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Celebración de la Palabra: ¿Experimento la necesidad de acercarme a Dios y a su Salvación?

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

ADVIENTO II

DIOS NOS QUIERE SIEMPRE ABIERTOS

PARA CAMINAR Y CRECER

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

El Concilio Vaticano II ha restaurado el sentido del Adviento, cambiándolo de un tiempo de penitencia y conversión a su objetivo original: un tiempo de ESPERANZA.  En Adviento recordamos la venida constante de Cristo, y nos percatamos de que él tiene que venir más profundamente a nuestra Iglesia y a nuestro mundo; lo tenemos que hacer más presente y visible…

Para disponernos a hacer esto, necesitamos conversión, naturalmente; pero más especialmente necesitamos esperanza de que, a pesar de tener todo en contra, este reino vendrá y se instaurará.  Para profundizar esa esperanza, tenemos que aprender a percibir los signos, que nos desvelan que lo que anhelamos está ya presente entre nosotros.  Que nuestro Señor abra nuestros ojos para percibir signos en nuestra vida.

Sabemos que se gastan tremendas cantidades de dinero para construir mejores carreteras, para tener mejores comunicaciones, pero quedan todavía muchos obstáculos entre la gente y entre las naciones para comunicarse mutuamente.  De la misma manera hay todavía muchos obstáculos para la venida eficaz de nuestro Salvador a nuestro mundo.  La gente pone barricadas y controles, y nosotros tenemos que eliminarlos, para que la misericordia y libertad, la justicia y el amor de Cristo alcancen a todos los hombres.

¡Ah, ojalá todos pudieran encontrar a Cristo como salvador y experimentar la salvación de Dios en su vida!  En esta celebración le pedimos a Jesús, el Señor, que seamos el camino hacia él para muchos, y que podamos “acercarlo” a los hermanos.

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: Que nuestro amor mutuo nos prepare para el Día del Señor, cuando Jesucristo vuelva…

Todos: Y con tu Espíritu.

Guía: Sabemos que somos pueblo en camino, peregrinos en marcha, pero, a veces, tropezamos y caemos.

Ahora, con humildad y desde el fondo de nuestro corazón, le pedimos al Señor que nos perdone.  ¿Somos realmente personas de esperanza, con una fe capaz de cambiar este mundo?  (Pausa)

•        Señor Jesús, tú te hiciste uno de nosotros para hacernos capaces de caminar al encuentro de tu misericordia y de tu esperanza: Señor, ten piedad.

•        Cristo Jesús, tú confías en nosotros y nos das la energía y la fuerza para construir senderos hacia la paz y el perdón: Cristo, ten piedad.

•        Señor Jesús, tú nos guías en el camino del amor y la generosidad y quieres llevar la salvación a todos: Señor, ten piedad.

Guía: En tu bondad misericordiosa, Señor, cólmanos con la alegría de tu perdón y haznos mirar al presente y al futuro con una infatigable esperanza.  Y, al finalizar nuestra vida presente, enjuga las lágrimas de nuestra aflicción y llévanos a cantar las alegrías de la vida eterna. 

TODOS: Amén.

GUIA: Oh Dios, Padre nuestro, en nuestro tiempo hemos desarrollado la manera de perforar montañas, nivelar colinas y construir puentes para hacer autopistas, dominamos tecnologías, plataformas y aplicaciones para comunicarnos mejor.

Pero, muchas veces, hemos perdido el camino de dos vías que permite que vayamos al encuentro de nuestros hermanos y hacia ti y que ellos y tú vengan a nuestro corazón.

Que tu Hijo nos haga creativos y audaces para construir avenidas de justicia y amor que nos hagan encontrarnos los unos a los otros y encontrarte a ti, vivo y actuante.

Te lo pedimos en el nombre de aquél a quien esperamos y que nos espera, nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. 

