Home / Contigo en casa / Celebración de la Palabra: ¿Me percibo a mí mismo como un apóstol con heridas, igual que mi Maestro?

Celebración de la Palabra: ¿Me percibo a mí mismo como un apóstol con heridas, igual que mi Maestro?

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

PASCUA III

SOMOS TESTIGOS DEL RESUCITADO

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

Nuestra fe en el Señor Resucitado es concreta: creemos que Jesús resucitó y que no es un “fantasma” sino alguien real y concreto con las cicatrices de sus heridas… ¿Es éste el Cristo en quien creemos, que camina con nosotros en el camino de la vida, que nos sostiene con su amor y fortaleza cuando tenemos problemas y nos sentimos heridos? ¿Es este el Cristo que hacemos presente con nuestro testimonio de vida?

Él nos “resucita” también a nosotros para que trascendamos nuestros problemas, temores y cobardías demos testimonio de sus enseñanzas y estilo de vida.
Para un cristiano, la vida es un proceso de morir y resucitar con Cristo.  La resurrección no es algo que nos ocurrirá cuando entremos a la morada de Dios después de nuestra muerte física.  La resurrección llega a nuestra vida cuando morimos a nuestros egoísmos y vivimos como Jesús ayudando a los demás…
Compartamos el banquete de resurrección de la Palabra meditada y del Pan de comunión.

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos y nosotros, que somos sus testigos, estamos reunidos aquí en su nombre.
El Señor Resucitado esté siempre con ustedes. 

Todos: Y con tu Espíritu.

GUIA: Si tuviéramos más fe en la constante presencia del Señor Resucitado caeríamos menos en el pecado.  En silencio y con humildad imploremos su perdón.  (Pausa)

• Señor resucitado, tú nos muestras tus manos y tus pies, pues estás cerca de nosotros. 

TODOS: Señor, ten piedad.

• Cristo Resucitado, antes de resucitar sufriste y te entregaste a la muerte para traernos perdón y paz. 

TODOS: Cristo, ten piedad.

• Jesús Resucitado, tú nos invitas a comer contigo para compartir con nosotros tu fuerza y tu vida. 

TODOS: Señor, ten piedad.

GUIA: Señor, por el poder de tu amor transfórmanos, perdona todos nuestros pecados y acompáñanos en el camino que nos conduce a la vida eterna. 

TODOS: Amén.

GUIA: Padre de los vivientes, no permitas que la muerte del pecado nos atrape para siempre, ya que tu Hijo nos ha hecho libres.
Que su vida se desborde en nosotros de modo que fluya entre los que nos rodean con obras de perdón compasivo y de generosidad sin medida.
Te lo pedimos por nuestro señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. 

TODOS: AMÉN.

Se ofrece un resumen de las lecturas para ayudar a quien guía y a quienes leerán a subrayar la parte primordial que ayude a descubrir su mensaje unitario. Pero, las lecturas han de leerse íntegramente durante la celebración.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

Hechos de los Apóstoles 3, 13-15. 17-19: Somos testigos de que Dios resucitó a Jesús… debemos arrepentirnos y convertirnos para que se borren nuestros pecados…

Salmo 4: Dios es mi defensor, Él me hace vivir tranquilo…

1 Juan 2, 1-5: Jesucristo, el justo, es nuestro abogado y la víctima de propiciación por los pecados del mundo entero… Sabemos que conocemos a Dios porque cumplimos sus mandamientos…

Lucas 24, 35-48: Cristo no quiere que tengamos miedo o dudas sino paz… Nos muestra sus heridas como confirmación de su identidad; Él tuvo que sufrir y morir para llegar a su resurrección… Nos abre el entendimiento para que comprendamos las escrituras y la necesidad de volvernos a Dios pues quiere que seamos testigos de estos acontecimientos con nuestra manera de vivir, morir y resucitar…

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano
[El evangelio de hoy presenta a Jesús vivo en medio de la comunidad y a los discípulos con miedo y dificultades para creer en la realidad de la resurrección.
Lucas insiste en el cumplimiento del AT.  Tengamos en cuenta que su comunidad estaba formada por judíos que necesitaban echar mano de sus escrituras para interpretar la figura y el destino de Jesús.  Así, sentían que todo había transcurrido según los planes de Dios por muy difícil o ilógicos que se hayan dado los acontecimientos.

