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Celebración de la Palabra: ¿Quién o qué gobierna mi vida?

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

T.O. DOMINGO XXXIV

¡VIVA CRISTO REY!

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

Cuando escuchamos la palabra “rey” nos imaginamos poder, riquezas, esplendor…  Pero, en la fiesta litúrgica de hoy, Cristo Rey, se nos presenta como un “rey” diferente…  Un hombre que lleva  una corona de espinas, a quien vistieron con un manto de púrpura para mofarse de él como si se tratase de un farsante…  ¿Dónde se puede encontrar el verdadero poder de Cristo como Rey?  En su verdad, la verdad para la que él nació y con la que él vivió, siendo siempre su testigo.

Esta fiesta de Jesucristo Rey del Universo es una oportunidad para agradecerle todo lo que nos dio en su vida y lo que nos ha compartido a lo largo de este año litúrgico.

También pensemos sobre lo que cambiaría en nuestra vida personal, familiar y social si dejásemos que Jesús gobernase nuestras vidas y nos rigiésemos por su ley del amor…

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: Jesucristo es nuestro Rey, Señor y Salvador,

el principio y fin de todo lo que existe, el que es, el que era y el que viene.

Que su paz y su gracia estén siempre con ustedes. 

Todos: Y con tu Espíritu.

GUIA: Examinémonos brevemente preguntándonos: ¿En qué medida hemos seguido a Cristo nuestro rey en su actitud de servicio, amor y verdad?  Y pidámosle perdón por nuestras inconsistencias.  (Pausa)

•      Señor Jesús, rey de nuestros corazones, tú te hiciste uno de nosotros

en la pobreza de un pesebre en una cueva de Belén:  Señor, ten piedad.

•      Cristo Jesús, rey de los hombres, tú viniste a ser el siervo de todos,

especialmente de los enfermos, los débiles y pecadores: Cristo, ten piedad.

•      Señor Jesús, rey del universo, tu amor llegó tan lejos y tan profundo

que te llevó a entregar tu propia vida por todos: Señor, ten piedad.

GUIA: Concédenos, Padre compasivo, tu perdón sanador y haznos participar en tu reinado ayudándonos a crecer en tu verdad, tu amor y tu espíritu de servicio.  Finalmente, llévanos a la vida eterna. 

TODOS: Amén.

GUIA: Dios, Padre nuestro, para mostrarnos que tú eres el dueño de todo y el Señor de todos los hombres, nos enviaste a tu Hijo como  humilde servidor que ofreció su vida hasta el extremo de morir en la cruz.

Ayúdanos a aprender de él que servir es reinar y que dar nuestra vida por nuestros hermanos es encontrar una alegría y felicidad que nadie nos puede arrebatar.

Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

TODOS: AMÉN.

Se ofrece un resumen de las lecturas para ayudar a quien guía y a quienes leerán a subrayar la parte primordial que ayude a descubrir su mensaje unitario. Pero, las lecturas han de leerse íntegramente durante la celebración.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

Daniel 7,13-14: El “hijo del hombre” recibirá un Reino sobre todos y para siempre, en él unificará al pueblo… Este texto preanuncia el triunfo de Jesús.

Salmo 92: El Señor reina con majestad y poder… desde siempre y para siempre… sus mandatos son fieles y seguro…

Apocalipsis 1, 5-8: Jesucristo, el Alfa y la Omega, nos ha salvado y hecho su pueblo sacerdotal, nos ha escogidos para participar en su victoria sobre el mal y la muerte, y volverá con poder para juzgar…

Juan 18, 33b-37: En el contexto de su juicio, Jesús le dice a Pilatos que sí es un rey, pero que su reino no se basa ni en la fuerza ni en la violencia… Y que pertenecen a este Reino los que aceptan libremente la verdad y escuchan su voz… Él vino para dar testimonio de la verdad hasta su muerte.

