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Redactar una constitución en tiempos de paz (relativa)

Augusto Chacón Benavides*

México es un país al que bien podríamos definir como convulso, es decir: que está continuamente aquejado de convulsiones, lo que significa, si nos atenemos a la acepción segunda que esgrime el Diccionario de la Real Academia: “Agitación violenta de agrupaciones políticas o sociales, que trastorna la normalidad de la vida colectiva.”; si debiéramos elegir un periodo que destaque por el feroz revolverse  de las facciones en disputa, es claro que la Revolución Mexicana estaría entre los primeros; en un resumen basto podríamos describirlo así: de la mano de hierro del porfiriato, en el que el control político era casi indisputable, pasamos el lapso de sueño democrático y justiciero del maderismo, que dio paso al desencanto de los diversos grupos (esperaban mucho y en el corto plazo) y entonces: la bola, la conflagración que fue prácticamente un todos contra todos: adhesiones, defecciones, traiciones que tenían su expresión más intensa en los campos de batalla.

       Una de las banderías pugnó por zanjar las diferencias con la redacción de una nueva Constitución, la de Venustiano Carranza. Así, desde aquel germen, quizá no sea una desmesura bajar a la Carta Magna de su categoría de cosa sagrada (ajena, mística y, lo peor, inusable) y darle el rango que jugó en su momento y que hemos olvidado: pacto entre las posturas diferentes; unos de los más destacados constitucionalistas de 1917, Francisco J. Múgica, explicitó, ante los delegados, el problema moral inherente a la iniciativa: “antes del parecer de nuestros caudillos, muy respetados por nosotros y muy dignos de confianza, deben de estar sobre todo nuestros principios, debemos ser hombres libres”. Podemos interpretar esto como: si nos constreñimos a los deseos de los notables, no llegaremos a nada, en cambio, si validos de la libertad partimos de los valores que nos son comunes, el pacto, es decir, la Constitución, es posible y deseable.

       La Constitución como un pacto nos aproxima a proponer una ruta. Para pactar deben reunirse varias condiciones: que haya consenso respecto a lo que no puede seguir así y respecto a la emergencia o necesidad que el pacto en cuestión debe atender; que los pactantes estén dispuestos a conceder algo, si alguno quiere ser parte del convenio sin otorgar algo de lo suyo (ideas, convicciones, comodidades) el pacto pierde mérito.

     Con esto en un metafórico pizarrón, podemos hacer una lista de elementos para responder a la pregunta ¿Es necesaria una constitución nueva en Jalisco?

  1. La iniciativa está fundamentada a la voluntad de caudillos o más bien despega de principios que blanden hombres y mujeres libres.
  2. Coincidimos en aquello que no puede seguir del mismo modo y también en la emergencia que impone la necesidad de pactar.
  3. Es evidente lo que cada uno y cada una de quienes están dispuestos a crear un nuevo marco constitucional tendrán que ceder. (Un ejemplo: no habrá regateo para que las minorías, sexuales, étnicas, religiosas, puedan ejercer sus derechos, como no lo permiten, plenamente, las leyes actuales).

Replanteo la interrogante: En Jalisco ¿existen las condiciones para redactar una Constitución entera? Tal vez la idea tenga un valor nada despreciable.

*Director del observatorio ciudadano Jalisco Cómo Vamos

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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