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Celebración de la Palabra: La Medicina que cura

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

ORDINARIO XIII

¿Vivo en plenitud?

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

En la Palabra de este domingo meditamos que Dios está a favor de la vida plena y nos invita a luchar, junto con él, contra sus dos grandes enemigos: la enfermedad y la muerte.  A pesar de que nosotros, si somos sinceros, o estamos enfermos o andamos medio muertos (o muertos).

Ya desde el Antiguo Testamento se nos asegura: “Dios no hizo la muerte” y el ministerio de Jesús y su resurrección son la prueba de que la muerte ha sido vencida desde su raíz.

Sabemos que la vida, aunque frágil y quebradiza, es el más hermoso regalo de Dios, pero experimentamos que la enfermedad nos anticipa y nos hace participar de la muerte (física) que llegará inevitablemente… Casi todos tenemos miedo a la muerte propia o de nuestros seres queridos,  ¿cómo podemos reconciliar esto con nuestra fe en un Dios que nos ha creado para Vivir?  ¿Estamos convencidos de que Dios está a favor de la Vida y es enemigo de la muerte?

No siempre lo percibimos claramente, pero, al menos, sabemos que desde que Cristo resucitó de entre los muertos, la muerte ha sido vencida y la muerte (de nuestro cuerpo) no es el final de nuestra historia porque hay otros niveles de Vida que sólo la fe nos hace descubrir.

Encontrémonos con Jesús aquí y ahora, en esta celebración, reafirmemos nuestra fe en él como Señor de la Vida, pidámosle que nos ilumine y que nos toque con su fuerza curativa y su poder revivificador. 

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: Estamos ahora reunidos en el nombre del Señor Jesús que nos trajo vida y salvación. Su gracia y su Vida estén siempre con ustedes. 

Todos: Y con tu Espíritu.

GUIA: Busquemos ahora, en un momento de silencio, el perdón del Señor: el pecado ha sido para nosotros la peor enfermedad y la peor muerte que nos hemos provocado a nosotros mismos y a nuestros hermanos.  (Pausa)

•        Señor Jesús, tú, moriste por nosotros y resucitaste derrotando a la muerte de una vez y para siempre: Señor, ten piedad.

•        Cristo Jesús, tú eres el dador de Vida.  Les devolviste la salud a los enfermos y reviviste a los muertos: Cristo, ten piedad.

•        Señor Jesús, tú eres el defensor de la Vida.  Curaste a los heridos por el pecado y les devolviste su esperanza y confianza: Señor, ten piedad.

GUIA: Que el Señor, que venció la enfermedad del pecado, nos libre de todas nuestras culpas, nos restaure a la plenitud de la Vida y nos lleve a la vida eterna. 

TODOS: Amén.

GUIA: Padre de todos los vivientes, tu Hijo Jesucristo tocaba a los enfermos y se curaban y vivían. Que él nos tome de su mano y nos levante del pecado y del desaliento.

Que en esta eucaristía él nos toque con su cuerpo y con su sangre y nos renueve y fortalezca de nuevo para que vivamos su vida y vayamos a ti por su mismo camino.

Que nos toque con la llama de su amor para que nuestro amor, a su vez, pueda reanimar a otros, especialmente a los pobres y a los que sufren.

Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que siendo Dios vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. 

TODOS: AMÉN.

Se ofrece un resumen de las lecturas para ayudar a quien guía y a quienes leerán a subrayar la parte primordial que ayude a descubrir su mensaje unitario. Pero, las lecturas han de leerse íntegramente durante la celebración.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

Sabiduría 1, 13-15. 2, 23-24: Dios nos creó para vivir en justicia, para vivir bien y para ser inmortales… Y el diablo, por envidia, introdujo la muerte en el mundo…

Salmo 29: El Señor nos libra del dolor, de la muerte y de nuestros enemigos… nos da alegría y gozo…

2 Corintios 8, 7. 9. 13-15: Dios nos invita a ser generosos como Jesús que se hizo pobre para enriquecernos a todos… quiere que compartamos para que vivamos todos como iguales…

Marcos 5, 21-43: Jesús cura a una mujer y resucita a otra, la hemorroísa y la hija de Jairo; a una se le iba la vida, la otra estaba “dormida”… Él quiere que nuestra fe nos alcance la Vida plena, que nos levantemos y vivamos en plenitud…

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

[En pasajes anteriores (y simplificando mucho), hemos visto a Jesús demostrando a su “nueva familia” que tenía poder sobre la naturaleza (calmando la tempestad) y sobre los espíritus inmundos (liberando al endemoniado de Gerasa).  Hoy demostrará que también tiene poder sobre la enfermedad (curando a la mujer hemorroísa) y sobre la muerte (revivificando a la hija de Jairo el jefe de la Sinagoga)…

