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Celebración de la Palabra: El Reino de Dios Lo construimos todos

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

DOMINGO XXVI T.O.

El Reino de Dios

Lo construimos todos

(¿Me pongo celoso de quienes hacen el bien sin ser de mi grupo?)

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

Es muy fácil desconfiar de los que son diferentes a nosotros, especialmente de las personas que viven y expresan su fe de manera distinta nosotros… A veces, sólo por eso, llegamos a desacreditar a algunas personas o el bien que ellas hacen.  Pero Dios nos enseña a mantener la mente y el corazón abiertos y sin prejuicios y a reconocer lo bueno que hay en los demás y en sus obras, sean ellos quienes sean.  El mismo Espíritu es quien trabaja en nosotros y en todos los que hacen el bien.

Hoy seguimos siendo aquejados por la pretensión de exclusividad y el consecuente sentimiento de superioridad: mi familia o mi clan van primero, los demás no cuentan; mi país por encima de todo y de todos; mi tribu o mi raza, no el resto; mi clase social o tribu urbana solamente, desprecio a los demás; mi modo de vivir mi religión es el único válido, los demás son pecadores, superficiales, herejes o paganos…  De aquí provienen las guerras, las rivalidades, las condenaciones.  ¿Dónde queda la universalidad de la Iglesia?  ¿Aceptamos o no al Espíritu que trabaja en todas partes?  ¿Somos conscientes de que esto es un escándalo para el mundo?

Pidamos en esta celebración que el Señor que, a la luz de sus enseñanzas, seamos capaces de reconocer lo justo, lo bello y lo bueno que diferentes hermanos aportan para el bien común de nuestra iglesia y nuestra sociedad…

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: Hay variedad de dones que proceden del mismo Espíritu; hay diversidad de servicios dirigidos a un mismo Señor; hay muchas formas en las que trabaja el mismo Dios.  Y a cada uno de nosotros el Espíritu nos da diversos dones para el bien de todos.

El Señor Jesús, dador del Espíritu, esté siempre con ustedes. 

Todos: Y con tu Espíritu.

GUIA: En silencio, pidamos al Señor que perdone nuestra estrechez de miras, nuestros celos, nuestros prejuicios y nuestra cortedad de mente y que nos haga más capaces de formar comunidad.  (Pausa)

•      Señor Jesús, tu Espíritu Santo inspira y mueve a muchos a obrar el bien y nosotros, a veces, no lo reconocemos o nos ponemos celosos de quienes hacen el bien:  Señor, ten piedad.

•      Cristo Jesús, a veces no hemos apoyado a tus discípulos y apóstoles ni siquiera con un vaso de agua: Cristo, ten piedad.

•      Señor Jesús, a veces escandalizamos a los pequeños en la fe y nos autosaboteamos para seguirte más comprometidamente:  Señor, ten piedad.

GUIA: Ten misericordia de nosotros, Señor, perdona nuestros pecados de superioridad e intolerancia, ábrenos a la guía de tu Espíritu y llévanos a la vida eterna. 

TODOS: Amén.

GUIA: Oh Dios, Padre nuestro, derrama sobre nosotros y nuestros hermanos

el Espíritu vivificante de tu Hijo.

Que abra nuestras mentes para que captemos la belleza y la verdad de tus enseñanzas. Que abra nuestros corazones para que podamos aplicar con valentía su Palabra. Que aprendamos a mostrar un amor respetuoso y tolerante.

Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. 

TODOS: AMÉN.

Se ofrece un resumen de las lecturas para ayudar a quien guía y a quienes leerán a subrayar la parte primordial que ayude a descubrir su mensaje unitario. Pero, las lecturas han de leerse íntegramente durante la celebración.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

Números 11, 25-29: El Espíritu de Dios inspiró a Moisés y también a otros, es que los dones de Dios no son para ser monopolizados ni guardados celosamente por unos pocos, sino que son para el bien de todos… Ojalá todos en el pueblo de Dios fueran profetas…

Salmo 18: La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma, es inmutable, hace sabio al sencillo, es santa, es siempre estable, es verdadera y justa… Aunque nos esforcemos en cumplirla, nos equivocamos, perdónanos Señor y presérvanos de la soberbia y del orgullo…

Santiago 5, 1-6: Santiago advierte claramente a los ricos que sus bienes deben ser administrados con responsabilidad y justicia.  Si no la hacen, el día del juicio, sus posesiones, si no las han usado para hacer el bien en favor de sus prójimos, especialmente los más desvalidos, darán testimonio contra ellos…

Marcos 9, 38-43. 45. 47-48: Jesús enseña a sus discípulos a apreciar el bien hecho por los otros sin importar quiénes sean, a ayudar a los que son de Cristo, a que no escandalicen a los sencillos y a evitar el mal cueste lo que cueste…

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano
[El texto del evangelio de hoy sigue inmediatamente al que meditamos el domingo pasado.  Y volvemos a constatar que los apóstoles continúan sin entender el mensaje de Jesús.  Por eso, debe corregir sus pretensiones de superioridad que no abonan a la unidad (amor) entre sus seguidores, sino que siembran la discordia entre ellos.  Jesús no excluye a nadie, ni siquiera a los pecadores o endemoniados, de la misericordia de Dios.

