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Celebración de la Palabra: La compasión nos lleva a superar la ley

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

ORDINARIO 6

(¿Qué me impide acercarme, tocar y limpiar a los “leprosos” de hoy?)

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

En todas las celebraciones de la Iglesia se resaltan aspectos de nuestra ser comunitarios…  ¿Hasta qué punto somos relámete una comunidad completa en torno a Cristo?

Quizás falten aquí hermanos, porque no se sienten aceptados.  Quizás son demasiado pobres para lucir bonita indumentaria o temen que los menospreciemos por su incapacidad o deficiencia social o mental e incluso física o moral…

¿Por qué nuestra comunidad no se abre suficientemente para integrarlos y para liberarlos de sus temores y soledad?  ¿Estamos dispuestos a reintegrar a todos a la comunidad, como hoy nos enseña Jesús con su palabra y sus acciones?

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: Todo lo que hagan, háganlo para la gloria de Dios.  Sean amables con todos.  Tomen a Cristo como su modelo.

Jesucristo, el Señor, esté siempre con ustedes. 

Todos: Y con tu Espíritu.

GUIA: En silencio y con humildad, pensemos en las veces en que nos hemos quedado indiferentes cuando el Señor nos tocaba con su poder de sanación.  Pidamos perdón al Señor.  (Pausa)

•        Señor Jesús, tú nos dijiste: “Por supuesto, quiero que te sanes” cuando nos tocaste con tu mano que perdonaba.  TODOS: Señor, ten piedad.

•        Cristo Jesús, tú nos dijiste: “Desde luego, quiero que te sientas limpio”, pero nosotros no te permitimos que nos tocaras y que cambiaras nuestro corazón.  TODOS: Cristo, ten piedad.

•        Señor Jesús, tú nos dijiste: “Naturalmente, quiero que te integres plenamente en tu comunidad”, pero nosotros no nos hemos quitado las etiquetas unos a otros. TODOS: Señor, ten piedad.

GUIA: Impón sobre nosotros tu mano sanadora, Señor, líbranos del contagio del pecado, haz que nos integremos a tu iglesia y llévanos a la vida eterna.  R/ Amén.

TODOS: Amén.

GUIA: Dios de misericordia y compasión, los enfermos, pecadores y marginados reconocieron y se acercaron a tu Hijo, con plena confianza, como a su Señor y su Salvador.  Y así pudo sanarlos.

Ayúdanos a hacer lo mismo que él, que acojamos a los leprosos modernos, a los sentenciados y excluidos para que recuperen su autoestima, su esperanza y su valor indestructible para que vuelvan a ser plenamente humanos y hermanos nuestros.

Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. 

TODOS: AMÉN.

Se ofrece un resumen de las lecturas para ayudar a quien guía y a quienes leerán a subrayar la parte primordial que ayude a descubrir su mensaje unitario. Pero, las lecturas han de leerse íntegramente durante la celebración.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

Levítico 13, 1-2. 4-46: Por una cuestión de sobrevivencia, las personas con afecciones graves y desconocidas en la piel eran declaradas impuras y debían ser expulsadas de la comunidad…

Salmo 31: Quienes reconocen ante el Señor su culpa son perdonados de sus delitos y pecados… por eso se alegran y lo aclaman…

1 Corintios 10, 31-11,1: Seamos imitadores de Cristo procurando glorificar a Dios y dar buen ejemplo a todos para que se salven…

Marcos 1, 40-45: Jesús “quiere” sanar al leproso: deja que se le acerque, siente compasión por él, lo toca, lo limpia de su enfermedad y lo envía a que lo declaren puro… Y se queda en su lugar.  Aun así, la gente lo buscaba…

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

[Continuamos meditando el primer capítulo de Marcos, en el que se describe la manera habitual de actuar de Jesús: va predicando y expulsando los demonios.  En medio de esta multitud de sanaciones, se resalta una de ellas: la de un leproso anónimo.