Jesús cura a una mujer excluida de la vida social y religiosa por una interpretación rigorista de la ley de pureza (Cfr. Levítico 12 y 15) y le devuelve la vida a una niña cuya familia estaba sometida a una institución que no le daba sentido ni solución a su vida.  ¡Ambas tienen 12 años! Una de sufrir la enfermedad y otra la opresión. El número 12 representa a Israel; significa que Jesús está curando y ofreciendo una nueva vida a su pueblo…

La hemorroísa y Jairo están desesperados, ya no tienen a quien más acudir ni otros recursos y, sobre todo, ya no tienen tiempo.  Están dispuestos, incluso, a violar la ley y a ir en contra de las disposiciones de las autoridades religiosas de los judíos.  Jesús reconoce su fe-confianza y el valor que tienen y, con absoluta libertad, se coloca sobre todos los códigos sociales y religiosos: no le afecta que la antigua ley lo declare impuro por haber sido “tocado” por aquella mujer con hemorragia ni quedar contaminado por tocar un cadáver (Cfr. Números 19, 11.  En el Antiguo Testamento encontramos mínimo 26 declaraciones de cómo podía alguien quedar impuro por entrar en contacto con “cosas” inmundas, incluso sin que se diera cuenta).  Él rompe el tabú de la impureza; para él esas leyes ya no existen.  Jesús no es afectado por la impureza, al contrario, desencadena la salud y la vida, libera de complejos, miedos e inseguridades, y libera también de una religiosidad opresora e inhumana, consecuentemente, da la oportunidad de empezar de nuevo sintiéndose valorados y apreciados por sí mismos.

Estos relatos son simbólicos.  Lo que importa para cada uno de nosotros hoy es que él, con la libertad que nos ha manifestado en estos relatos, desata nuestra salud y Vida plena… Basta con que tengamos fe y que nos decidamos, a pesar de todos los obstáculos, a levantarnos…]

Según la Palabra de hoy, Dios nos llama a vivir en plenitud… sacando aprendizajes de nuestros fracasos, sintiéndonos impulsados a buscar la salud integral (física, emocional, espiritual y social), compartiendo generosamente nuestros bienes, acrecentando nuestra fe y confianza en Dios y preparándonos para enfrentar la muerte desde la perspectiva de Jesús… ¿Qué significa para mí vivir en plenitud?

Meditemos algunos puntos sugeridos por la Palabra:

1. Déjate salvar por Dios: Hoy podemos reafirmar nuestra fe en un Dios que nos acompaña en la vida ayudándonos a sortear y superar los problemas para que aprendamos de ellos… Dios nos ama tanto que quiere que cada crisis contribuya a nuestro crecimiento, de esta manera seremos capaces de ayudar a otros… Dios desea que lleguemos al Reino de los Cielos… ¿Cómo es el Dios en que yo creo?

2. Sé generoso: Un seguidor de Jesús no puede estar tranquilo si sus hermanos pasan necesidad… Un discípulo no está bien si su hermano está mal… Jesús nos compartió su vida divina, ¿yo qué comparto?  ¿Me dono a mí mismo?  ¿A quién le doy dinero y cuánto?  ¿Ayudo a la comunidad?  ¿Comparto mi tiempo o mis recursos con la Iglesia? ¿Concretamente que hago por la sociedad civil?

3. Ten fe: La mujer hemorroísa ha recorrido un camino buscando su curación; ha ido de médico en médico sin encontrar resultados… Se arrastra con su dolor, va gastando sus recursos económicos y va dejando la vida; va sobreviviendo y, cuando ya ha gastado todos sus recursos materiales, echa mano de sus recursos humanos y de su fe… y continúa… realiza un viaje interior y su fe no sólo la va sosteniendo sino que la hace arriesgarse a “robarle” un milagro a Jesús… Busca por muchos lados, finalmente, perdida y desanimada, pero con fe y confianza se acerca a Jesús como a escondidas… ¿Yo cómo y cuándo me acerco al Señor?  ¿En qué me siento identificado con esta mujer anónima?

4. Levántate y vive en plenitud: Jairo se acerca a Jesús y le suplica de rodillas un milagro para su hijita enferma; sabe tolerar con paciencia los tiempos de la hemorroísa y de Jesús a pesar de su propia urgente necesidad; cuando le comunican que su hija ha muerto, acepta la invitación de Jesús a la esperanza; enfrenta a los que estaban en el velorio y confía en las palabras de Jesús que dice que su hija no está muerta sino dormida; da de comer a la niña… ¿Vivo mis procesos como Jairo: me acerco, me arrodillo, suplico, espero, creo y obedezco?  ¿Mantengo la esperanza aún en medio de las situaciones más adversas?  Cuándo Jairo termina su propio proceso es capaz de ayudar, ¿yo me doy cuenta cuando ya conseguí lo que necesitaba y me ocupo de las necesidades de los demás?  ¿En qué me siento identificado con Jairo?