TODOS: AMÉN.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

Baruc 5, 1-9: Dios anuncia al pueblo de Israel que acabará su luto y se convertirá en signo radiante de la salvación de Dios mientras vuelve del destierro… Dios le prepara el camino, lo guía y lo protege de vuelta a su tierra y a él mismo…

Salmo 125: El regreso del cautiverio provoca alegría, cantos y admiración por la acción de Dios a favor de su pueblo; él lo hace florecer y fructificar…

Filipenses 1, 4-6. 8-11: Pablo dice a los filipenses que reza alegremente por ellos y les agradece afectuosamente su compromiso con el evangelio, también les pide crecer en el entendimiento y amor por los auténticos valores, para que sean limpios, irreprochables y den frutos de justicia…

Lucas 3, 1-6: Las intervenciones de Dios se dan en la Historia concreta… Juan el Bautista anuncia cómo debemos preparar el camino para que Jesús pueda llegar hasta nosotros trayéndonos su salvación…

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

[Parece que Juan, el “bautizador”, influyó mucho en la religiosidad del tiempo de Jesús.  Incluso él se sintió atraído por su mensaje y acude a “bautizarse”… Los cuatro evangelistas indican la importancia de Juan como precursor y la superioridad de la persona y del mensaje de Jesús presentado como aquel que había de venir a restaurar-salvar a su pueblo.

El evangelio de hoy está tomado del principio del capítulo 3 de San Lucas.  Hasta ahora, nos había hablado, con el lenguaje teológico de la época, del nacimiento y la infancia de Jesús.  Ahora, quiere situar históricamente su narración, como para significar que la salvación está destinada a personas concretas y que es anunciada por alguien, muy concreto también, Juan, que vive en el desierto, alejado de los centros de poder y de influencia de la época, no es un sacerdote pero le es dirigida la Palabra y comienza proponiendo un cambio de actitud en relación a Dios y a los demás.  Desde ahí su mensaje se extenderá a todos.

Las predicaciones de Juan y de Jesús coinciden en la crítica al ritualismo cultual, al cumplimiento externo de la ley y a la esperanza de salvación basada sólo en la pertenencia a un grupo y sin compromiso personal.  Sin embargo, hay aspectos muy diferentes en cada una de ellas: Juan invita a escapar de la ira de Dios y Jesús anuncia la buena nueva de la salvación hablándonos de su Abbá-Papá que no amenaza ni condena ni castiga sino que nos atrae con su amor hacia la salvación total… ¿Cuál predicación me gusta más?

Según invitación de Pablo, hoy necesitamos desarrollar nuestra sensibilidad espiritual para poder descubrir y seguir los verdaderos valores.  Por eso necesitamos experimentar personalmente a Dios y su salvación, pues, como en tantos otros aspectos de la vida, no podemos vivir de experiencias ajenas.  Pues el mensaje de Jesús no trata de teorías (doctrinas) sino de un compromiso sincero con él que se debe traducir en un estilo de vida.  Muchas veces somos incoherentes.  Para muestra, un botón: Por la navidad decimos que queremos celebrar la “venida” (manifestación-descubrimiento-cercanía-testimonio) de nuestro Señor pobre y solidario… pero, muy probablemente terminamos celebrando lo contrario: el consumismo, los excesos, la gula, la borrachera, la hipocresía, la satisfacción de nuestros sentidos, la acepción de personas, la falsa religiosidad… terminamos usando la religión para justificar una serie de abusos y nos olvidamos de la salvación que Jesús nos trae, pues si todo lo que necesito en estas fechas lo encuentro en los centros comerciales, ¿para qué quiero a Jesús?

En estos días nos conviene entrar dentro de nosotros y descubrir de qué tenemos que ser salvados individual y comunitariamente pues Jesús sigue y seguirá viniendo con nuevas salvaciones adecuadas a cada momento de nuestras historias… Por ejemplo, hoy Baruc y Pablo nos proponen la justicia como señal de que estamos en el verdadero camino de la salvación.  Pero, la justicia que da a cada uno según la medida del amor…

Otra línea de reflexión puede ser que nos fijemos en la Palabra que Dios nos dirige en Juan y en Jesús.  Pudiéramos decir que la historia de Israel y de la Iglesia es la crónica de la presencia de la Palabra y las respuestas que le hemos dado.  Dios es Palabra siempre presente que acompaña, ilumina, corrige, anima…  La Palabra siempre es presentada de acuerdo a los diferentes momentos históricos por diferentes profetas.  Y, aunque la revelación es progresiva, es decir, que la Palabra se fue revelando cada vez más luminosa, siempre fue (y será) aceptada por los sencillos que la esperaban y se dejaron moldear por ella y siempre fue rechazada por los importantes y los expertos que no estaban dispuestos a dejarse cuestionar por ella…  Aunque las Palabras de Juan y de Jesús son muy distintas, recibieron las mismas reacciones de las mismas personas…

El Adviento es Tiempo de espera de la Palabra (hecha carne)… ¿Soy de los oyentes que esperan y responden o de los que son incapaces de recibir nuevas Palabras por estar autosatisfechos o demasiado ocupados?

