Hay muchos esfuerzos para atender la pastoral juvenil, pero estos datos demuestran que no se está llegando al corazón de los jóvenes, pues no se les está “ayudando a descubrir a este Padre que los ha llamado a la vida, ¡y a una vida plena!”. Es necesario, como el Papa lo ha señalado, unir esfuerzos en la pastoral juvenil y vocacional, pero sobre todo es importante no dejar solos a los jóvenes, convivir con ellos y transmitir la propia experiencia de fe como discípulos de Jesucristo. Especialmente los seminaristas, que tienen como tarea configurar la vida con Cristo Buen Pastor, necesitan sacerdotes que los acompañen en su proceso formativo como referentes personales que sean transparencia de Cristo.

El Nuncio ha señalado que es más importante la vida que la doctrina, que los procesos evangelizadores, catequéticos y formativos deben estar pensados no sólo ni principalmente en la adquisición de conocimientos doctrinales, sino en la experiencia viva con Jesucristo a través del testimonio vivo de los obispos y sacerdotes en el seguimiento de Jesús.  Por tanto, este mensaje debe ser leído no sólo por los obispos sino por todos los agentes de pastoral como un llamado urgente a replantear la pastoral de los jóvenes, futuro y presente de la Iglesia.

El Nuncio ha planteado el gran desafío, pero no ha expuesto o no ha profundizado en las complejas causas que originan este paulatino abandono de los jóvenes de la vida pastoral. Sin duda, mucho tiene que ver el ardor testimonial con el que los pastores deberíamos hacer presente a Cristo en los ambientes juveniles, pero también se ha de reconocer que la secularización ha permeado la mentalidad actual con un ateísmo práctico en donde se ha perdido la visión trascendente de la existencia, donde parece que Dios ya no es necesario para desarrollar exitosamente la vida. También se ha de reconocer que el cáncer maligno de la pederastia clerical ha minado la credibilidad en muchos jóvenes y ahora se ve con desconfianza la figura sacerdotal, pero también hoy han crecido los prejuicios mal fundados sobre la Iglesia y su papel en la sociedad.

La pertinencia del mensaje del Nuncio es, por demás, plausible. El desafío de la pastoral de jóvenes no puede pasar por largo que la vida evangélica de los agentes, especialmente de los sacerdotes, es el mejor antídoto frente a la secularización, es la garantía de la credibilidad y genera el deseo mimético de seguir a Cristo.

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