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Celebración de la Palabra: Jesús, el esposo amoroso y servicial de la Iglesia

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

II TIEMPO ORDINARIO

¿Cómo es que el amor de Dios me ayuda a amar a mi prójimo?

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

El Señor nos dice que la vida es una fiesta aún con todos sus problemas y miserias…  Sí, una fiesta, si aprendemos a mirarla con ojos de fe descubriremos que la vida es bella.  Ciertamente tenemos afanes y preocupaciones diarios, días de luto y problemas, pero la realidad más profunda es que no estamos solos, que tenemos a Dios que nos invita a beber el vino de su amor y de su proximidad…

Cuando dos jóvenes comienzan juntos la vida matrimonial, están afirmando que creen el uno en el otro; que creen en el amor que se cultiva todos los días, en la donación completa, en la vida compartida, en el futuro…  Éste es el mensaje que nos da Dios hoy: Él se ha entregado a través de su Hijo a nosotros en una alianza de amor, más hermosa y duradera que la del matrimonio.  En él se nos ha dado para siempre y para que tengamos Vida.  Él sigue transformando para nosotros el agua de nuestra rutina y de los fracasos de nuestra existencia en vino de abundante alegría.  Y el mejor vino se reservará para el fin, para la felicidad eterna…

¡Bebamos y brindemos con el vino de la alegría y del servicio en esta celebración!  ¡Compartamos el Pan y el Vino que nos alimentan para transformarnos en otros cristos!

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: Un mismo Espíritu, el Espíritu Santo, distribuye dones diversos a diferentes personas tal como a él mismo le place.  Que por medio del mismo Espíritu, Jesús, el Señor, nos dé los dones que necesitamos para edificar su Iglesia.

Y Él esté siempre con ustedes. 

Todos: Y con tu Espíritu.

GUÍA: En silencio, entremos en nosotros mismos y con sinceridad reconozcamos que muchas veces buscamos la felicidad fuera de lo que Jesús nos ha recomendado… Preguntémonos ante el Señor: ¿Dónde radica nuestra alegría como cristianos? Y pidamos perdón…  (Pausa)

•        Señor Jesús, por medio de tu perdón transforma la tristeza de nuestro pecado en alegría de reconciliación y amistad: Señor, ten piedad.

•        Cristo Jesús, Señor de vida, álzanos desde nuestra angustia y desolación

y haznos alegres y felices: Cristo, ten piedad

•        Señor Jesús, alegría de nuestra vida, enséñanos a encontrar felicidad en compartir y en hacer felices a los demás: Señor, ten piedad.

Con tu bondad, Señor, perdona nuestros pecados, haz que irradiemos tu amor a los demás y llévanos a la vida eterna. 

TODOS: Amén.

GUIA: Dios, siempre fiel y lleno de amor, gracias porque tu Hijo compartió la alegría de una boda, en Caná.

Él calienta nuestros corazones con su amor, prepara una mesa para nosotros y nos sirve el vino de la alianza, nos atrae más cerca de ti y nos acerca más a los hermanos. 

Haz que nuestras vidas se conviertan en fiesta, canto alegre de alabanza dirigido a ti y servicio a nuestros hermanos.

Te lo pedimos por medio nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. 

TODOS: AMÉN.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

Isaías 62, 1-5: Dios es como un joven enamorado de su pueblo, se casa con él, por eso está siempre dispuesto a perdonarlo y a ayudarle a ser justo… Dios es el esposo de nuestras almas…

Salmo 95: Cantemos al Señor… proclamemos su amor día tras día… gobierna con justicia…

1 Corintios 12, 4-11: Dios suscita en la Iglesia diferentes dones, servicios y actividades para el bien común…

Juan 2, 1-11: La mirada atenta y servicial de la Virgen María descubre que falta el vino de la alegría en una boda… Jesús, el novio, realiza su primer “signo”: convertir el agua en vino, así trae plenitud de vida y felicidad…

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano
[Meditamos en la tercera epifanía, por eso leemos a Juan que es el único evangelista que nos cuenta sobre estas bodas.  En Juan no podemos separar la narración – una intervención de María y Jesús en favor de unos novios en Caná – de su contenido teológico, su significado espiritual y su simbolismo.  Juan no nos narra lo que parece que pasó sino que trata de comunicarnos lo que “realmente” aconteció para nuestra fe.

Hay dos claves para entender este texto: Un trasfondo del Antiguo Testamente y la frase con la comienza “a los tres días”, es decir, la hora de la glorificación de Jesús en la cruz.

Fijémonos e algunos símbolos:

•        La boda.  Desde Oseas, la alianza entre Dios y su pueblo se describe como una boda y un banquete suculento y con vino, símbolo del amor y el favor de Dios por sus elegidos.

•        La madre de Jesús.  María y Jesús no aparecen en esta narración tan sólo por su familiaridad.  María representa lo mejor de la Antigua Alianza, al verdadero Israel que espera la liberación del Mesías y Jesús y sus discípulos representan al nuevo pueblo de Dios.

