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No pierdan la paz

Juan López Vergara

Nuestra madre Iglesia dispone en la mesa de la Eucaristía un texto bellísimo del Señor Jesús. Se trata de un pasaje que pertenece a los conocidos “Discursos de despedida” joánicos. Las palabras de Jesús evocan su testamento espiritual, donde orienta a los suyos sobre lo que sucederá cuando ya no esté físicamente con ellos, exhortándolos a no perder la paz (Jn 14, 1-12).

Jesús nos invita a confiar en él

El pasaje está inserto dentro del primero de los referidos discursos (Jn 13, 31–14, 31); presenta la forma de un diálogo, en el cual, a través de preguntas y respuestas, Jesús ofrece las aclaraciones pertinentes. Inicia con una invitación a vivir serenamente, fundada en la fe en Jesús, quien marchará delante para preparar un espacio para los suyos (vv. 1-2 compárense con Dt 1, 19-33 – esp. v. 33 –, texto en el cual se persuade al pueblo a confiar en Dios).

Jesús volverá resucitado para llevarse a sus discípulos y, les promete, “para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy” (vv. 3-4).

Jesús nos invita a confiar en él.

“Quien me ve a mí, ve al Padre”

Las palabras de Jesús provocaron, primero, que Tomás le solicitara una explicación: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” (v. 5). Jesús, entonces, se presenta a sí mismo como “el camino, la verdad y la vida” (v. 6); más aún, categórigo afirma: “Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre” (v. 7).

Jesús, “Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28), gracias por venir a colmar el profundo anhelo que anida en nuestro corazón, que en voz del orante clama: “Mi ser tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo podré ir a ver el rostro de Dios” (Sal 42, 3).

Pero Felipe se siente desbordado ante el Misterio de la persona de Jesús, por ello le pide a su Maestro que les muestre al Padre (véase v. 8). La respuesta de Jesús es contundente: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes , ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre” (v. 9).

Haz que durante este día, yo te refleje

Querido lector o lectora, quiero compartir contigo, una oración preciosísima del padre Ignacio Larrañaga, que mi esposa oraba con nuestros hijos mientras los llevaba al colegio. Es conocida como. “Oración de la mañana”.

Señor, en el silencio de este día que nace,

vengo a pedirte paz, sabiduría y fuerza.

Hoy quiero ver el mundo con ojos llenos de amor,

ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno.

Ver detrás de las apariencias a tus hijos como los ves tú mismo,

para, así, poder apreciar la bondad de cada uno de ellos.

Cierra mis oídos a toda murmuración, guarda mi lengua de toda maledicencia,

que sólo los pensamientos que bendigan permanezcan en mí.

Quiero ser tan bien intencionado y justo que todos los que se acerquen a mí,

sientan tu presencia.

Revísteme de tu bondad, Señor,

y haz que durante este día, yo te refleje. Amén.

En medio de tan severa contingencia no perdamos la paz, prometida por el Señor. Él no nos deja de su mano, y pidámosle con humildad la gracia de reflejar su rostro, ayudando en todo cuanto podamos a nuestros hermanos más necesitados.

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