También nos hace notar que la nueva forma en la que Jesús se hace presente en la comunidad no es como antes de su muerte física, sino que es mejor.  Ahora, con un entendimiento abierto para comprender las escrituras, lo pueden conocer verdaderamente y pueden compartir su Vida y el anuncio de la buena noticia de la conversión y el perdón de los pecados.

De hecho, en las lecturas de hoy vemos a los discípulos “resucitados”.  Antes estaban muertos de miedo, de cobardía, de prejuicios religiosos, de falsos mesianismos… Pero, ahora han resucitado y aparecen sumergidos en la acción misionera, llenos de valor, dejándose mover por el Espíritu…


De estos textos se desprenden tareas para cada uno de nosotros y la Iglesia entera, subrayemos dos:


• Acudir a las Escrituras con un entendimiento abierto, no sólo para conocer a Jesús teóricamente, sino para comprender el sentido de su vida-muerte-resurrección e identificarnos con él, para vivir su Vida y para transmitir su misericordia y su perdón.


• Dar al mundo la mejor prueba de la resurrección de Jesús: Resucitar como él cada día y hacerlo presente en medio de nuestras comunidades por medio del anuncio de su evangelio y la vivencia de su amor real y transformador.]

1. Las heridas vistas a la luz de Dios: Jesús muestra sus heridas a sus discípulos para que estén seguros de que es Él, que es la misma persona que era antes de morir en la cruz… Es el mismo, pero también es diferente y pleno…
Así, parece invitarnos a reconocer huellas de nuestra identidad en nuestras propias heridas… es una invitación a realizar un trabajo interior para identificarnos con su estilo de vivir y evaluar la vida, el dolor y la muerte… Las heridas dan identidad y sentido a nuestra vida… “El Hijo del hombre tenía que padecer” y nosotros también “tenemos” que padecer…


2. El escándalo del dolor: Para nosotros, como para los contemporáneos de Jesús, el dolor, las heridas y la muerte siguen siendo “escandalosos”… Pero, estas experiencias dan sentido a nuestro ser y quehacer…

3. Jesús vive este proceso y nos invita a vivir el nuestro a la luz de su resurrección: Así nuestras llagas pueden ser re-interpretadas… La vida no termina en la muerte, sino en la resurrección…


4. Nuestras llagas vistas a la luz de la resurrección nos hacen testigos del Resucitado: Sólo podemos ser testigos de aquello en lo tenemos experiencia… Jesús es testigo del Padre que salva a los seres humanos aún a través del dolor… y nosotros, ¿de qué somos testigos?


¿Cómo puedo aplicar estos cuatro pasos en mi vida diaria, especialmente frente a mis experiencias dolorosas?


¿Qué actitudes me ayudarán a aceptar lo negativo de la vida como lo hizo Jesús? Ver la vida siempre con fe; saber darle sentido al dolor desde los criterios de Dios; tener la capacidad de reflexionar para superar, incorporar y trascender las heridas; ayudar empáticamente al hermano que sufre desde mis experiencias dolorosas asumidas…


(Te sugerimos leer el libro “El sanador herido” de Henry J. M. Nouwen).


TE PROPONEMOS LOS SIGUIENTES EJERCICIOS PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS DURANTE LA SEMANA:

1. Date tiempo para responder cuidadosamente las siguientes preguntas:
¿Cómo interpreto toda mi vida a la luz de la resurrección?
¿Qué eventos dolorosos por los que he pasado me “escandalizan” tanto que no me dejan llegar a la aceptación de mis penas y dolores como redentores y que me impiden ser testigo de Jesucristo?
Jesús abrió el entendimiento de los discípulos… a mí, ¿qué me hace “comprender” de mi vida, de mi conversión y de mi apostolado a través de su Palabra en este día?