•        El vino.  Es símbolo del amor entre los esposos y, si la boda es entre Dios y su pueblo, quiere decir que en el Antiguo Testamento faltaba amor.  Por eso es que la madre-“mujer” se da cuenta de que falta ese ingrediente fundamental y lo pide a Jesús: “no tienen vino”.  Jesús es el único que puede aportar el amor que salva verdaderamente.  Pero Jesús se resiste a remendar la Alianza Antigua que ya estaba caduca e invita a esperar una salvación que no es inmediata y que comenzara en la hora de la cruz.  (El que Jesús llame “mujer” a María, su madre, no es ofensivo, recordemos que también llama así a la samaritana y a la magdalena.  Tres mujeres-símbolo).

•        “Hagan lo que él les diga”.  El faraón ordenó a los servidores: “hagan lo que él (José) les diga”.  El pueblo dijo en el Sinaí: “haremos todo lo que dice el Señor”.  El secreto del éxito en la relación entre Dios y su pueblo-esposa consiste en se descubra y se cumpla su voluntad.

•        Las tinajas.  Eran seis, numero incompleto.  Juan nos habla en su evangelio de seis fiestas de los judíos y la séptima es la Pascua de Jesús.  Eran de piedra como las tablas de la antigua ley.  De piedra, sin misericordia, sin amor.  Estaban vacías, ni siquiera tenían agua para purificar.  Representan un sistema de purificación ineficaz.  Su presencia vacía hace sentirse sucio a quien las ve.  Sólo Jesús ofrece una salvación verdadera que no depende del cumplimiento de la ley.  Es importante notar que el vino no aparece dentro de las tinajas… Cuando el “agua” es probada por el maestresala se da cuenta que ya no se trata de agua para lavar el exterior sino de un vino nuevo que transforma desde el interior; sólo lo aprecia hasta que lo prueba.  El maestresala, que ni siquiera se había dado cuenta de que faltaba el vino, representa a las autoridades religiosas a las que no les importaba que el pueblo no experimentara el amor de Dios.  En cambio, los sirvientes sí que reconocieron el don de este amor que salva.  La actitud del maestresala de no aceptar la excelencia de este vino que se ofrecería en un tiempo no habitual y que no puede creer que lo nuevo es superior a lo antiguo representa a aquellos que se cerraron al mensaje de Jesús.

•        En el último versículo, Juan aclara que esta narración inicia una saga de siete “signos” que se van a desarrollar en su evangelio.  Así podemos entender que los restantes signos se deberán comprender a la luz de éste.  Este primer signo ha sido toda una epifanía.]

En el evangelio de hoy se nos narran acontecimientos peculiares que sucedieron durante una boda en Galilea…  De entrada, llaman la atención dos detalles: no previeron bebida suficiente para todos los invitados durante la fiesta y no se mencionan los habituales protagonistas de un evento así, el novio y la novia… A primera vista, los protagonistas en esta narración serían María y Jesús, pero a Juan no le interesa contarnos sólo una historia sino compartirnos enseñanzas sobre un tipo de amor que se puede recibir practicar como don y que salva…

A la luz de las lecturas de este día reflexionemos sobre nuestra capacidad de relacionarnos amorosamente con Dios y con los demás… Sólo quien es capaz de percibir el amor y de relacionarse profundamente desde él será capaz de salir de su “yo” individualista y trabajar para construir con alegría un “nosotros” comunitario…

La primera lectura nos presenta un Dios que ama a su pueblo y se entrega a él como un novio que se casa con su amada: le entrega su cuerpo, su mente y su alma; es una relación total y envolvente en la que Dios acepta a su pueblo como es, sin disfraces, con sus debilidades, vulnerable… El amor de Dios nos invita a abrirnos confiadamente a él, a dejarnos tocar por él, a sentirnos amados por él, a dejarnos transformar por aquel que aun conociendo nuestras debilidades nos toma y levanta en sus brazos… Somos seres para la comunión… Y a partir de esta relación de amor con Dios hemos de abrirnos a nuestros hermanos… Dios nos “toca” para que seamos capaces de “tocarnos” unos a otros; Dios nos acepta y nos sana para que seamos capaces de aceptar y de sanar; nos devuelve la dignidad para que seamos capaces de vernos inocentes unos a otros y podamos crecer y danzar y servir y cantar en una fiesta sin fin… ¿Cómo vivo yo la apertura al amor de Dios? ¿Me siento amado por Dios? ¿Creo que convivir con los demás es una oportunidad para amar festivamente?

María, aparece hoy como una madre-mujer de ojos atentos que descubren las necesidades específicas de los otros y así puede servirlos de formas muy concretas… Ella ve más allá al descubrir lo que se necesitaba en esa fiesta y va más allá al colaborar para conseguirlo… María no supone que sabe lo que hace falta o que ya está realizando lo que le corresponde; “descubre” la falta de vino, piensa en las consecuencias y busca las soluciones… ¿Yo actúo como María en relación a mis prójimos carenciados?

