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Romería

Pbro. J. Marcos Castellón Pérez

La peregrinación tuvo en la Edad Media una importancia especial en todos los órdenes: suponía una mejoría en la economía de los lugares de paso y de meta de los peregrinos, además del influjo cultural entre los que, desde sus lugares de orígenes, portaban las formas de entender la vida y sus diversas artes y oficios. Sobre todo, en el ámbito religioso y espiritual, al peregrino se le vio siempre como predilecto de Dios, que emprendía esa aventura espiritual por diversos motivos: purgar las culpas, pedir favores, encontrar el sentido de la vida, etc. El peregrinaje llegó a ser la figura de la existencia humana entendida como “homo viator”, viajero que está de paso en este mundo y se dirige al Cielo.

Durante la Alta Edad Media se hacía la distinción entre palmeros, que dirigían sus pasos a la Tierra Santa (portaban como distintivo una palma); los romeros, que caminaban a la tumba de los Apóstoles Pedro y Pablo en Roma; y los peregrinos o concheros, (cuyo distintivo sigue siendo la concha) que se dirigían a Santiago de Compostela. Referencia de esta distinción la encontramos en el s. XIII en la “Vita Nuova” de Dante Alighieri y en las “Partidas” del rey Alfonso X, el Sabio.

Con el tiempo, romero fue no sólo aquel que peregrinaba a Roma, sino a algún santuario que tuviesen el privilegio de estar agregado a la basílica lateranense, (indicada tal dignidad en el pórtico de la entrada principal de la Iglesia) y que otorgaba, por una gracia especial del Santo Padre, las indulgencias y privilegios propios de la Basílica del Santísimo Redentor también llamada de San Juan de Letrán. Esta basílica romana fue la primera iglesia cristiana, construida por el emperador Constantino, meta última de los romeros, siendo la Catedral del Papa, madre y cabeza de todas las iglesias del mundo.

De esta forma, la palabra romero llegó a convertirse en la forma habitual de hablar de cualquier persona que peregrinara a un santuario para una celebración especial a fin de ganar las indulgencias. Por su parte, los bizantinos comenzaron llamar romeros a los peregrinos europeos que iban a Tierra Santa, en razón de su procedencia latina. Por esta razón, se amplió el sentido de romería a cualquier peregrinación que tuviera como destino un santuario para la celebración de una festividad.

En Guadalajara, desde hace ya muchos años, se usa la palabra romería exclusivamente para la “llevada de la Virgen de Zapopan” de regreso a su Basílica, que describe su vocación de imagen romera, callejera, peregrina por excelencia. A ella quedarían muy bien las palabras de la poesía de León Felipe: “Ser en la vida romero, romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos. Ser en la vida romero, sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo. Ser en la vida romero, romero… sólo romero. Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni el cuerpo, pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero, ligero siempre ligero”.

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