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

[La fiesta de “Cristo Rey” fue instituida por el Papa Pío XI en 1925, mediante la encíclica “Quas primas”.  Habían pasado tan sólo siete años desde el fin de la I Guerra Mundial en la que habían muerto millones de personas.  Eran tiempos de crisis económicas y conflictos sociales, de caída de antiguos regímenes y surgimiento de totalitarismos, la iglesia perdía autoridad como maestra y árbitro de las conciencias y de las naciones… El mundo parecía hacerse cada vez más secular, laicista, descreído y colocaba a la Iglesia al nivel de las otras religiones y en varios países fue sometida al poder civil…

Pío XI pensó que todo esto sucedía porque los individuos, las familias y las naciones se habían alejado de la ley de Cristo y que lo mejor que él podía hacer para contribuir al restablecimiento de la paz  era restituirle el imperio a Cristo (y a su iglesia)… A casi un siglo de esos acontecimientos, sabemos que colocar una fiesta litúrgica en el calendario, si no es reflexionada y “vivida”, contribuye poco para la resolución de los graves problemas que siguen aquejando nuestro mundo…

En 1970, durante la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II, se profundizó en el sentido de esta fiesta, se cambió la fecha de su celebración al último domingo del Año Litúrgico (originalmente se celebraba el domingo anterior a la fiesta de Todos los Santos) y se le modificó el título a “Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo”.

Compartimos algunas pinceladas del “nuevo” sentido de esta fiesta:

Cuando decimos que Jesús es Rey no lo decimos de forma literal sino que usamos una metáfora como tantas otras (puerta, agua, luz, pastor, vino, pan)… Cada una aporta un ángulo de comprensión de la persona de Jesús, de su misión, de nuestra relación con él, de la misión que nos comparte, etcétera, pero ninguna agota todo lo que él es.  Pues, en la que hoy nos ocupa, la realeza universal de Cristo, comencemos por decir que Jesús es un rey muy extraño, atípico, anti-rey y que su reino es el anti-reino… Tengamos mucho cuidado de no proyectar en Jesús nuestros propios anhelos (frustrados) de poder.  Veamos:

Jesús es un Rey que toca leprosos, que prefiere convivir con la gente normal, que lava los pies de sus discípulos, que no tiene dinero ni poder, su trono es una cruz, su corona es de espinas, no tiene ropajes de diseñador ni ejército y fue (es) abandonado por (casi) todos.

Y, hablamos del rey, hablemos del reinado de Dios que él describió…  Es un reino en el que los últimos del mundo son los primeros, los publicanos y a las prostitutas son más importantes que los doctos escribas y los puros fariseos, no hay tronos ni palacio, los modelos a imitar son las viudas pobres que echan dos céntimos de limosna y los samaritanos que cuidan a los heridos, son preferidos los sencillos como niños, sus ciudadanos son la gente pobre, que sabe sufrir, de corazón limpio, comprometida con la justicia… El reino de Dios no se parece en nada a los otros reinos de la tierra que imponen desde fuera y matan para imponerse.  Jesús siembra el amor desde dentro y hace vivir….

En nuestro mundo suele reinar el terror, reina la miseria, reina la explotación, reina la venganza, reina el negocio sucio, reina la violencia, la rapacidad, el consumo desenfrenado… Y Jesús quiere que reine la confianza mutua, la justa distribución de los bienes, el acceso a la educación de calidad, los negocios honrados, el desinterés por lo material, la austeridad, la bondad, la generosidad, la humanización de los corazones…

Nuestra tentación es creer que esto no es posible… Pero Jesús creía en la fuerza de la semilla, en el poder de la levadura, en la fuerza imparable del Espíritu de Dios…

¿Queremos comprometernos con Jesús, nuestro rey, a construir su reino?  ¿Cómo? Viviendo con la originalidad con la que él vivió: experimentando la verdad y hablando de ella, amando incondicionalmente aún después de ser humillados,  comprometiéndonos con los pobres, trabajando por la libertad y la justicia, siendo solidarios y misericordiosos y entregando nuestra vida hasta la muerte… Así Jesús unificará lo visible y lo invisible y abrazará todo el universo.]

Al finalizar el año litúrgico, conviene que pongamos a los pies de Jesucristo todo lo que ha sucedido a lo largo y ancho de este año que termina: nuestras luchas y logros, nuestras familias, nuestros proyectos y objetivos logrados, nuestra vida interior y nuestro actuar transformador en el mundo… Pero, sobre todo, lo que él nos fue regalando en su palabra y con sus innumerables regalos… ¿Recuerdo todo lo que Dios me ha hecho avanzar este año en mi desarrollo integral?