También nosotros, como aquella mujer menguada y como aquel padre de familia preocupado, estamos llamados a hacer un itinerario espiritual… Este camino nos llevará a encontrar en Dios el bien supremo que colma nuestras necesidades y nos libera para buscar el bien de quienes sufren a nuestro alrededor…

•        ¿Qué situación es para mí el disparador de ese itinerario espiritual?  ¿De qué necesidades parto?

•        La hemorroísa ya se había desilusionado de todo tipo de médicos y se acerca a Jesús con fe y esperanza; Jairo habla directamente con Jesús aunque sus jefes no lo aprobaban… ¿Dónde y cómo busco yo?  ¿Gasto mi capital (material y humano) en búsquedas inútiles?  ¿Hacia dónde voy yo?  ¿En qué paso estoy ahora?

•        La mujer llega a Jesús por detrás, Jairo llega de frente… ¿Yo cómo me acerco a Él?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS PARA ESTA SEMANA:

1.      Describe, por escrito, uno de tus procesos de acercarte a Jesús ante alguna dificultad o situación crítica en tu vida… ¿Lo haces como la hemorroísa o como Jairo?  ¿Qué aprendes?

2.      Medita de qué manera alguna dificultad en la vida te ayudó a iniciar un itinerario de fe.  Escribe tus resultados…

Te sugerimos que peregrines físicamente a un santuario o iglesia… y, mientras caminas, piensa en los problemas que tienes en este momento en tu vida… Descubre cómo pueden ser oportunidades de iniciar un itinerario espiritual; un camino para acerarte a Jesús para ser curado y levantado… Así podrás “dar de comer” a tus prójimos… Escribe tu experiencia y reflexiones…

3.      Aprovecha tu oración personal de estos días para – meditando en la primera lectura, en el salmo responsorial y en el evangelio – hacer una lista de algunas cualidades nuevas de Dios y de Jesús que no habías percibido antes…

Después, ve platicando con tu amigo Jesús sobre cómo puedes inyectar mayor vitalidad a tu vida cotidiana y cómo puedes “levantarte” de tus caídas y broncas… Escucha cómo Él te dice cada día: “Basta que tengas fe”, “Tu fe te ha sanado”, “Levántate, Talitá Kum”…

Finalmente, a la luz de la segunda lectura, descubre formas en las que puedes ayudar a tus prójimos…

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, una Dios de unidad familiar, un Dios Rey que reina nuestras vidas.

Creo en un solo Dios…

GUIA: Acabamos de renovar nuestra fe en un Dios que nos creó para la Vida.  Con esta confianza, encomendémosle las enfermedades del mundo y de la Iglesia.  Confiadamente, digámosle después de cada petición:

Señor de la vida, escucha nuestra oración.

1.      Para que la Iglesia continúe compasivamente el ministerio de curación de Jesús, confortando a los enfermos, liberando a los oprimidos y protegiendo a los pobres y débiles.  Oremos: Señor de la vida, escucha nuestra oración.

2.      Para que en aprendamos a compartir generosamente nuestros bienes y conocimientos especialmente con los que tienen menos y viven en angustiosa necesidad. Oremos: Señor de la vida, escucha nuestra oración.

3.      Para que el personal de la salud tenga un gran respeto por la vida y se sienta siempre motivado para cumplir su misión humana y cristiana.  Oremos: Señor de la vida, escucha nuestra oración.

4.      Para que la fe y la esperanza de los enfermos y moribundos sean firmes, cimentadas en la vida y la resurrección nuestro Señor Jesucristo y, que unidos a él, encuentren un sentidos a sus sufrimientos y, llegado el momento, descubran que la muerte física es el paso a la Vida definitiva.  Oremos: Señor de la vida, escucha nuestra oración.

5.      Para que en nuestras comunidades nos responsabilicemos los unos de los otros, nos tratemos con el amor del Señor y nos cuidemos y enriquezcamos mutuamente compartiendo nuestros los dones materiales y espirituales.  Oremos: Señor de la vida, escucha nuestra oración.

GUIA: Oh Dios, a ti debemos nuestra existencia, de ti nos viene todo lo bueno.  Ayúdanos a vencer al mal y a todas las formas muerte por medio de Jesucristo, nuestro Señor. 

TODOS: Amén.

GUIA: Oremos a nuestro Padre celestial con la plegaria de Jesús, que se hizo pobre para enriquecernos a todos entregándonos su vida:

TODOS: Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

“Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.
 

GUIA: hemos partido palabra y pan con el Señor…

Dios quiere que vivamos; y Jesús nutre nuestra Vida.

Procuremos vivir plenamente individual y comunitariamente.

El Dios todopoderoso nos bendiga, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Podemos ir a compartir unos con otros sus bienes materiales, la paz y el poder curador y salvador del Señor. 

Todos: Demos gracias a Dios.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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