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Voz y palabra

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

El Adviento nos presenta a Juan el Bautista como modelo de esperanza. Él es “la voz de uno que grita en el desierto”. La voz no es la palabra ni la palabra es la voz; son dos cosas distintas, pero su relación es tan fuerte que no se pueden separar.  La voz sin palabra solamente es un balbuceo que no se entiende ni puede expresar nada, sería solamente un sonido inteligible sin sentido. La palabra existe antes que la voz, pero necesita de la voz para expresarse. La palabra sin la voz permanece en el pensamiento, es real, pero no puede ser conocida. La palabra es conocida hasta cuando se expresa por la voz.

La voz es la mediación de la palabra, la posibilidad de su expresión, pero no es la palabra. La palabra es antes que la voz; existe antes e incluso puede ser eficaz en el sólo pensamiento, porque da claridad a la razón sobre la realidad, nombra las cosas y las distingue de otras; da inteligibilidad a toda la realidad. Sin la palabra fuera imposible la comunicación, el orden, la claridad. Sin la palabra no se puede tener una relación cierta con lo que existe fuera de nuestros pensamientos. Sin la palabra todo sería confusión, caos, nada. Así es de importante la palabra.

La Palabra, con mayúscula, el “Logos”, es Cristo. Él es la Palabra que es el principio del mundo, su fundamento. Él es Creador con el Padre porque en el principio del tiempo ha dado existencia y ha nombrado todo cuanto existe, dando así, a toda la creación, belleza, orden, orientación.

El libro del Génesis dice que antes que se expresara la Palabra creadora todo era “caos”, pero cuando Dios habla con su Palabra, el “caos” llega a ser “cosmos”, orden, claridad, luz, belleza, inteligibilidad.

La Palabra de Dios no deja nunca de hablar y sacar de la nada caótica a todo cuanto existe y darle orden hasta hacerlo “cosmos”, sacar de la esclavitud de la ignorancia a la libertad del conocimiento, sacar de la obscuridad del pecado a la luz de la salvación.

La Palabra necesita, sin embargo, de la mediación de la voz. Juan el Bautista es la voz porque hace posible que la Palabra se exprese. El Bautista es la mediación de la Palabra, es un profeta que anuncia y que vive de la Palabra y por la Palabra. Un profeta es precisamente el que invita al orden, a la claridad, a la comunicación, a la inteligibilidad, a la verdad; lo que exige una permanente conversión.

El Adviento es una oportunidad para escuchar la Palabra de Dios. Es tiempo de hacer desierto para que cuando la escuchamos y nos esforzamos en ponerla en práctica, seamos la nueva voz que clama, que la hace presente, incluso cuando no es solicitada ni acogida. Cuando la Palabra se encarna en el corazón, éste no puede permanecer en silencio, sino que como el Batista, sobre todo como María: “proclama la grandeza del Señor”.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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