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Año del legado de Fray Antonio Alcalde en Guadalajara

Pbro. Tomás de Híjar Ornelas

Cronista de la Arquidiócesis de Guadalajara

El 18 de diciembre del apenas concluido 2020, en sesión extraordinaria del Consejo General de la Universidad de Guadalajara, su Rector general, el Mtro. Ricardo Villanueva Lomelí, sometió al pleno una iniciativa que fue aprobada en estos términos: “la imposición oficial de la leyenda ‘Año del legado de Fray Antonio Alcalde en Guadalajara’ a todo documento oficial de la Universidad de Guadalajara, inmediatamente después del lema universitario, durante el año 2021”.

Atendiendo a ello, el Secretario General de esa institución, Mtro. Guillermo Gómez Mata, el 7 de enero del año en curso giró la circular No. 2 a todos los rectores de los centros universitarios, del Sistema de Universidad Virtual, del Sistema de Educación Media Superior y a los directivos de la Administración General para que hagan extensiva la determinación y la apliquen.

Signo y significado

Aunque sean términos inherentes, signo y significado no son sinónimos. El signo da carácter al significado, le confiere su sentido. Así, algo tan simple como lo es agregar una leyenda a un lema perpetuo en una institución necesaria y entrañable para Jalisco y México, como lo es desde 1792 la Universidad de Guadalajara, implica buscar un fondo más recóndito, que en nuestro es reconocimiento y gratitud.

En efecto, “el legado de Fray Antonio Alcalde en Guadalajara”, visto como signo, supone un significado que rebasa con creces la cantidad del dinero del diezmo de su Iglesia de la que él dispuso (unos 100 millones de euros de nuestro tiempo) para dotar de infraestructura humanitaria y humanística la ciudad episcopal, incluyendo, como epílogo, las cátedras de la Real Universidad de Guadalajara, implica un análisis exhaustivo: lo que él mismo fue como signo y sigue siendo hasta nuestros días.

¿Qué fue Fray Antonio Alcalde para Guadalajara?

Un coloso visionario que  con 70 años a cuestas, a partir del 14 de diciembre de 1771, echó las bases para transformar una capital, hasta entonces marginal y deprimida, en un paradigma de calidad de vida para propios y extraños, empleando todas las herramientas que tuvo a su alcance: madurez, sobriedad, discreción, profundo realismo, visión de futuro, congruencia y transparencia.

Fue un benefactor nato y discípulo cristiano del Siglo de las Luces, que no le hipotecó a la razón lo que ésta de por sí no da, de tal modo que con la mancuerna humanismo / humanitarismo garantizó a los desposeídos vivienda y autogestión, empleo remunerado y educación integral –de la básica a la superior– y atado a esta última, salud pública.

Un alcázar a la humanidad doliente

Todo eso es lo que de manera plástica y premonitoria plasmó el enorme mural ‘A la Humanidad Doliente’, de 10 metros de ancho por 15 de alto, del pintor jalisciense Jorge Monroy, develado el 2019 en el Patio Central del edificio de Consulta Externa del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara ‘Fray Antonio Alcalde’.

En él, valiéndose de la técnica de acrílico y sobre 24 paneles que abarca los tres niveles del inmueble, se ilustra de forma cronológica la historia del Hospital que en su tiempo fue el más grande de América y lo que trajo consigo la llegada, hace poco menos de 250 años, de Fray Antonio Alcalde al inmenso obispado de Guadalajara (unos dos millones de kilómetros cuadrados), y lo que pudo hacer gracias a su adicción a remediar los quebrantos de los más necesitados, eslabonando para siempre –en el ocaso de su longeva vida, 91 años–, las dos instituciones que más han hecho por el humanismo y el humanitarismo dentro y fuera de Jalisco: los hospitales civiles y la Universidad de Guadalajara. Así que honor a quien honor merece.

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