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La muerte de un ser amado es irreemplazable

Ante la muerte, hay que mantener viva nuestra esperanza

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

El mes de noviembre inicia con dos fiestas litúrgicas, por una parte, el 1° de noviembre se recuerda a todos los santos, aquellos reconocidos por la Iglesia y que se encuentran hoy en los altares, pero también a aquellos cristianos que murieron reconciliados con Dios y que ya se encuentran gozando de la visión celestial.

El día 2, se recuerda a los fieles difuntos, aquellos que murieron reconciliados con Dios, perdonados de sus pecados, pero que, sin haber satisfecho totalmente a la justicia divina, se hallan en algún estado o lugar, al que la Iglesia llama Purgatorio, donde se purifican para hacerse merecedores del gozo eterno.

La muerte es el final de la etapa terrena de la vida, pero no de nuestro ser, pues para nosotros los creyentes el alma es inmortal.

“La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios ofrece para que cada persona realice su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino”, explicaba en alguna ocasión para Semanario el señor cura Carlos Javier Díaz Vega, hoy párroco de Santa María de Guadalupe, Jardines Universidad.

El miedo a morir

Pensar sobre nuestra muerte o sobre la de algún ser querido nos produce incertidumbre y temor, aunque esta sea algo natural y lo único seguro que tenemos en la vida. El temor es normal, pues se teme a lo desconocido, sin embargo, los cristianos tenemos esperanza.  “La muerte es, el paso a la plenitud de la vida verdadera, por lo que la Iglesia llama ‘dies natalis’ al día de la muerte del cristiano, porque es el día de su nacimiento para el cielo”.

En muchos sentidos la pandemia por COVID-19 nos ha cambiado la vida y nos ha provocado estrés por la difícil situación económica y por la crisis de salud que a nivel mundial estamos padeciendo. Respecto a la muerte, no hay excepción, quizá pensemos que nosotros o nuestros seres queridos podemos contagiarnos, enfermar y morir.

Sin embargo, los cristianos debemos mantener viva nuestra esperanza.

Ahí no acaba todo

“La muerte para nosotros no es, ya se acabó, sino que es una esperanza en que vamos a resucitar. Cuando alguien fallece, nos debemos animar con palabras de Fe y esperanza en que vamos a volvernos a encontrar con nuestros seres queridos. Aunque no sabemos cuándo, todos volveremos a encontrarnos con nuestros familiares y amigos”.

Además debemos saber que podemos seguir unidos y haciendo mucho los unos por los otros: “Así como nosotros oramos por nuestros difuntos, debemos tener la seguridad de que ellos nos van a ayudar también porque una vez que están con Dios intercederán por nosotros”, explicó en entrevista el padre José Carmen Toriz, formador del Seminario de Guadalajara.

“Tenemos que animar a las personas a que confíen porque Jesucristo es la garantía de que en su debido tiempo, resucitaremos y tendremos un cuerpo glorioso”.

Celebrar la vida

Respecto a nuestras prácticas tradicionales no surgidas necesariamente del cristianismo, como la colocación de altares de muertos, el padre Toriz señaló que “son tradiciones mexicanas de las zonas indígenas que son más acordes a nuestro país que festividades importadas como el Halloween; debemos seguirlas con espíritu de Fe y no como un culto al muerto.

“Debe ser un conmemorar a la persona que vivió pero no con el sentido de creer que va a venir. Nosotros creemos que los muertos ya no regresan. Pero pedimos porque estén ya gozando de la presencia de Dios”.

Las hornas fúnebres

Las exequias cristianas tradicionalmente comprenden tres momentos.

  1. La velación. Que debe ser una vigilia de oración en la que se reúnen parientes y amigos para elevar una oración de sufragio por quien ha fallecido, así como para confortar a los familiares del difunto y mostrar solidaridad cristiana.

2. La celebración de la Eucaristía. Donde escuchamos la Palabra de Dios, se proclama el misterio pascual (muerte y resurrección de Cristo) y se alienta la esperanza del encuentro definitivo en el reino de Dios.

3. Rito de despedida, cortejo fúnebre y sepultura. Es el adiós (ad Deum) al difunto, el último saludo dirigido por la comunidad cristiana a un miembro suyo antes de que su cuerpo sea llevado a la sepultura, en espera del día de la resurrección.

