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Hacia la resurrección con coherencia

Hermanas, hermanos muy amados en el Señor:

En el momento de proclamar el Credo confesamos una serie de verdades, entre ellas, la profesión de fe: “Creo en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro”. Son verdades que Dios nos ha revelado.

La primera confesión clara sobre esta realidad, en el Antiguo Testamento, la encontramos en el pasaje de los hermanos Macabeos, que antes que infringir la ley de Dios, prefirieron el martirio, con la certeza de que el Señor los resucitaría. Estaban seguros que Dios es Dios de vivos y no de muertos.

Jesús reafirma esta verdad, nos dice que existe la vida plena con Dios, pero aclara que el esquema que se desarrolla en este mundo es muy distinto al que se lleva a cabo en la otra vida, con su Padre. Aquí, hombres y mujeres se casan, porque es parte de nuestra historia, que las personas se reproduzcan, es lo más normal y lo más natural, pero pasando a la otra vida, ya no se necesita. Hombres y mujeres seremos como ángeles; es otra la situación en la vida con Dios. Será el tiempo de conocerlo, de disfrutar y poseer a plenitud su amor, de participar de su misma vida inmortal.

La confesión de fe: “Creo en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro” nos debe de llenar, por una parte, de esperanza, porque estamos llamados y destinados a participar plenamente de la vida de Dios, pero también nos debe ayudar a ser responsables de esta etapa de la vida terrenal, es decir, tenemos que  prepararnos, ir creciendo en ese anhelo de participar plenamente en la vida de Dios.

No lo debemos desconocer, porque a veces se nos olvida. Pensamos que somos ciudadanos de esta tierra para siempre, y todo lo demás no nos importa, nos aferramos a este mundo a costa de lo que sea, y esto es una aberración.

Si somos hijos de Dios, si somos discípulos de Cristo, debemos tener la mirada fija en nuestra meta, que es la resurrección y la participación en la vida plena con Dios. Mientras llega ese momento, tenemos que ir poniendo las condiciones para que alcancemos esa meta, es decir, vivir en el amor a Dios y al prójimo, vivir en la verdad, en la justicia, en la fraternidad, en el perdón y la reconciliación, vivir en el respeto a la dignidad a los demás y a nuestra propia dignidad, vivir todos los valores que Jesucristo nos enseñó.

Es nuestra misión, pues, prepararnos a la resurrección definitiva con una vida coherente, conforme a nuestra condición de hijos de Dios.

“Creo” quiere decir: estoy seguro; en este caso, estoy firmemente cierto de que vendrá la resurrección después de la muerte, que la vida de esta tierra es pasajera, pero que hay una vida en el mundo futuro, con Dios.

Reafirmemos nuestra fe en la resurrección, vivamos de cara a esa verdad. Caminemos con coherencia con esa meta que Dios nos ha señalado al final de nuestra existencia.

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