La primera lectura nos da el contexto para comprender el por qué los leprosos eran marginalizados.  Las enfermedades desconocidas ponían en peligro la supervivencia de aquellas frágiles comunidades antiguas y, por eso, debía haber leyes que protegiesen a los sanos del contagio y de la muerte.  Era conveniente poner en boca de Dios la prohibición de convivencia a quienes presentaran síntomas en su piel.  De ahí le viene a la “lepra” la connotación de pecado y la consecuente exclusión de la sociedad y de la participación en el culto religioso.]

El evangelio de hoy nos presenta a un leproso que se atreve a transgredir la ley del Levítico y desafía a Jesús a ir más allá de la misma, a crecer y a ultrapasar sus propios límites… Se acerca de rodillas a Jesús, con confianza y humildad, y le dice: “Si tú quieres…”

Jesús no lo rechaza, sino que acepta su invitación y le responde: “Sí, quiero…”  Lo limpia, le devuelve la dignidad, lo reintegra en la sociedad y le hace posible participar de nuevo en la vida religiosa de su pueblo… Utiliza la compasión para enseñarnos otra manera de entender a Dios y al ser humano y otra manera de tratar al contaminado, impuro y solitario…

Jesús que es misericordioso y compasivo (adjetivo que en el Nuevo Testamento sólo se aplica a Dios y a Jesús) nos da una percepción diferente de la que se tenía en la Antigua Ley sobre la segregación por enfermedad… En la antigüedad el sacerdote, con su declaración de impureza, separaba y, en los tiempos nuevos, Jesús nos enseña a entender la enfermedad como algo que nos une y no como algo que rompe la hermandad…  Jesús lucha contra la antigua visión que reducía las personas a un sólo aspecto de ellas… Esta visión reductiva nos lleva a juzgar a las personas basándonos sólo en un detalle, sea comportamental, sexual, familiar, situación sociocultural o económica, etc.

“Jesús extendió su mano y lo sujetó”… Jesús viola la ley para hacerle el bien y corre el riesgo de contagiarse, no sólo de la enfermedad, sino, sobre todo, de la exclusión social y religiosa.  De hecho, Jesús se convierte en un marginal, “ya no podía entrar libremente a ninguna población”… Esto es una invitación a desarrollar una actitud valiente del quien cuestiona y rompe algo decretado… ¿Existen personas marginalizadas en nuestra sociedad y en nuestra iglesia por ser “leprosos” y “pecadores”? ¿Existirán también personas que, cuestionando leyes injustas y tradiciones opresoras, nos invitan a romper ciertos paradigmas? ¿Qué hago al respecto?

En la segunda lectura, San Pablo nos invita a imitar a Jesús.  Si Él desafía las leyes antiguas por amor y compasión, nosotros también los hemos de hacer…

Y en el salmo se nos ayuda a ampliar el concepto de la lepra que no es sólo física, sino también moral y comportamental… ¿Me doy cuenta que yo también soy un “leproso” aceptado, tocada y perdonado por el amor misericordioso de Dios?

A través de la historia, con este “si tú quieres” se han roto la esclavitud, la discriminación racial y femenina, etc… ¿Qué otros “decretos” podrás romper “si tú quieres”?  ¿Qué desafíos me plantean hoy las personas y los grupos marginados? ¿Sigo considerando, como los fariseos, que la ley está por encima de la dignidad del ser humano?

Hoy somos desafiados a desarrollar una compasión capaz de reintegrar a la comunión a quienes están marginalizados, aunque, al final, seamos criticados y segregados nosotros también… ¿Acepto este desafío? ¿Acepto contagiar amor, libertad, salud, fe y alegría de vivir aunque sea mal juzgado, incomprendido y relegado?

TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1.      Haz un ejercicio de empatía y de “acercamiento” con los “leprosos” modernos, los marginados, enfermos, pecadores, viciosos…

¿Cómo creo que se perciben a sí mismos?

¿Qué me piden? ¿En qué me dicen “si tú quieres puedes aceptarme, limpiarme y re-integrarme”?

Si yo estuviera en sus zapatos, ¿qué le pediría a la Iglesia y a los cristianos?

2.      Date cuenta de tus visiones reductivas del ser humano, de tus paradigmas anticuados (¡Del Antiguo Testamento!) e inservibles actualmente…

Por ejemplo:

a) ¿Justifico abusos o malos usos de los bienes de la creación?

b) ¿Pienso que los pobres son pobres porque son flojos?

c) ¿Creo que el pasado nos condiciona absolutamente y que, por lo tanto, no podemos crecer y liberarnos?

d) ¿Opino que hay personas que no merecen relacionarse conmigo ni con la “gente buena”?

¿Cuáles más descubres en tu vida personal y familiar?

3.      Anímate a tocar un “leproso”… En base a lo que hemos reflexionado, ¿qué puedes hacer para acercarte y ayudar a limpiar y reintegrar a alguien marginalizado?

4.      Todos estos días pide a Jesús que puedas desarrollar en ti su modo de ser abierto y compasivo… Dile: “Si tú quieres, puedes hacerme como tú: autocrítico, compasivo, amable, valiente…

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, una Dios de unidad familiar, un Dios Rey que reina nuestras vidas.

Creo en un solo Dios…

GUIA: Oremos al Padre de todos, pues él nos quiere felices y que incluyamos a todos en nuestras súplicas. Y digámosle: Señor, si quieres, puedes limpiarnos.

1.      Por todos los miembros del Pueblo de Dios, para que no nos aislemos del mundo ni erijamos muros para mantener alejados a otros hermanos, sino que compartamos el amor de Dios con todos, roguemos al Señor.

TODOS: Señor, si quieres, puedes limpiarnos.

2.      Por nuestro país, para que la preocupación por los débiles y los pobres sea nuestro honor y sano orgullo y para que todos trabajemos sin descanso por la justicia y la dignidad humana, incluidos especialmente los últimos y los menos agraciados, roguemos al Señor.

TODOS: Señor, si quieres, puedes limpiarnos.

3.      Por las víctimas de la discriminación, por los que no tienen ni nombre ni fama, por los proscritos de la sociedad, por los enfermos y los ancianos que viven solos, para que, aun indefensos, confíen en Jesús, que también se hizo vulnerable por amor, roguemos al Señor.

TODOS: Señor, si quieres, puedes limpiarnos.

4.      Por los enfermos incurables, por los que tienen que vivir bajo la presión de la sospecha, del descrédito o de la calumnia, por aquellos cuya auto-confianza se ha visto erosionada por el duro juicio de otros, por los excarcelados y marginados, para que todos nosotros sepamos dirigirles palabras de sanación e inspirarlos con una nueva fe y una nueva esperanza, roguemos al Señor.

TODOS: Señor, si quieres, puedes limpiarnos.

5.      Por todos los aquí reunidos, para que seamos una comunidad en la que nos levantemos y apoyemos unos a otros con el amor compasivo, la bondad y el respeto que el Señor nos mostró, roguemos al Señor.

GUIA: Señor Dios nuestro, escucha nuestras súplicas, y danos un corazón suficientemente grande para acoger y amar a todos, en nombre de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. 

TODOS: Amén.

GUIA: Con Jesús nuestro Señor, oremos al Padre de todos, que hace brillar el sol por igual sobre los buenos y sobre los débiles. 

TODOS: Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

“Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.

GUIA: ¡Qué felices serían nuestras familias, nuestros grupos y nuestra comunidad si pudiéramos aceptarnos plenamente unos a otros tal como somos: sin condenar, sin juzgar , envidiar, ni mirar con malos ojos, sin menospreciar a nadie, sin intentar crear a los otros a nuestra imagen y semejanza!

Volvamos a nuestra vida cotidiana cultivando las cualidades de Jesús para que el amor misericordioso una nuestra convivencia.

Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo

descienda sobre nosotros y permanezca para siempre. 

Todos: Amén.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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