Home / Contigo en casa / Celebración de la Palabra ¿Cuál es mi misión en la vida?

Celebración de la Palabra ¿Cuál es mi misión en la vida?

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

ORDINARIO XXX

¿PARA QUÉ ME PUSO DIOS

AQUÍ Y AHORA?

¿Cuál es mi misión en la vida?

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

Demos gracias a Dios de todo corazón por el don de la vista porque hemos recibido ojos sanos… Y no estamos hablando sólo de los ojos del cuerpo…

Hoy el Señor parece preguntarnos: ¿Ven ustedes con los ojos del corazón lo que les estoy pidiendo?  ¿Ven ustedes el camino que les he mostrado?  ¿Ven ustedes a la gente que he colocado en su camino, y son ustedes conscientes de sus hambres y necesidades?  ¿Ven ustedes la belleza del mundo que yo creé, y están ustedes dispuestos a conservarlo como una maravilla para ustedes y para sus hijos?

Hoy podemos descubrirnos ciegos a estas realidades y perdidos en nuestro camino de seguimiento al Señor…

Pidamos al Señor en esta celebración que nos “llame” para “levantarnos” y que abra nuestros ojos para que sepamos “ver” a Dios y a su pueblo y podamos seguirlo por el camino que nos señala…

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: Estamos reunidos en el nombre de Jesús, de quien el Padre dijo: “Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy.”

La gracia y la paz de Jesús, el Señor, esté siempre con ustedes. 

Todos: Y con tu Espíritu.

GUIA: Reconozcamos que con frecuencia hemos estamos inmóviles y que hemos sido ciegos para descubrir que Dios está cercano a nosotros, en nuestro mundo, en nuestro trabajo, en nuestros hermanos… pero no lo percibimos… Por eso, necesitamos buscar el perdón del Señor. (Pausa)

•      Señor Jesús, dejé de ver las necesidades de los miembros de mi familia: Señor, ten piedad.

•      Cristo Jesús, tantas veces no supe percibir el hambre de afecto, el ansia de justicia y de dignidad humana de amigos y vecinos: Cristo, ten piedad.

•      Señor Jesús, tantas veces no supe percibir el deseo sincero de gente cercana y lejana de conocerte y seguirte aun cuando no fueran conscientes de ello, y no los conduje a ti: Señor, ten piedad.

GUIA: Ten misericordia de nosotros, Señor, y perdona todos nuestros pecados.  Abre nuestros ojos para que descubramos tu amor y las necesidades hermanos y llévanos a la vida eterna.

TODOS: Amén.

GUIA: Dios Todopoderoso y Eterno, aumenta en nosotros la fe, la esperanza y la caridad, y, para que merezcamos alcanzar lo que nos prometes, concédenos amar lo que nos mandas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que con él vive y reina, por los siglos de los siglos.

TODOS: AMÉN.

Se ofrece un resumen de las lecturas para ayudar a quien guía y a quienes leerán a subrayar la parte primordial que ayude a descubrir su mensaje unitario. Pero, las lecturas han de leerse íntegramente durante la celebración.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

Jeremías 31,7-9: En la hora más obscura del desmoronamiento de todas las estructuras políticas y religiosas por el destierro a Babilonia, el profeta anuncia – con esperanza – que Dios reunirá a los dispersos, enfermos y débiles, los hará ir hacia él con alegría… Promete consolarlos y cuidarlos… Será un padre para ellos…

Salmo 125: El Señor cambió nuestra suerte, transformó el sufrimiento en alegría, nos hizo cantar, nos hizo volver con frutos… Hasta los gentiles pueden reconocerlo…

Hebreos 5, 1-6: Jesús, por voluntad de Dios, es nuestro sumo y eterno sacerdote… Él nos comprende y ofrece sacrificios por nuestros pecados…

Marcos 10, 46-52: Jesús hace ver a un ciego que le suplica lleno de confianza que tenga misericordia de él, Jesús lo manda llamar, él deja su manto y da un salto para ir hacia Jesús con quien sostiene un interesante diálogo, después de ser curado lo seguía por el camino…

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

1. ¿QUIÉN ES UN MISIONERO?

El misionero es aquel que se ha encontrado y ha desarrollado una relación personal de amor de amistad con Jesús, se ha convertido, ha aprendido su doctrina y se ha adherido a su proyecto, ha compartido el amor de amistad y la fe con un cercano grupo de “hermanos”, ha cultivado el amor hacia sus prójimos – especialmente los más alejados – y ha sido enviado por su amigo Jesús para ser testigo de su estilo de vida y de su resurrección…  Será testigo según sus características propias, partiendo de su experiencia de vida y de los dones que ha recibido de Dios y que ha cultivado para, luego, trasmitirlos…

De parte del enviado, se requiere un reconocimiento de sí mismo y un esfuerzo consciente y perseverante para desarrollarse y compartir lo que Dios ha sembrado en él; un misionero es un discípulo que se ha formado en la escuela de Jesús, ahí multiplica y hace fructificar sus dones y talentos, pues sabe que deberá compartirlos… Todos los bautizados debemos ser misioneros… pero, ¿cómo?

