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Responsabilidad personal

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

El número de personas contagiadas y de aquellas que, lamentablemente, han perdido la vida a causa del coronavirus está en un acelerado aumento en nuestro país. El gobierno federal ha dicho que se trataba, desde hace un mes, de gestión sanitaria de los gobiernos locales, y estos lo han trasladado a la responsabilidad personal. Ahora que se ha llegado a la nueva normalidad, hemos recordado el grito desesperado de “sálvese quien pueda”, sin un sistema sanitario suficientemente preparado para una emergencia como esta, sin subsidios ni rescates a las pequeñas y medianas empresas ni al empleo, dejándonos a todos en el más brutal abandono económico.

En realidad, el manejo de la pandemia en México ha sido un desastre porque hay muchos discursos políticos y pocos científicos, hay una saturación de información discrepante desde las mismas autoridades y un lenguaje oficial de minimización del problema; porque no se han seguido las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud ni se han implementado las estrategias exitosas de países que vivieron el momento más difícil de la pandemia en los meses anteriores. Porque ha sido el pretexto para luchas campales entre diversos niveles de gobierno o de grupo político. Ha sido un desastre porque se han enfermado y han muerto muchísimas personas, más de las que se habían previsto.

Ciertamente el coronavirus no es un problema nacional sino mundial, y refleja la vulnerabilidad de todos los seres humanos a pesar de haberse logrado avances científicos y técnicos extraordinarios en el campo de la medicina. Nunca ha sido fácil, en ningún lugar del mundo, el manejo de una pandemia y, aunque no era desconocida del todo la posibilidad de un nuevo virus, el planeta no estaba preparado para ello.

Por otra parte, habrá que reconocer que la responsabilidad gubernamental también tiene límites y, en el caso de nuestra nación, ha sido, decíamos líneas arriba, una cuestión también de responsabilidad personal con la petición de un serio compromiso ciudadano. Los distintos niveles de gobierno se han equivocado, pero los ciudadanos tampoco hemos actuado a la altura de las circunstancias, al no seguir las recomendaciones que se nos dan desde el sector salud, como se ve reflejado en el incremento de la movilidad sin razón alguna. El ciudadano tiene que asumir su responsabilidad personal, pero surgen en una gran mayoría, las siguientes preguntas: ¿Cómo se va a actuar con responsabilidad ante el llamado de quedarse en casa, cuando ya no alcanza el guardadito? ¿Cómo evitar saturar el transporte público si se tiene que ir a cumplir con las obligaciones laborales, so pena de quedarse sin trabajar y sin percibir algún salario? ¿Cómo no salir a vender en el tianguis o baratillo que es la única fuente de ingresos? Estas preguntas son muy legítimas y reflejan, a su vez, la fragilidad de nuestra economía nacional y que venimos arrastrando problemas muy graves en la cuestión social. La pandemia sólo ha expuesto y agudizado nuestros problemas, pero no los ha generado.

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