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Buen temporal de vida

Hermanas, hermanos muy amados en el Señor:

Dios nos enseña que el camino de la salvación, es un camino estrecho, una puerta estrecha, que podemos cruzar si seguimos los mandamientos del Evangelio y dejamos a un lado la mentira y el engaño. Él nos ofrece este gran regalo desde nuestra estancia aquí, en la tierra, y para alcanzarla debemos tener la capacidad de responder a su llamado con generosidad, en especial, hacia los más necesitados, porque, como nuestro Padre, sólo quiere nuestra salvación, la de todas las razas, todas las naciones procedentes de todas las culturas y todas las lenguas.

Agradecidos con Dios Nuestro Señor por todos los dones que nos regala, tomemos en cuenta que un buen temporal no solo significa que tengamos lluvia, sol, viento, que contemos con todos los elementos naturales, un buen temporal en nuestra vida, también es que nos reconozcamos como familia, como hijos de Dios, pueblo de Dios, como verdaderos hermanos, que nos amemos, nos ayudemos, nos respetemos y, si es el caso, nos reconciliemos y perdonemos.

De nada sirve que se nos bendiga con una cosecha abundante si estamos enfrentados y divididos, si somos egoístas y vengativos. Parte del buen temporal es que aceptemos que Dios nos quiere a todos como sus hijos, nos ama y nos reconoce, y siguiendo su ejemplo debemos, también, tener el corazón abierto, amable, respetuoso para con los más cercanos, con nuestra familia, nuestros amigos, incluso, con aquellos que son contrarios.

Hagamos verdadera comunidad de hijos de Dios, de hermanos en Cristo, porque es parte de la universalidad con la que Él nos ve, nos ama y nos trata. Somos parte de una familia que se llama humanidad y todos participamos de esta naturaleza, tenemos el mismo valor, la misma dignidad y los mismos derechos pero, también, los mismos deberes.

Vivimos en un mundo que marca el individualismo, la búsqueda del bien propio sin pensar en los demás, caiga quien caiga, cueste lo que cueste, en un mundo que nos promueve el egoísmo a cada instante. Pero nosotros, como bautizados, no podemos vivir así, no debemos vivir así, encerrados en una realidad que no toma en cuenta la fraternidad, la cooperación y el respeto por nuestros semejantes, por eso, hasta los que no comparten nuestra fe, nuestra creencia, por naturaleza, son nuestros hermanos y tenemos que respetar ese derecho que tiene cada ser humano de buscar la verdad.

No debemos centrar nuestra atención en si somos de los pocos o muchos que se van a salvar, mejor que nos preocupe el cómo estamos respondiendo al regalo de la salvación que Dios nos dio, si estamos haciendo caso a su llamado, viviendo el Evangelio, viviendo como Jesús vivió en el amor, en la verdad, en la justicia, en la fraternidad, en la armonía, en la lucha por la vida y por la paz.

Que Dios Nuestro Señor nos alcance la gracia de vivir el buen temporal de nuestra vida, y de nuestras buenas relaciones fraternas y comunitarias.

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