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La III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM) fue celebrada a finales de enero de 1979 en Puebla de los Ángeles, México

Puebla, cuatro décadas

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

La III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM) fue celebrada a finales de enero de 1979 en Puebla de los Ángeles, México. Esta reunión sinodal fue programada inicialmente para celebrarse en 1978, a los 10 años de la anterior, pero la muerte de Paulo VI e, inmediatamente después, la de Juan Pablo I, dejó en suspenso su realización. Recién elegido el Papa Juan Pablo II, él confirmó la convocatoria y se planeó su realización para enero de 1979. El Papa polaco inauguró solemnemente la reunión el 28 de enero de 1979, dando su presencia y mensaje una orientación capital.

La III Asamblea General del CELAM se celebraba en un ambiente de comunión eclesial, pero no sin graves dificultades. Para una parte del episcopado la anterior Asamblea en Medellín había sido malinterpretada, parcializada y se habían caído en excesos ideológicos de corte marxista, por lo que Puebla supondría su corrección y superación. Para otros, el camino ya estaba trazado y no se podía dar marcha atrás en lo que se ha llamado el patrimonio teológico espiritual de América Latina, que es la opción preferencial por los pobres; el método ver, juzgar y actuar; así como una Iglesia profética y servidora. El Papa Juan Pablo II, en el discurso inaugural, dio la ruta para evitar caer en excesos o para renunciar a la opción y al compromiso evangélico con los más pobres: partir de la verdad de Jesucristo, de la Iglesia y del hombre; de modo que, Puebla no pierde el carácter profético de Medellín y, de algún modo, es una muy valiosa síntesis teológico pastoral de la Iglesia Latinoamericana.

El Concilio Vaticano II, las anteriores Asambleas Generales del CELAM (Río de Janeiro y Medellín), el Sínodo de 1974 sobre la Evangelización en el mundo de hoy y la consecuente exhortación apostólica Evangelii nuntiandi de Paulo VI y, sobre todo, el discurso inaugural de Juan Pablo II marcarán la asamblea episcopal de Puebla. Es importante señalar que tanto la Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II, como la Evangelii nuntiandi, con una profunda preocupación por la persona humana centrada en Cristo, superan la falsa alternativa entre Reino de Dios y mundo, entre evangelización y promoción humana, puesto que «entre evangelización y promoción humana (desarrollo, liberación) existen efectivamente lazos muy fuertes», tanto de orden antropológico, teológico y evangélico, pues «¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el auténtico crecimiento del hombre?» (EN 31).

Más que un documento o, incluso, una reunión episcopal, Puebla es un espíritu eclesial de comunión y participación que irradia a todo el orbe católico desde la América Latina; comunión con Dios y, a partir de ella y por ella, comunión con los hermanos. El documento final es muy equilibrado, con un valioso e importante fundamento teológico y con pistas muy acertadas sobre el futuro de la evangelización. Puebla es y seguirá siendo fundamento e inspiración para la reflexión y la acción pastoral.

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