Si de la Liturgia de la Palabra de hoy tomásemos sólo la primera lectura, el salmo y la segunda lectura, sin el Evangelio, nos quedaría la idea – tal vez como la tenían lo judíos del tiempo de Jesús – de que Dios, y su mesías, reinarían con un poder semejante al de los poderosos de este mundo… Con mucho más poder, pero igual al fin… Pero los Evangelios nos hace comprender aspectos insospechados y paradójicos del “poder” de Jesucristo: el poder de la donación de la propia vida, del sufrimiento voluntario por los demás, de cuidar a los enfermos y remediar el hambre y la sed, de ser compasivo, de preferir a los últimos, de sembrar palabras que vivifican y de sembrarse, de ser levadura, sal y luz, de arriesgar su vida por los culpables, de reconciliar y perdonar, de encontrar a su Padre en la oración, de conectar con el Padre sin dejar de ser verdadero hombre, de donar voluntariamente su vida, de testimoniar la verdad… ¿Qué es lo que viene a mi mente cuando escuchas las palabras “Cristo Rey”?  ¿Cómo imagino que Jesús ejerce su autoridad?

Creemos que, más que describir el poder y la majestad que tiene Jesús, sería útil enfocarnos en cómo hacernos sus “súbditos y soldados”… Jesús dijo: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”… ¿Amo la verdad y la busco?  ¿Pertenezco a la verdad?  ¿Escucho y practico siempre la voz del Señor Jesús?

Llegados a este punto, podemos captar que no todo es miel sobre hojuelas.  Además del Reino de Dios que se va instaurando, a veces muy imperceptiblemente, existe el reino del mal (del pecado y de la muerte) que se le opone… Hay una lucha constante: Dios quiere elevarnos y el mundo nos rebaja (nos convierte en fichas, en simples números, en monedas de cambio, nos deshumaniza, etc.)… ¿Descubro que estos dos reinos luchan por conquistarme? ¿A cuál de los dos quiero pertenecer? ¿Cuál de los dos decido promover?

Aún si me descubriera a mí mismo sumergido en el reino de este mundo (lo que S. Juan Pablo II llamaba la cultura de la muerte) no estaría perdido, porque Dios, con su poder eterno, me puede ayudar a valorar y llegar a su Reino… Para Jesucristo no importa el punto de partida sino el punto de llegada… Él me invita (y me ayuda) a liberarme de mis ataduras mediante la verdad… La verdad de la palabra de Dios me ofrece un camino de liberación auténtica… Por lo tanto, busquemos la verdad, desarrollemos la capacidad de pensar, de reflexionar, de hacer discernimiento…

Para salir del reino del mal y entrar al Reino de Dios hemos de romper con la tendencia de dejarnos llevar por la opinión pública, la inercia y la rutina… Por ejemplo, antes de pasar un chisme, un chiste o un meme, ¿soy capaz de detenerme a pensar si con esta acción contribuyo a difundir el reino de Dios o el reino del mal?  ¿Promuevo los valores de Cristo con mis palabras y acciones?

Si decidimos ser de Cristo y defender su reino como sus soldados, iremos por el mundo luchando contra el mal… Esta será una tarea noble y difícil… Muchos otros ya salieron victoriosos de esta guerra… Los santos mártires mexicanos, sacerdotes y laicos, trabajaron sin descanso para promover una sociedad más justa para todos, basada en la doctrina de la Iglesia y antes de morir llenaron el mundo con sus convicciones gritando: “Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”… (Hoy celebramos también el día del laico… el día del laico que ama y sirve a Cristo Rey… aunque esto los haga salir muchas veces de su zona de confort).

