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Pero, sobre todo, la Iglesia no es de derechas ni de izquierdas porque su labor en el mundo no es la de un partido político ni es deudora de postulados ideológicos, sin que se quiera decir con ello que su misión no repercuta en la vida política y social

¿De qué lado?

Peripheria: Iglesia en Salida

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

En medio de las polarizaciones sociales (entre derechas o izquierdas, conservadores o liberales, fifís o chairos), que se están agudizando en la actualidad mexicana y que están siendo promovidas y orquestadas desde los más altos niveles con intereses políticos de vergonzosa mezquindad, la pregunta que muchos buenos cristianos se hacen es sobre la postura de la Iglesia: ¿De qué lado está la Iglesia?

Muchos piensan acríticamente que la Iglesia es de derechas porque los partidos políticos que, diciéndose ser deudores de la Doctrina Social de la Iglesia, se colocan desde una visión más conservadora. Otros, por ejemplo los egresados de las Comunidades Eclesiales de Base o que trabajan de forma más comprometida desde las periferias existenciales, como públicamente lo ha expresado el P. Solalinde, consideran que la Iglesia debe tomar la bandera de la izquierda.

En realidad, la Iglesia no puede estar ni de un lado ni del otro. En primer lugar, porque hay hijos de la Iglesia, fervientes católicos y agentes muy comprometidos con la evangelización, que tienen su filiación partidista muy definida y militan en uno u otro partido, comparten filias y fobias propias de cada ideología política.

Pero, sobre todo, la Iglesia no es de derechas ni de izquierdas porque su labor en el mundo no es la de un partido político ni es deudora de postulados ideológicos, sin que se quiera decir con ello que su misión no repercuta en la vida política y social.

La única misión de la Iglesia es la evangelización, es decir, hacer presente por medio de su acción pastoral la obra salvífica de Dios realizada por Jesucristo bajo la acción indefectible del Espíritu Santo. Por ello, la Iglesia y su misión, como diría Blas Pascal, «pertenece a otro orden que supera, en profundidad y altura, a todos los demás».

La misión de la Iglesia trasciende el ejercicio de la política, pero debe incidir en ella, especialmente en los políticos católicos y, por ellos, en el Estado y el gobierno, para purificarla de los intereses egoístas y partidistas, lacra que caracteriza casi a todos los gobiernos, de modo que los pueda abrir, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, a la búsqueda del bien común, que es responsabilidad de todos.

Al trascender y purificar el ejercicio de la política, la Iglesia, siempre fiel a la doctrina del Evangelio y del Magisterio, puede dar orientaciones ético-morales, fundamentadas en principios filosóficos sólidos, incluso a la luz de la sola razón y de la ética natural, de modo que no se atente contra el estado laico, que no laicisista. De la misma manera, puede trabajar con todos los actores políticos, de un lado y del otro, siempre con el interés de buscar el bien común.

Aunque los laicos comprometidos e iluminados por la DSI formaran un partido político, la Iglesia no podría considerarlo como “su” partido, puesto que confundiría su misión y, como la historia lo ha demostrado en otras latitudes, le crearía más problemas que soluciones.

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