•      ¿Me he encontrado con Dios?  ¿Siento que me ama y que le pertenezco?  ¿En qué ámbitos de mi vida lo he dejado obrar?  ¿Cómo y en quién me ha transformado?

•      ¿Amo cada vez más a la iglesia concreta en la que estoy insertado?

•      ¿Siento que él me envía a cumplir una misión?

•      Repite varias veces: “Dios me ha puesto en este tiempo y en este lugar (nombra diferentes contextos) para ser su misionero”…

2. ¿CÓMO SE FORMA UN MISIONERO?

La formación para el misionero comienza por un reconocimiento de los dones que Dios le ha dado y de sus procesos internos… ¿cómo llegar a ser esa semilla de mostaza que nace, crece y logra un desarrollo pleno?  El misionero necesita ser una persona en vías de crecimiento constante e integral, para poder compartir esa experiencia con sus hermanos… No basta con que madure afectivamente o con que cultive una espiritualidad profunda, también debe formarse doctrinalmente y aprender técnicas pedagógicas y pastorales… ¿Cuáles de esos requisitos ya cultivo y/o poseo?  ¿Cuáles me faltan?  ¿Estoy dispuesto a compartir sinceramente mi vida con mis hermanos de Pequeña Comunidad de Fe, a tener dirección espiritual, a hacer procesos de psicoterapia, etc.?

Si yo quiero desarrollar esa “plenitud” debo primero reconocer en qué situación me encuentro y en “dónde” estoy “atorado” en mi crecimiento, qué asuntos no he resuelto aún, qué miedos no he enfrentado todavía… Debo saber que trabajar en mi madurez integral-humana me pide un conocimiento de mis emociones, de mis fortalezas y debilidades, de mi estructura de carácter… Debo entender cómo he llegado a ser lo que soy, lo que Dios pensó para mí, y luchar para vencer los obstáculos que impiden mi pleno desarrollo como persona e hijo de Dios… Cuando un discípulo llega al conocimiento de su propio yo y está consiente que los dones que recibió ya tiene frutos para ofrecer a los demás, esos frutos servirán de alimento y medicina para sus hermanos… ¿Cómo me estoy formando y transformando integralmente?  ¿Qué frutos tengo y cuáles estoy compartiendo ya con mis hermanos?  ¿Qué libros leo y/o a qué cursos asisto para formarme como discípulo misionero?  ¿Me abro sinceramente ante quien me puede ayudar con su apoyo, confrontación, corrección y dirección?  ¿Estoy dispuesto a invertir tiempo y recursos para crecer en mi respuesta al llamado misionero que he recibido?

3. TODOS SOMOS TESTIGOS DE LO QUE LLEVAMOS DENTRO, EL MISIONERO TAMBIÉN

Como ya dijimos, en este proceso de maduración humana, cristiana y espiritual el discípulo necesita ser consciente de sus limitaciones para poder trabajarlas con la guía espiritual y con la ayuda de las ciencias humanas, como la psicología o la pedagogía.  Así logrará ser un mejor testigo ante sus hermanos de la resurrección que él ya ha experimentado… debe hacer un proceso en el que se “toquen” sus heridas desde la fe, para que rompa las conductas que lo destruyen o limitan y pueda llegar a sea una persona que ha sanado su propia historia, que ha sido salvada/rescatada de su vida pasada…  Y entonces podrá compartir con sencillez y alegría lo que ha recibido.  Evidentemente, este es un proceso constante de sanación para poder acompañar a otros en sus propios procesos sanadores; debemos empeñarnos, con la ayuda de Dios, en romper las cadenas de mal, los círculos de vicio que hay en nosotros, para poder transmitir la libertad interior que vamos alcanzando…  Sólo quien ha recorrido un camino interior, será capaz de compartir con los demás esta grata experiencia vivificante… ¿Cuándo hablo de mi religión, hablo sólo de teorías o comparto experiencias de conversión y transformación personales?  ¿Sé explicar y acompañar procesos de crecimiento integral?

Mencionamos que el punto de partida para toda misión es haberse encontrado profunda, íntima, amorosa y personalmente con Jesús, con su mensaje y con su comunidad… y haberse dejado no sólo cuestionar sino transformar profundamente… ¿Me pongo en las manos de Dios para que él me moldee como el alfarero moldea un jarro?  Recuerda que el barro no puede oponer resistencia… y que el alfarero es libre de hacer lo que le plazca… ¿Dejo que la palabra de Dios y la doctrina de la iglesia me vayan dando forma?  ¿Pongo mi vida transformada al servicio de los demás?

4. EL MISIONERO ES ENVIADO A UNA REALIDAD QUE NECESITA SER TRANSFORMADA, Y LO PUEDE HACER PORQUE HA SIDO TRANSFORMADO PRIMERO:

El proceso formativo del misionero no consta de un sólo momento inicial, sino que debe ser permanente e integral… Este proceso, espiral y ascendente, hace que el misionero pueda ver con ojos de misericordia la realidad y desde ahí busque una trasformación social que haga que el reino de Dios esté cada vez más presente ahí donde él vive y trabaja… Es natural que vaya contagiando su entorno de las cosas buenas que están ocurriendo en su vida… El misionero se preguntará, casi espontáneamente, qué necesita su comunidad y cómo puede responder, desde la fe, a esas necesidades… Por eso, preguntémonos: ¿Qué necesita mi patria en estos momentos en que muchas familias han perdido sus bienes y familiares?  ¿Qué necesita mi sociedad dañada por la violencia generalizada, los asesinatos, los secuestros, etc.?  ¿Qué debo hacer en esta sociedad envuelta en adicciones y evasiones de todo tipo, drogas, comida, casinos, etc.?  ¿Qué puedo aportar ante el vacío espiritual tan grande que vive nuestra gente?  ¿Cómo debo intervenir en esta cultura que nos va ahogando el espíritu?  ¿Cómo puedo animar a esta sociedad con tanta desconfianza y miedo a todo y a todos?  ¿Cómo puedo promover el espíritu comunitario cuando parece que todos quieren replegarse en el individualismo?  ¿Qué debo hacer para incentivar la capacidad de reflexión y de vivir en profundidad?  ¿Qué debo hacer para que la política vuelva a ser para el bien común?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.     Piensa que la mejor ayuda que puedes dar a las misiones de la iglesia por el ancho mundo – además de una aportación económica y de unas oraciones – es realizar bien la misión particular que Dios te ha asignado aquí…

¿Cómo estoy cumpliendo esta misión?

(¿Sé cuál es la misión específica para la que Dios me tiene aquí y ahora?)

2.     En los momentos en que hables con tu Amigo Jesús a lo largo de esta semana, conversa sobre tus compromisos misioneros y comunitarios…

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, una Dios de unidad familiar, un Dios Rey que reina nuestras vidas.

Creo en un solo Dios…

GUIA: Roguemos a Jesús, que restauró la vista del ciego, para que con él sepamos ver las necesidades de nuestros hermanos dondequiera que ellos se encuentren. Digamos: “Señor, que nuestros ojos miren con tu amor”.

1.     Señor, mira los ojos de los niños que se abren a la vida; mira los ojos llenos de esperanza de los que creen en ti y en el futuro que les prometes. Llénalos a todos con tu luz. Con toda confianza te pedimos: “Señor, que nuestros ojos miren con tu amor”.

2.     Señor, mira la alegría en los ojos de los que saben cómo amar; mira los ojos llenos de odio de los que se sienten frustrados en la vida. Con toda confianza te pedimos: “Señor, que nuestros ojos miren con tu amor”.

3.     Señor, mira los ojos tristes de los que sufren; mira los ojos sin vida de los que son físicamente ciegos. Con toda confianza te pedimos: “Señor, que nuestros ojos miren con tu amor”.

4.     Señor, mira los ojos desalentados de los que se rinden ante las dificultades de la vida; mira también el ardor en los ojos de los que continúan luchando. Con toda confianza te pedimos: “Señor, que nuestros ojos miren con tu amor”.

5.     Señor, mira los ojos taciturnos de los que están cerrados a sus hermanos; mira los ojos llenos de lágrimas de los que hacen duelo por sus seres queridos difuntos. Con toda confianza te pedimos: “Señor, que nuestros ojos miren con tu amor”.

GUIA: Señor Jesús, concédenos la gracia de abrir nuestros ojos, nuestras manos y nuestro corazón y así podremos percibir el mundo y a nuestros hermanos con la misma mirada afable que tienes tú, que eres nuestro Señor por los siglos de los siglos.   

TODOS: Amén.

GUIA: Dios nos dice hoy que él es un Padre para con su pueblo… Junto con nuestros hermanos, dirijamos a él nuestra oración con las profundas palabras de Jesús.

TODOS: Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

“Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.
 

GUIA: Hemos meditado cómo el Señor da nueva luz a ojos sin vida.  Un ciego ve de nuevo y sigue a Jesús.

Que el Señor nos haga hombres y mujeres que captan la vida con ojos de fe.

Que el Señor nos ayude a ver el camino a seguir y a reconocerlo en nuestra vida.

Que nos dé la alegría de seguirlo.

Y pedimos la bendición de Dios todopoderoso Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos acompañe y fortalezca siempre en el camino de la vida.

¡Vayamos a servir al Señor en nuestros hermanos! 

TODOS: Demos gracias a Dios.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

Revisa También

Celebración de la Palabra: ¿Experimento la necesidad de acercarme a Dios y a su Salvación?

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, …