No se trata de que aprendamos a tolerar lo malo que hay en los demás sino de que podamos descubrir lo bueno que hay en cada uno y de que busquemos la unidad no sólo en la doctrina (teoría) sino con las obras (práctica)…

En este evangelio también se coleccionan una serie de frases en estilo semítico que contienen enseñanzas de Jesús.  “Si tu mano/ojo/pie te hace caer…” Con estas sentencias que, obviamente no se deben tomar en sentido literal, parece que se quiere subrayar que todo es relativo cuando se trata de hacer el bien a las personas como lo hizo Jesús…

En resumen, recibimos (al menos) tres enseñanzas de la Palabra de hoy: a) No debemos ponernos celosos de quienes participan en otros grupos o cultivan otra espiritualidad sino que debemos descubrir y cultivar lo que nos une a ellos, b) Siempre debemos apoyar a los que son de Cristo, aunque sea con un vaso de agua y c) Debemos evitar el poner “trampas” a quienes aún no tienen una fe adulta o a nosotros mismos, pues lo más importante es seguir a Cristo y servirlo en todos sin distinción.]

Jesús enseña a sus discípulos que todos pueden colaborar en la construcción del Reino… Pues éste no es monopolio de nadie… ni siquiera de sus seguidores, los cristianos… Ya lo había dicho Moisés: “Ojalá que todos fueran profetas”…

A veces pensamos que el Reino se construye con grandes obras heroicas, y es verdad pero, también con detalles simples y cotidianos: Hasta simplemente dar un vaso de agua en nombre del Señor, salir de nuestro aislamiento e individualismo, colaborar con otros (aunque no sean cristianos o tan practicantes como nosotros) en tareas comunitarias, etc…

El Reino tampoco crece solo; hay que ser generosos e invertir en él: nuestro tiempo y nuestros bienes, nuestro cuerpo e incluso nuestro bienestar… Los ricos de que habla Santiago hoy no quieren colaborar con los demás, no comparten, son tacaños y por eso quedarán fuera del Reino, se lamentarán y llorarán…

¿Qué estoy dispuesto a invertir para que el Reino crezca?  ¿De qué objetos, proyectos o personas no me quiero deshacer para que Dios Reine en mi vida?  ¿Me da miedo invertir en el Reino de Dios?

Las lecturas de este domingo nos invitan a colaborar con todos en la construcción del Reino unidos en comunión… ¿Qué actitudes debo desarrollar para sumar entre nosotros para y trabajar por el bien común?

Nos urge reflexionar sobre cómo algunas veces no sabemos trabajar en comunión… ¿Con quién me gusta trabajar: con los de siempre o admito nuevas personas y modos de intervenir?  ¿Admito las buenas ideas que provienen de personas no cercanas a mí?  ¿Valoro lo que aportan personas/organizaciones/partidos distintos?  ¿Sé reconocer lo bueno, bello y verdadero que aportan otras personas a mi vida y a nuestros proyectos comunitarios?   De acuerdo al plan de Dios, ¿qué actitudes nuevas debo desarrollar?  ¿Necesitaré ser más abierto, incluyente, flexible, comunitario?  Etc.

Las preguntas anteriores quieren motivarnos a desarrollar una Espiritualidad de Comunión con un sentido práctico… A aprender a valorar y tomar como algo bueno lo que aportan los demás para unirnos a la tarea de apoyar todas las iniciativas que llevan a la construcción del reino de Dios, desde todos los diferentes sectores eclesiales, ecuménicos, sociales, interfamiliares…

Ante este desafío, sentimos la necesidad de desaprender y reeducarnos para ver, escuchar y aceptar con el corazón lo bueno de los demás… Fuimos educados en un mundo de competencia: aprendimos que nuestro equipo era el mejor, que nuestra iglesia era la mejor, que nuestra familia era la mejor, que nuestro partido era el mejor… Lo más probable es que hayamos asumido todo esto de modo acrítico y sigamos defendiendo acérrimamente estas posturas… El reto de hoy es aprender a vivir y trabajar en comunidad y en comunión.  Y, para esta tarea, debemos reconocernos a nosotros mismo como iguales a los demás sin que nos importe el color de piel o de ideología.  La única condición válida es trabajar por el bien común, nosotros desde la fe y otros desde sus propias opciones…