2. Las heridas de Cristo florecieron… de ellas surgió nuestra salvación… y de mis heridas, ¿qué cosas buenas han surgido para mí y para los que me rodean?
Realiza el siguiente ejercicio: Haz dos columnas en una página en blanco.  En una escribe las heridas más significativas de tu vida y en la otra los frutos que han surgido de ellas para tus hermanos…

3. En tu oración de esta semana, muéstrale a Jesús las heridas que aún no sanan en tu vida… Acepta los eventos que las produjeron… Agradécele que te pueden servir para ser más comprensivo y amoroso con los necesitados…
Pídele también que te abra el entendimiento para que comprendas el sentido profundo de las Escrituras y de tu misión…


Encomienda a quienes promueven la dignidad humana y luchan contra las injusticias, incluso dando la vida y no siendo bien vistos, para que sientan la fuerza del Espíritu y sigan mostrando a Dios y construyendo la verdadera iglesia del Resucitado…

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, una Dios de unidad familiar, un Dios Rey que reina nuestras vidas.

Creo en un solo Dios…

GUIA: Dios, Padre nuestro, sabemos que tú estás siempre dispuesto a ayudarnos, especialmente cuando somos inspiraos por tu Hijo Jesucristo.  Hoy queremos pedirte por la Iglesia y por el mundo diciéndote: Escucha a tu pueblo, Señor.

1. Te pedimos, Señor, que entre nosotros haya más fe y más confianza en el futuro, porque estamos seguros de que Cristo vive y está presente entre nosotros. Oremos: Escucha a tu pueblo, Señor.

2. Te pedimos, Señor, que tengamos una actitud más positiva hacia la vida en la tierra y mayor comprensión y solidaridad entre los pueblos y culturas, porque estamos seguros de que tú llamas a todos a la paz y a la amistad.

Oremos: Escucha a tu pueblo, Señor.

3. Te pedimos, Señor, que nos concedas generosidad para para promover el crecimiento de nuestra comunidad incluso a costa de sacrificios personales, porque estamos seguros de que tú amas a todos por igual.

Oremos: Escucha a tu pueblo, Señor.

4. Te pedimos, Señor, el espíritu de amor cristiano y de perdón hacia cada uno de nuestros prójimos, pues estamos seguros de que todos están invitados a participar de tu reino.

Oremos: Escucha a tu pueblo, Señor.

5. Te pedimos, Señor, que los bautizados sigamos las huellas de Cristo, ya que tenemos la certeza de que tú nos santificas.

Oremos: Escucha a tu pueblo, Señor.

6. Te pedimos humildad para nosotros, ya que estamos seguros de que Cristo no ha completado todavía su obra en nosotros y de que tenemos todavía mucho que aprender en esta vida.

Oremos: Escucha a tu pueblo, Señor.

GUIA: Dios, Padre amoroso, que tu Hijo Resucitado viva entre nosotros, en nuestras palabras y en acciones.  Escucha las súplicas de tu pueblo, a causa de Aquél que permanece contigo y con nosotros, Jesucristo, nuestro Señor. 

TODOS: Amén.

GUIA: Jesús está con nosotros y vive en la presencia del Padre para interceder por nosotros. Unidos a él oremos a nuestro Padre del cielo:

TODOS: Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

“Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.
 

GUIA: Cristo nos llama a ser testigos de su presencia entre nosotros.
Vivamos, pues, como nuevo Pueblo de Dios, con el entendimiento abierto para comprender las escrituras y la necesidad de nuestra constante conversión, llenos de fe, esperanza, amor y perdón mutuo. Y, para que podamos llevar este don al mundo, pedimos la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre. 

Todos: Amén.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

Revisa También

Su tristeza se transformará en alegría

Del santo Evangelio según san Juan 16, 16-20 Él se alejará en un cierto momento …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *