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En la trata de personas con fines de explotación sexual o laboral

Dignidad humana en vilo

Roberto O´Farrill

La dignidad humana está siendo desvalorada de manera alarmante. Después de la Segunda Guerra Mundial fue necesario elevarla a un nivel muy alto, entre los valores humanos, mediante la Declaración Universal de los Derechos Humanos, emitida por la ONU el 10 de diciembre de 1948.

Graves riesgos

En treinta artículos, el Documento establece que “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. México, uno de los 193 Estados miembros de la ONU, que suscribe esta Declaración Universal y que debe ceñirse a lo que expresa, ha sido invadido por una ola que está “golpeando fuerte y repetidamente el corazón del pueblo mexicano”, cosa que han denunciado los prelados mexicanos, en la Declaración sobre el don de la vida y la dignidad de la persona humana (16 de julio de 2020).

Los Obispos señalan que “debemos estar atentos a los signos de los tiempos, y con gran pesar, vemos que algunos proponen programas de gobierno, leyes y criterios judiciales que atentan contra la dignidad de la persona humana y, en particular, contra su vida”, aunque reconocen “que cada vez más servidores públicos en los tres niveles de gobierno, más artistas y representantes de la cultura, médicos, abogados y otros profesionales se pronuncian a favor de una agenda social que busque la dignidad de la persona, el bien de la familia y el desarrollo de la sociedad, en un entorno de libertad y corresponsabilidad”.

Propuesta de soluciones

Tras la denuncia de los lamentables y evidentes acontecimientos que acompañan a esta ola de muerte, los Obispos ofrecen varias soluciones:

– Celebramos que cada persona es creada por Dios como un ser que merece ser amado por sí mismo, y nunca deber ser usado como un medio.

– Afirmamos, acorde con la evidencia científica, que la vida de cada ser humano comienza desde el momento de la concepción. Por tanto, debe ser reconocido su derecho inalienable a ser tratado como persona en todo momento, sin limitar ese derecho por su grado de desarrollo, su salud, su origen o su condición social o económica. Denunciamos todo intento de arrebatar la protección jurídica a los seres humanos antes de nacer.

– Confiamos en que habrá políticas de salud que excluyan la eutanasia (que elimina la vida del paciente) y se centren en los cuidados paliativos.

– Reafirmamos nuestro compromiso de atender, según su dignidad humana, a todas las personas, en particular y a ejemplo del Señor, en los más vulnerables.

– Nos comprometemos a anunciar, sin cansancio, que la persona humana se realiza en la relación hombre-mujer de forma complementaria y recíproca, en el auténtico matrimonio, y su apertura a la posibilidad de una nueva vida humana.

– Reafirmamos que los niños en adopción merecen que la sociedad los confíe a un hogar conformado por padre y madre, que es el ámbito natural.

– Reafirmamos que la “renta de vientres” o maternidad subrogada constituye una explotación de la mujer.

– Denunciamos que no es justificable la doble vida; las virtudes que se ejercen en la vida pública se cultivan en la vida privada.

– Anunciamos que los seres humanos tenemos la responsabilidad, en nuestras actividades, de no abusar ni destruir la naturaleza del planeta.

El documento concluye recordando que “un auténtico régimen de libertades incluye la libertad religiosa que nos permite vivir en público y en privado conforme a nuestras convicciones de conciencia” y con el llamado emergente a “construir una sociedad en paz y respetuosa de las leyes justas”.

Expresiones de “la cultura de la muerte” en nuestro país

Advierten los Obispos de México que observan a la “cultura de la muerte” que está golpeando fuerte y repetidamente el corazón del pueblo mexicano y que se manifiesta, entre otras formas:

–       En actos de violencia, cada vez más numerosos y cruentos.

–       En considerar a la vida de un hijo como si fuera derecho de un adulto.

–       En volvernos insensibles ante la eutanasia, en la ruptura de las familias.

–       En los esfuerzos por legalizar los estupefacientes y otras drogas.

–       En la difusión de una visión pobre y distorsionada de la sexualidad.

–       En la corrupción.

–       En la trata de personas con fines de explotación sexual o laboral.

–       En la indiferencia de algunos ante la pobreza.

–       Y en el abuso y daño de la naturaleza por el consumismo extremo.

Estos signos, no intentan ser un diagnóstico exhaustivo, sino la exposición de algunas de las manifestaciones más visibles de los desafíos que enfrentamos como nación, en relación con la dignidad de la persona humana.

Acerca de Monserrat Cuevas

Lic. Ciencias de la Comunicación | Reportera en Acción | Temas sociales, busco historias de vida que contar.

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