Por último, constatemos, mirando a nuestro alrededor, que muchas iniciativas que hubieran podido beneficiar a la comunidad han sido desestimadas o prohibidas simplemente porque no las propusieron “los nuestros”… Esta actitud ha dañado al bien común porque no sabemos sumarnos al trabajo con objetivos comunes y con personas que no son como nosotros… Esto ha sucedido, y seguirá sucediendo, si no descubrimos que el reino de Dios es más grande que nosotros y no sometemos nuestros propios criterios a los del Señor y su Reino… Incluso, muchas veces, queremos manipular el Reino y no servirlo… ¿Tengo algunos ejemplos concretos?  ¿Soy servidor de Señor o de mis gustos e ideas?  ¿Sirvo a Dios o a las instituciones?  ¿Las instituciones/grupos que defiendo sirven a la construcción del reino de Dios?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS PARA ESTA SEMANA:

1.     Haz un examen de conciencia sobre tus actitudes y comportamientos en el trabajo en común por construir el reino de Dios:

¿Tengo la capacidad de integrarme para trabajar junto con otras personas para el bien de los demás (En la familia, en el trabajo, en la escuela, en la parroquia, etc.)?

¿Promuevo la armonía en los equipos con los que trabajo?

¿Sé delegar funciones?  ¿Busco un protagonismo exagerado?

¿Me relaciono positivamente con los miembros de mis equipos reconociendo sus cualidades e incluyendo sus aportaciones?

¿Colaboro con entusiasmo, aunque las propuestas hayan sido hechas por otras personas o sólo impulso mis propios proyectos y los de mi grupo?

¿Movilizo mis conocimientos, destrezas, aptitudes y experiencia para lograr las metas del trabajo en común?

Después de este examen de conciencia… viene el propósito de enmienda:

¿Qué cambios debo hacer para poder ser un constructor del reino de Dios en mis comunidades?

2.     En tu oración de esta semana pide al Señor la fuerza necesaria para salir de tu aislamiento egoísta y par que puedas trabajar, junto con otras personas, por el bien común…

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, una Dios de unidad familiar, un Dios Rey que reina nuestras vidas.

Creo en un solo Dios…

GUIA: Roguemos al Padre por las personas cercanas o lejanas, conocidas o desconocidas, y digámosle:

“Señor, que tu reino venga para todos”.

1.     Por nuestra Iglesia, para que lleve perdón y amor a todos, acoja a todos, cuide a todos e inspire a todos con el afable poder del Espíritu Santo.  Oremos: “Señor, que tu reino venga para todos”.

2.     Por los gobernantes, los líderes sociales y los empresarios, para que se preocupen igualmente de ricos y pobres y para que todos los pueblos y naciones participen con justicia de las riquezas de esta tierra.  Oremos: “Señor, que tu reino venga para todos”.

3.     Por los que son perseguidos a causa de su fe y por los profetas que fueron  inspirados por el Espíritu y que han olvidado lo que realmente importa a los ojos de Dios.  Oremos: “Señor, que tu reino venga para todos”.

4.     Por los legisladores, para que el Espíritu les inspire e impulse a elaborar leyes justas y razonables, y por quienes promueven la justicia y la libertad para que la gente corresponda a sus esfuerzos.  Oremos: “Señor, que tu reino venga para todos”.

5.     Por los marginalizados y las víctimas de la discriminación para que nuestras comunidades los acojan y acepten plenamente como verdaderos hermanos.  Oremos: “Señor, que tu reino venga para todos”.

GUIA: Padre, haz que nuestro amor sea tan generoso y magnánimo como el amor que tú nos has mostrado en tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor. 

TODOS: Amén.

GUIA: Desde la variedad de dones y tareas, sintámonos uno en el Espíritu Santo para dirigirnos al Padre con la oración de Jesús.

Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

“Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.

GUIA: Moisés ya deseaba que todo el pueblo de Dios pudiera profetizar…

Cristo nos enseña a descubrir el bien no importa de dónde o de quién venga.

Sabemos que el Espíritu nos guía para renovar este mundo y que podemos verlo trabajar en mucha gente que obra el bien.

Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre: Amén.

Vayamos a construir comunidad, unidos en el amor: Demos gracias a Dios.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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