Pero, el Adviento no es sólo un Tiempo litúrgico que pasa sino una oportunidad para cultivar una alegre y confiada actitud ante la vida que consiste en estar siempre atentos a la Palabra que está viniendo siempre ya que Dios es incansable en el amor… Hoy las lecturas nos señalan (al menos) tres motivos para desarrollar esta actitud: los desterrados regresan, en la comunidad hay bondad y se nos anuncia la salvación.

Finalmente, para lograr esta actitud necesitamos dos “conversiones”: convertirnos en personas equilibradas para experimentar la salvación que Dios nos trae y convertirnos a nuestros prójimos, aceptándolos, amándolos, acogiéndolos y orando por ellos.]

La primera lectura y el salmo nos marcan el punto de partida para nuestra reflexión de esta semana: la experiencia del pueblo de Israel al salir del cautiverio y volver al Señor… Con el paso del tiempo, durante el destierro, muchos israelitas ya se habían olvidado de Dios y no querían regresar a la tierra prometida, incluso algunos habían alcanzado buenas posiciones. Es triste constatar que, a veces, nos acostumbramos a estar lejos del Señor… Fue necesaria la acción de Dios a través de sus profetas para despertar en ellos la esperanza y animarlos a emprender el camino de regreso a su patria y a su religión… Los que se convencieron, volvieron con alegría a reconstruir, no sin dificultades, el país y sus estructuras civiles y religiosas… Algunos sintieron la necesidad de cambiar y peregrinaron buscando algo mejor; otros ya se sentían seguros en Babilonia y decidieron permanecer donde habían echado raíces… ¿Yo, en su lugar, que hubiera hecho?

Esta experiencia nos ayudará a reflexionar en torno a nuestros procesos de conversión… ¿Siento yo la necesidad de cambiar o me siento satisfecho de cómo estoy y de dónde me encuentro ahora?

¿Cuándo realmente he cambiado en algo?  ¿Qué motiva los cambios en mi vida?

Si bien la mayor parte del tiempo no hacemos cambios profundos y sólo vamos adaptándonos a las circunstancias, algunas veces, son las situaciones más difíciles, cuando algo se rompe en nuestro interior, las que hacen surgir el deseo o la necesidad de hacer cambios profundos y definitivos en nuestra vida… Los cambios más importantes acontecen ante la muerte de un ser querido, la pérdida de un trabajo, un rompimiento matrimonial o familiar, el tocar fondo, etc… Cuando yo estoy bien (subjetivamente) no quiero cambiar ni que me cambien… Ahora estamos en un cambio de época y muchos paradigmas están mudando lo que provoca diversas y profundas crisis… Estas experiencias límites pueden ser percibidas por nosotros como tragedias o como oportunidades de crecimiento…

Aunque los humanos, por naturaleza, tendemos a adaptarnos psicológica y emocionalmente a la situación en la que nos encontremos, Dios nos invita a permanecer abiertos siempre a dejarnos cuestionar y mover por él… Sólo así podremos sentir la necesidad de que Dios nos rompa, nos quite lo que nos sobra, nos (re)acomode y nos salve…

En medio de las situaciones críticas por las que vamos pasando, podemos dirigir al Señor, parafraseando a Nilos Kazantzakis, una de las siguientes plegarias, según se encuentre nuestra alma:

1.      “Señor, soy un arco en tus manos, ténsame, porque si no lo haces, voy a podrirme…

2.      No me tenses demasiando, Señor, que me puedo romper…

3.      Ténsame lo que quieras… si me rompo, al fin estoy en tus manos”.

¿Con cuál de estas tres plegarias me identifico? ¿Qué tipo de personalidad expresa cada una de estas plegarias? ¿Qué descubro de mí mismo? ¿Qué aprendo?

Primero debemos reconocer nuestra lejanía de Dios y, luego, aceptar su invitación para volver a él… En la segunda lectura, San Pablo nos habla de un amoroso proceso de crecimiento en la comprensión y sensibilidad por los verdaderos valores… Dice que este proceso lo ha iniciado Dios en nosotros y él mismo lo conducirá hasta dar frutos… ¿Quiero entrar o continuar en este proceso de cambio y crecimiento constante? ¿Me quiero acercar a Dios y a sus valores? ¿Quiero contagiar a otros de esta actitud positiva?