Pensemos, pues, que Jesucristo Rey nos sigue confiando una misión en este mundo: implantar y cuidar de su reino en donde quiera que vivamos, convivamos y trabajemos… ¿Soy consciente de que, sin importar lo que otros hagan, yo debo actuar siempre con justicia y verdad?  ¿Estoy convencido de que, sin importar quién y cómo gobierne mi país y mi región, las leyes que yo obedezco son las de Jesucristo?  ¿Soy valiente para defender la vida y la vida en abundancia?  ¿Promuevo la paz, fruto de la justicia?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS PARA ESTA SEMANA:

1.     Observa los comportamientos de las personas a tu alrededor (familia, compañeros, amigos cercanos)… luego, ve elaborando dos listas pormenorizadas:

a)     Una con sus comportamientos que promuevan el reino del pecado (basta con que sean superficiales y que no den buenos frutos),

b)     Otra enumerando sus comportamientos que promuevan el Reino de Dios.

De esta lista de los comportamientos “ajenos”, subraya los que tú también practicas, tanto los buenos como los malos…

¿Qué descubres?

¿Quieres hacer algunos cambios en tu vida?

¿En qué puedes comprometerte más con la verdad y la justicia?

2.     En tu oración de esta semana, consciente de que perteneces al pueblo gobernado por Jesús, pídele la luz de su Palabra para trabajar en algunas situaciones que, a tu alrededor, requieran ser corregidas en vistas a que se haga presente el Reino de Dios en este mundo…

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, una Dios de unidad familiar, un Dios Rey que reina nuestras vidas.

Creo en un solo Dios…

GUIA: Oremos a Cristo, nuestro Rey, para que reine en medio de todos los hombres por el poder de su amor.  Digámosle:

Señor, que venga a nosotros tu reino.

1.     Señor, rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un pueblo libre, llenos de confianza, te pedimos por los líderes de las naciones que aman la libertad y la instauran en sus países y, también, por los que la estrangulan y matan, oprimiendo así a sus pueblos.  Oremos: Señor, que venga a nosotros tu reino.

2.     Señor, rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un pueblo de hermanos, llenos de confianza te pedimos por los que respetan y defienden la dignidad y los derechos de los demás y, también, por los que oprimen a sus hermanos y sólo defienden  sus propios intereses egoístas Oremos: Señor, que venga a nosotros tu reino.

3.     Señor, rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un pueblo de testigos, llenos de confianza te pedimos por los cristianos que viven intensamente su fe, y, también, por los que desgraciadamente han dejado enfriar o incluso morir su fe.  Oremos: Señor, que venga a nosotros tu reino.

4.     Señor, rey del universo, que  viniste a hacer de nosotros un pueblo que viva en la verdad, llenos de confianza te pedimos por aquellos en cuyas palabras y obras podemos confiar y, también, por los que engañan, viven de la mentira y te traicionan a ti y a los hermanos Oremos: Señor, que venga a nosotros tu reino.

5.     Señor, rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un pueblo orientado hacia servicio, llenos de confianza te pedimos por todos los que ayudan y se cuidan de los demás y, también, por los que solamente piensan en sí mismos sin importarles nada los demás.  Oremos: Señor, que venga a nosotros tu reino.

6.     Señor, rey del universo, que viniste a hacer de nosotros un pueblo de esperanza, llenos de confianza te pedimos por todos los que con esperanza siguen esforzándose y trabajando por construir todo lo bueno y, también, por los que se rinden y se dejan llevar por la desesperanza y el desaliento.  Oremos: Señor, que venga a nosotros tu reino.

GUIA: Señor y Rey nuestro, contigo queremos llevar las cargas de nuestros hermanos. Que su peso sea ligero, ya que es una carga de entrega y amor.  Danos fortaleza ahora y por siempre. 

TODOS: Amén.

GUIA: Con Jesús, nuestro Señor y Rey, roguemos a nuestro Padre en el cielo que su reino crezca entre nosotros. 

TODOS: Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

“Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.
 

GUIA: Oh Dios y Padre nuestro, Jesús ha estado con nosotros y le hemos reconocido como tu Hijo eterno, como hombre y como nuestro rey.

Haznos responder generosamente a este desafío para llegar a ser, como él, gente que vive para los demás, que puede dar un rostro, una voz, un corazón y un nombre a tu amor siempre listo para el servicio.

Ayúdanos a acogerlo como el origen y el fin, como la verdad de todo lo que somos y hacemos.

Que él sea nuestro Rey y Señor por los siglos de los siglos. 

TODOS: Amén.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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