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¿Sin cambios?

Pbro. Armando González Escoto

Claro que ha habido cambios, pero no los que la gente esperaba: El recrudecimiento de la delincuencia en todo el estado de Jalisco; el que sea Guadalajara la ciudad en que más robos violentos de autos se cometen; el que ya también aquí se asalte a los pasajeros del transporte urbano; balaceras en centros comerciales no a manos de lunáticos, como en Estados Unidos, sino de criminales organizados; robos colectivos a agencias de autos; nutridas fosas clandestinas y aparición cotidiana de cadáveres por dondequiera, y mantas amenazando a funcionarios a los que se acusa de traicionar “acuerdos”.

También son cambios el que el gobernador haya firmado un convenio sobre la presa el Zapotillo ignorando una lucha social de ya bastantes años, para después aprobar un aumento al transporte público de más del 35 por ciento sobre la tarifa existente, aún si el transporte sigue dejando tanto que desear en cuanto a la calidad de su servicio, pero sobre todo, atropellando la débil economía de cientos de miles de personas que no solamente toman un camión al día, sino hasta cuatro o más, multiplicado por el número de familiares que deben moverse por este medio, por si esto no bastara, la confrontación violenta con quienes se han manifestado en contra de este nuevo abuso.

En lo que no se ven cambios, es en las respuestas frente a la comisión de delitos: no hay pistas, o, ya estamos en la pista, o, tal o cual juez dejó en libertad al que habían capturado sin que pase nada.

Tampoco hay cambios en esa extraña y sospechosa protección y otorgamiento de privilegios del gobierno estatal y municipal a la secta de los luzmundanos, su secta preferida. El ayuntamiento tapatío, en aras de no sabemos qué, dará 58 reconocimientos a invitados de dicha secta en su próxima convención ¿Reconocimiento a quiénes y por qué? La respuesta es un puro bla bla bla, para disimular el apoyo irrestricto que les brindan y el afán que tiene dicha organización religiosa por impresionar a sus adeptos, como sabemos, tan inocentes, ingenuos o crédulos.

Tampoco observamos cambios en la actitud de la sociedad que, simple y llanamente, se somete a lo que sea, con tal de evitar el trabajo de expresar su sentir y exigir colectivamente un verdadero cambio que, como vemos, no ha llegado todavía. El que se manifiesten dos o trescientas personas es finalmente nada, y afirma al gobierno en su postura, en ese conocernos tan bien, que saben que no va a pasar nada, hagan lo que hagan.

No obstante, habría que pensar que el asesinato de mandos policiacos, de investigadores de inteligencia y personas afines, pudieran ser la señal de que estas víctimas sí estaban queriendo hacer las cosas bien, eso sería sin duda un cambio positivo y esperanzador, aunque sea tan lamentable, el pago tan alto que han tenido que dar, haciendo todavía más repugnante cualquier tipo de colusión entre autoridades y delincuentes, cualquiera sea su nivel.

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