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Cada día más cerca

Hermanas, hermanos muy amados en el Señor:

Con distintos acentos, el tiempo de Adviento nos recuerda e invita a considerar la venida del Señor. En efecto, cada día que pasa, cada año que pasa, estamos más cerca de experimentar la salvación que Dios nos ofrece en Jesucristo. Hay que ser conscientes de esto, estar despiertos, porque conforme transcurren nuestros días, nos acercamos más al encuentro definitivo con Dios.

No sabemos el día en que el Señor va a venir. Estamos seguros que así será, pero no sabemos el día, porque no avisa, no se anuncia, ya que a la hora menos pensada, vendrá.

La venida del Señor (Adviento) tiene varias dimensiones. Primera, su llegada hace dos mil años, con su Encarnación. Segunda, la que llega en esta Navidad, y  tercera, la última venida, de la que no sabemos cuándo, pero es segura.

En el tiempo de Adviento también consideramos la permanente venida de Jesucristo a nosotros en los acontecimientos de la vida, en las personas que nos encontramos, y en los Sacramentos, especialmente cuando celebramos la Eucaristía. Aquí, Cristo viene, se entrega por nosotros y nos ofrece su vida y su salvación.

Ante la llegada de Jesús en esta Navidad, y la que será al final de los tiempos, debemos tomar una actitud concreta, sobre todo, cambiar todo aquello en nuestra vida que es destructivo, que es agresión, daño hacia los demás, incluso, muerte; cambiar lo anterior por acciones de paz, reconciliación con los demás. Cambiar las espadas por arados, las lanzas por podaderas, es decir, que los instrumentos que podemos utilizar para la guerra, los cambiemos por aquellos que nos sirven para promover la paz. Se trata de cambiar la agresión por actitudes de respeto, controlar nuestra lengua, controlar nuestros gestos, nuestros pensamientos, para que se conviertan en instrumentos positivos de relación familiar, de amistad.

Imaginémonos que todos aquellos que se dedican a ejercer la violencia extrema decidieran dejar sus armas, y promovieran condiciones para que la vida de las personas se desarrollara mejor; imagínense qué sería de nuestro país si todos ellos que se dedican a matar depusieran las armas y se convirtieran en trabajadores de paz, de convivencia fraterna, sería otro rostro el de nuestro país.

Cambiar la mentalidad de los que han decidido pertenecer a la ‘cultura de la muerte’ quizás no lo podremos hacer, pero sí modificar nuestras actitudes. Éste es el tiempo adecuado, que se nos da como una verdadera oportunidad, porque el día del encuentro definitivo con Dios está más cerca para nosotros que el año pasado, por lo que hay que mantener una vigilancia activa, que implica el trabajo positivo de construir buenas relaciones, nuevas prácticas de justicia y de solidaridad, y desechar todo lo que no nos ayuda a crecer como dignos hijos de Dios.

Éste es el espíritu verdaderamente cristiano para esta Navidad, evitando el consumismo, las comilonas desordenadas y las bebidas en abundancia.

Vivamos el tiempo de Adviento con esta conciencia, incluso pidiendo a Dios por la conversión de los que usan armamento para acabar con la vida de los demás.

Acerca de Yara Martinez

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Formador. Reformador. San Bernardo de Claraval