Jesús aparece como un hombre que es capaz de quebrantar sus propios planes con tal de ayudar… Hace entrar a aquella gente en los nuevos tiempos mesiánicos… Por su flexibilidad es capaz de hacer sentir la felicidad y el amor de Dios en la fiesta de la vida… Tú y yo, ¿a quién, cómo y cuándo servimos? ¿Estamos dispuestos a salir de nuestras rutinas y planes?

Esto del amor a Dios y al prójimo no es algo teórico ni privado.  En la segunda lectura se nos habla de cómo construir el bien común en el Cuerpo de Cristo… Cumplir lo que hoy nos enseña Pablo supone de nuestra parte, entre otras cosas, la capacidad de integrarnos en proyectos comunes para realizar los planes de Dios, respeto por los dones y carismas de los demás, humildad para sentirnos parte y no más grandes que todo el cuerpo de Cristo, aceptación de las necesidades de los demás, capacidad de descubrir las cualidades de otros, etc.… Sólo el cultivo del amor auténtico nos hará poner nuestros dones al servicio de los demás para que nuestra Iglesia sea la esposa luminiscente de Cristo…

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.      Recuerda las características más valiosas que has experimentado en tus relaciones amorosas y de amistad… ¿Cuáles de estas características puedo aplicar en mi relación con Dios?

2.      Piensa… Cuando se trata de ayudar a otras personas, ¿las ayudo en lo que yo quiero o en lo que ellas necesitan específicamente?

3.      Revisa tu historia de vida y reflexiona en tus temores en relación a abrirte a los demás y vivir la comunión… ¿Me siguen afectando en mi vida presente?

4.      Haz un examen de conciencia sobre tu capacidad de trabajo en equipo y en comunión… ¿Soy capaz de comunión en al amor?

5.      Durante esta semana, en tu oración:

•        pide purificación de tus recuerdos de experiencias dolorosas y sanación para que seas capaz de vivir la comunión según el proyecto de Dios…

•        aprende de tu amigo Jesús a servir mejor a tus prójimos, como Dios te pide, llevándoles el vino del amor y la alegría…

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, una Dios de unidad familiar, un Dios Rey que reina nuestras vidas.

TODOS: Creo en un solo Dios…

GUIA: Jesús nos ha invitado ahora a la fiesta del banquete de su Palabra y su Eucaristía; él se nos da a sí mismo como pan de fuerza y como el más sabroso vino.  Roguémosle por aquellos cuya vida ha sido mezclada con del dolor, la tristeza y el sufrimiento, y digamos:

 “Señor, escucha a tu pueblo”.

1.      Señor, sirve a tu Iglesia el buen vino de tu perdón, porque nuestro amor sigue estando tibio, y no tenemos suficiente fe en ti ni confianza en los hermanos; que sepamos también perdonarnos unos a otros, de todo corazón.  Oremos: “Señor, escucha a tu pueblo”.

2.      Señor, sirve a nuestras familias el vino del amor, para que el padre y la madre en el hogar sean fieles y entregados el uno al otro, y para que los hijos aprendan de sus padres a preocuparse por los demás y a servirte a ti fielmente.  Oremos: “Señor, escucha a tu pueblo”.

3.      Señor, vierte el vino de tu fortaleza y tu esperanza en todos los que sufren. Y en todos los que pueden ayudarles derrama el vino de su compasión y solidaridad.  Oremos: “Señor, escucha a tu pueblo”.

4.      Señor, sirve a nuestras comunidades cristianas el vino de la unidad y la amistad, para que todos seamos uno en ti, y todos juntos lleguemos a ser tu propio cuerpo para servirnos unos a otros y también al mundo entero,  por medio de nuestro espíritu de participación y de atención  de los unos a los otros.  Oremos: “Señor, escucha a tu pueblo”.

5.      Señor, vierte el vino de tu alegría y de tu vida a todos nosotros que participamos en esta eucaristía, y danos el pan de ti mismo para que vivamos siempre en ti.  Oremos: “Señor, escucha a tu pueblo”.

GUIA: Señor Jesús, no permitas que nuestra vida se convierta en banal y superficial, como un vino aguado. Permanece cercano a nosotros y cólmanos con tu alegría, ahora y por los siglos de los siglos. 

TODOS: Amén.

GUIA: Invitados a la mesa del Señor y unidos por su Espíritu, hablémosle a nuestro Padre bondadoso:

TODOS: Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

“Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.

GUIA: Una boda, una fiesta matrimonial, es siempre importante, como fiesta de servicio, amor y de amistad.

Ahora, en esta eucaristía, acabamos de celebrar el amor de Dios para su pueblo: Dios se “casa” con nosotros, Jesús se “casa” con su Iglesia.

Dios es siempre fiel en su amor. Que todos nosotros sepamos también responderle fielmente con amor.

Y pedimos la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre. 

TODOS: Amén.

Vayamos a vivir la fiesta del servicio a nuestros hermanos. 

TODOS: Demos gracias a Dios.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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