Para poder ir al encuentro de Dios (primera lectura) o para que él venga a encontrarse con nosotros (evangelio) se necesitan algunas obras de “ingeniería espiritual” para ir retirando los posibles obstáculos: Hacer rectos los caminos, rellenar los valles y abajar las colinas para hacer terreno plano, enderezar lo tortuoso, limar las asperezas… Para encontrarme con Dios, ¿qué debo hacer con mayor rectitud en mi vida? ¿Qué debo hacer más “plano” ya sea rellenando o abajando? ¿Qué debo enderezar? ¿Qué debo pulir?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.      Te invitamos a hacer una revisión sobre tus procesos de conversión: Recuerda alguna vez que has hecho cambios profundos en tu vida para bien…

¿Qué me ha motivado a hacerlos?

¿Mis cambios han sido para generar algo nuevo o sólo para mantener el status en el que me encontraba?

¿Qué te ha hecho entender sobre ti mismo este ejercicio? Escribe tus respuestas…

2.      Y ahora… ¿Me siento llamado por Dios para hacer algunos cambios en esta etapa de mi vida? Escríbelos…

3.      Durante esta semana, pide al Señor que quiebre tus (falsas) seguridades… Que te haga sentir la necesidad de “algo más”: más espiritual, más humano, más capaz de donación, más capaz de crecimiento y de ponerte en marcha hacia la plenitud humana y cristiana… Hacia el encuentro con él y su Buena Noticia en este advenimiento suyo…

Agradécele que siempre está ahí, que no se cansa de esperar, que siempre te dedica su Palabra esperando que la recibas y que la dejes germinar y transformarte…

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, una Dios de unidad familiar, un Dios Rey que reina nuestras vidas.

Creo en un solo Dios…

GUIA: Roguemos con fe y confianza para que todos los hombres vean y acepten la salvación que Jesús ofrece a todos.  Y digamos:

Ven, Señor, no tardes.

1. Por el papa, los obispos, sacerdotes y líderes laicos, para que nos fortalezcan en nuestra fe y nos ayuden a acelerar la venida del Señor.  Roguemos al Señor: Ven, Señor, no tardes.

2. Por todos los fieles extendidos por todo el mundo, para que sean luz para nuestro tiempo, para que conserven bien vivas y activas la fe y la esperanza, y para que trabajen en favor de mayor justicia y honestidad en nuestro mundo.  Roguemos al Señor: Ven, Señor, no tardes.

3. Por todos los que no creen en Dios, para que ellos también pongan todos sus talentos e ilusiones al servicio del pueblo y de toda la comunidad humana.  Roguemos al Señor: Ven, Señor, no tardes.

4. Por los que temen al futuro, para que dejen de lado todos sus temores y angustias, y aprendan a esperar en Dios y a confiar en sus promesas.  Roguemos al Señor: Ven, Señor, no tardes.

5. Por todos nosotros aquí reunidos, para que nuestros ojos estén abiertos y nuestros corazones vigilantes para reconocer y recibir a Cristo nuestro Señor, cuando venga a nuestro encuentro.  Roguemos al Señor: Ven, Señor, no tardes.

GUIA: Señor Jesucristo, danos la determinación y el valor para quitar los obstáculos que nos separan a los unos de los otros, y para allanar el camino para tu llegada.  Quédate con nosotros, Señor, ahora y por los siglos de los siglos.

TODOS: Amén.

GUIA: Roguemos a nuestro Padre en el cielo para que sepamos crecer en el cumplimiento de su voluntad y en sembrar las semillas de su reino. 

TODOS: Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

  “Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.
 

GUIA: Para ser una autopista hacia Dios, llana, suave, recta, necesitamos volvernos más semejantes a Cristo.  Podremos mostrar a otros el camino hacia él y preparar el camino para su plena venida, solamente si tomamos en serio el Evangelio, si el Señor se hace visible en nosotros con su bondad, su compasión, su amor, con su preocupación por la justicia y la verdad.

Que Dios nos dé fuerza y nos bendiga a todos…

Y pedimos la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo que descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Vayamos juntos por los caminos del Señor.

TODOS: Demos gracias a Dios.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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