En estos tiempos de pandemia no es posible que vivamos paso a paso estos momentos pero si es importante que busquemos formas creativas para orar por nuestros difuntos, consolar a quienes sufren la pérdida y reflexionar desde nuestra fe en el encuentro definitivo con el Creador.

Los 3 estadíos de la Iglesia

La Iglesia se divide en tres grupos.

  • Iglesia triunfante: los que ya se salvaron y están en el cielo.
  • Iglesia militante: los que estamos en la tierra luchando por hacer el bien y evitar el mal.
  • Iglesia sufriente o purgante: los que están en el purgatorio purificándose de sus pecados, de las manchas que afean su alma.

Morir en tiempos de pandemia

Respecto a las exequias de los muertos por coronavirus no hay una indicación pastoral oficial, sin embargo hay sacerdotes que se han preocupado por atender a las familias y también a quienes han muerto a causa de la enfermedad

Prácticamente desde que inició la pandemia la arquidiócesis de Guadalajara dispuso a un grupo de sacerdotes, religiosas y laicos que se dedicarán a la atención de enfermos así como el acompañamiento a sus familiares.

La asistencia a pacientes con covid se hace solo en los hospitales, pues es ahí donde se pueden garantizar las condiciones sanitarias para evitar que los sacerdotes se contagien. Así lo explicó el padre Gustavo Alexis Márquez, responsable a nivel diocesano de la pastoral para enfermos covid. 

Confortar a los pacientes, familiares y personal sanitario

“En los hospitales se garantizan los protocolos de ingreso y de salida del equipo de protección y lo necesario para salvaguardar la salud de los sacerdotes. Además, ordinariamente los enfermos que están en sus casas suelen no estar graves.

“En los hospitales los presbíteros, que deben cumplir cierto perfil y recibir capacitación, atienden a los enfermos delicados que requieren el apoyo del oxígeno y demás, pero también a quienes se encuentran muy graves e intubados.

“Otra tarea de los sacerdotes ha sido la de ser nexo con las familias en los hospitales que así lo permiten, ahí los padres hacen videollamadas con los familiares y hacen un trabajo de enlace, de contacto con las familias y el enfermo”, explica el padre Gustavo.  

“También se atiende el personal de salud porque después de 8 meses de pandemia en México ya se siente el cansancio y el agotamiento, también a ellos tratamos animarles y darles un poco de motivación”.

Es decisión de la familia

Cuando por desgracia una persona muere por covid, el área de trabajo social de los hospitales propone a los familiares la posibilidad de celebrar las exequias.  “Los sacerdotes tienen la disposición para ello, es decir,  está dispuesto para celebrar las exequias y así ha sucedido en repetidas ocasiones. Se celebrarán las exequias en un arco de salida que le llaman, donde entregan los cuerpos sellados para llevarlos a las funerarias. Algunos hospitales han tomado como criterio institucional el no entregar los cuerpos sino las cenizas.

“Hay que señalar que las cenizas no implican ningún riesgo y con ellas los familiares van a las parroquias a pedir Misas de cenizas presentes lo cual está previsto en el ritual de exequias”.

El padre Gustavo enfatizó que la decisión de incinerar o enterrar a los difuntos corresponde a la familia. La de ley de salud prevé que en este tiempo, la familia debe ser consultada sobre cómo se les entreguen los despojos mortales de su ser querido. Algunas instituciones de manera arbitraria y sin diálogo con las familias les dicen que no les puedan entregar el cuerpo sólo cenizas, lo cual es un abuso porque están faltando a la verdad.

Celebraciones a distancia

El sacerdote explicó que “el ritual de las exequias prevé una forma breve con una introducción a la celebración, lectura de la Palabra de Dios, lectura de los responsos propios para encomendar el eterno descanso del alma del difunto. Esto, en el caso de las personas que fallecen por coronavirus se hace a través de una videollamada con la familia que a distancia, está viendo cómo el sacerdote hace el ritual.

“El Papa Francisco a través de la penitenciaría apostólica ha dispuesto la indulgencia plenaria para todos los pacientes que han muerto por COVID-19. Así que los familiares deben de sentir paz y tranquilidad en su corazón por sus familiares que reciben esta gracia bellísima de parte de la Iglesia y de parte de Dios”, P. Gustavo Alexis Márquez.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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