Home / Opinión / Peripheria / Misión de la Misericordia
Conviene mantenernos informados e informar sobre la Misión no como algo que hace el Obispo o la Vicaría

Misión de la Misericordia

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

El Papa Francisco, hablando a los obispos del Consejo Permanente del CELAM, decía que la misión de la Iglesia se realiza en dos planos: paradigmático (ordinario) y programático (extraordinario). De esta forma se supera la concepción de la misión como exclusiva hacia fuera, hacia los no-cristianos (“missio ad gentes”) y se toma consciencia de que la Iglesia es misionera en toda su acción pastoral, porque la misión es constitutiva de su misma identidad.

La Gran Misión Permanente de la Misericordia, que se enmarca en el proceso pastoral de la Arquidiócesis de Guadalajara, debe realizarse siempre en esta doble dimensión de la misión: en lo paradigmático (ordinario) y en lo programático (extraordinario). Lo ordinario debe ser tocado por la Misión, a fin de que, poco a poco, podamos revisar si estamos pasado de ser una Iglesia de conservación a una Iglesia audaz y misionera; de ser una Iglesia clerical y autoritaria a una Iglesia ministerial, sinodal y de comunión; de ser una Iglesia burocrática y autorreferencial a ser una Iglesia samaritana, servidora y atenta a la vida de las personas. No podemos descansar hasta que todas nuestras instancias eclesiales y todas nuestras estructuras diocesanas sean un verdadero “oasis de misericordia”.

La Gran Misión de la Misericordia nos ayudará a renovar nuestras estructuras eclesiales, como “oasis de misericordia”, con los criterios de espiritualidad de comunión y sinodalidad. En eso consiste la  Gran Misión en lo ordinario de la acción pastoral, desde la atención amable y primera en las notarias parroquiales, los servicios que se prestan, los grupos, movimientos y asociaciones de la parroquia.

Lo programático de la Gran Misión de la Misericordia consiste en tres etapas: Sensibilización,  Misión territorial y Misión ambiental. Tenemos una primera etapa de sensibilización y de elaborar un diagnóstico de la “realidad sentida”, reconocer los rostros sufrientes que nos interpelan y lo que ya estamos haciendo por ellos y lo que podríamos hacer. En esta etapa conviene habituarnos a ser una Iglesia en salida con actitud misionera, capaz de dialogar con todos los interlocutores; una Iglesia que contempla a Dios en la sociedad y se alegra de su presencia. Para ello, nos es de gran ayuda el ejercicio de “Intervención pastoral: Iglesia en salida” pues favorece el “sentir” de manera más pastoral y objetiva nuestra realidad.

A partir de este diagnóstico debemos emprender acciones concretas para atender las necesidades más urgentes de los distintos rostros sufrientes de nuestras periferias existenciales prioritarias, comenzando desde el ámbito parroquial, con la ayuda subsidiaria del decanato y la vicaría territorial y, especialmente, de las comisiones y dimensiones diocesanas. Esta será una segunda etapa. Una tercera etapa, será la de la evangelización a los distintos sectores o ambientes de nuestra sociedad, que requieren urgentemente que la misericordia de Dios toque sus vidas.

Conviene mantenernos informados e informar sobre la Misión no como algo que hace el Obispo o la Vicaría, sino como algo que entre todos estamos haciendo y nos comprometemos en su realización.

Acerca de Monserrat Cuevas

Revisa También

Cuando es imposible confesarse

Pbro. José Marcos Castellón Pérez La pandemia del coronavirus ha dejado a muchos enfermos solos …