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Misionera de misericordia

Hermanas, hermanos muy amados en el Señor:

En Santa María, la Virgen de Zapopan, podemos encontrar una síntesis que condensa nuestra identidad y nuestra misión. Cuando en nuestro proceso pastoral diocesano hablamos de la necesaria renovación de las estructuras eclesiales, debemos poner la mirada en esta bendita Imagen, que nos recuerda cuál es nuestra identidad como Iglesia y cuál es nuestra misión en esta sociedad.

En cuanto a tipo y modelo de Iglesia, la Virgen María, en su advocación de Zapopan, es Madre de misericordia y pacificadora; ella nos está marcando la pauta del caminar, y es ejemplo para hacerlo realidad. Nuestra Iglesia de Guadalajara entrará en un estado de misión, una gran misión permanente de misericordia, que estará comenzando ya en cada comunidad parroquial en actitud de salida, a recorrer las calles, visitar las casas, establecer contacto personal, así como la Imagen de la Virgen de Zapopan recorre las calles, visita las comunidades, y ve, y se deja ver como Madre de misericordia. Como ella, queremos acercarnos a los rostros concretos de nuestros hermanos que sufren, que viven una situación de periferia existencial, para poder consolarles y acompañarles, como María.

En este momento de nuestra historia, la sociedad también reclama la presencia de la Iglesia como pacificadora, a ejemplo de María. Su presencia transformó la amenaza de violencia en paz.

La Iglesia debe trabajar por la construcción de la paz, una paz que se funda y brota de la justicia social y de la solidaridad fraterna, y no podríamos aspirar a la paz sin la justicia, que comienza con el reconocimiento y el respeto irrestricto de los derechos fundamentales de toda persona, comenzando por el derecho más elemental y que sustenta todos los demás derechos, el derecho a la vida, a la vida de cada individuo, desde su concepción hasta su muerte natural.

Sin el respeto al derecho a la vida, todos los demás derechos son pura ilusión ideológica que terminan por erosionar y deformar los auténticos derechos humanos; todo lo que atenta contra la vida no puede ser un derecho, sino esclavitud idolátrica de los propios caprichos egoístas. Las ideologías quieren imponer su agenda en la sociedad, y poco a poco van minando las conciencias hasta hacer que parezca bueno lo que lo que no lo es, terminando por confundir y erosionar valores.

La violencia está caracterizando a nuestras relaciones sociales. Es una sociedad violenta que ve la muerte como solución a sus conflictos, y que termina por deshumanizarse. Hemos entrado ya en una espiral de violencia que nos habla de signos alarmantes de deshumanización, lo que lleva al sufrimiento a tantas familias, especialmente, el de las madres que no saben el paradero de sus hijos, a las que la Virgen acompaña desde la cruz, en la que ha compartido el dolor que produce la muerte violenta.

La Iglesia debe aparecer como María, Madre de misericordia y pacificadora. A la Virgen de Zapopan, que está por celebrar el centenario de su Coronación Pontificia, encomendamos todos los trabajos pastorales, y le consagramos nuestra sociedad jalisciense, para que, recobrando su identidad en sus raíces más profundas, pueda vivir en justicia, armonía y paz.

Acerca de Yara Martinez

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Formador. Reformador. San Bernardo de Claraval