Home / Contigo en casa / Celebración de la Palabra: UNA FE CAPAZ DE VENCER LA COBARDÍA

Celebración de la Palabra: UNA FE CAPAZ DE VENCER LA COBARDÍA

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, para el…

ORDINARIO XII

Fotos de Las manos extendidas hacia el cielo. Gestos. Una petición de los  cielos. Todo está bien. Está bien. - Imagen de © Belief #148328993

¿Qué hago para superar mi mucho miedo y mi poca fe?

Nota litúrgica: Estas líneas podrían ser meditadas con antelación por quien guiará la celebración y pueden inspirar sus comentarios e intervenciones durante la misma.

IDEAS PARA EL CELEBRANTE/GUÍA:

Cuando queremos hacer el bien y nos sentimos amenazados por las olas de la desgracia, del sufrimiento y de la maldad, con frecuencia cuestionamos a Dios: “¿Dónde estás, Señor, cuando sufrimos?  ¿Por qué duermes, Señor, cuando tu Iglesia sufre?  ¿Por qué hay tanto mal en el mundo?”  Y el Señor nos responde con otra pregunta, seguida de una alentadora afirmación: “¿Por qué desconfían de mi amor y por qué no cultivan su fe?  Yo estoy con ustedes, los acompaño en su misión.  Crean y confíen en mí.”

En nuestros días, mucha gente siente miedo e inseguridad a causa de las guerras, la violencia, las crisis económicas y morales, los cambios en el mundo y en la iglesia.  Les parece que Dios está lejos, dormido o indiferente ante sus preocupaciones y ansiedades…

En esta celebración revisemos nuestra confianza en que con el Señor, con sus enseñanzas, podemos superar todas las pruebas que nos amenazan cuando decidimos salir de nosotros mismos e ir al encuentro de los demás.

GUIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO.

Todos: AMÉN.

GUIA: El amor de Cristo nos apremia para ir a buscar a los extraviados.

El Señor Resucitado esté siempre con ustedes. 

Todos: Y con tu Espíritu.

GUIA: En silencia, pidamos al Señor, “Dios-con-nosotros”, que perdone nuestra falta de confianza en su presencia y amor en nuestras vidas.  (Pausa)

•        Señor, tú mandas a nuestras olas del miedo a permanecer tranquilas cuando nos sacuden violentamente:  Señor, ten piedad.

•        Cristo Jesús, tú acudes en auxilio de tu iglesia y la libras de la angustia y el temor cuando tus fieles ponen toda su confianza en ti: Cristo, ten piedad.

•        Señor Jesús, nos alegramos, agradecidos, por la calma y sosiego interior que nos das cuando creemos en ti: Señor, ten piedad.

GUIA: Perdona, Señor, nuestra falta de fe, y ayúdanos a ponernos en tus manos. Confiando plenamente en ti, llévanos hacia adelante nuestra vida y misión, hasta que lleguemos a la paz de la vida eterna. 

TODOS: Amén.

GUIA: Dios fuerte y amoroso, tú nos mandas ir a “la otra orilla” de la vida para encontrarnos con nuestros hermanos y llevarles tus enseñanzas.  En esta misión encontramos tempestades.

Cuando clamemos a ti por ayuda, danos la seguridad de que te preocupas por nosotros y de que estás a nuestro lado, aun cuando parezca que estás ausente. Que nuestra fe permanezca pacífica y serena y se haga más profunda en cada prueba.

Haz que sigamos creyendo que las olas te obedecen y que, estando a tus órdenes, los poderes del mal no pueden dañarnos.

Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. 

TODOS: AMÉN.

Se ofrece un resumen de las lecturas para ayudar a quien guía y a quienes leerán a subrayar la parte primordial que ayude a descubrir su mensaje unitario. Pero, las lecturas han de leerse íntegramente durante la celebración.

Nota litúrgica: Se les pedirá a los lectores anunciar únicamente el libro de donde se toma la lectura. Ejemplo: Lectura del libro de los hechos de los apóstoles. Al finalizar cada lectura no se olvide decir: PALABRA DE DIOS. Y se responde: TE ALABAMOS SEÑOR. Y en el Evangelio, anunciar: Del Evangelio de según San Juan. Al finalizar decir: PALABRA DEL SEÑOR. Se contesta: GLORIA A TI SEÑOR JESÚS.

Job 38, 1. 8-11: Dios se revela a Job como el creador que controla las fuerzas de su creación, especialmente del mar… Y le asegura que lo protegerá con su poder para que nada malo lo derrote, aunque en ese momento, sumergido en su dolor, no lo pueda comprender…

Salmo 106: Demos gracias al Señor porque es bueno, y porque nos libra de la fuerza y los peligros del mar…

2 Corintios 5, 14-17: El amor de Cristo nos apremia, por su muerte hace que ya no vivamos para nosotros mismos sino para Él… Ya no podemos juzgarlo, ni a Él ni a nadie más, con criterio humanos… Todo es nuevo y nosotros hemos sido transformados por su muerte, somos de Él…

Marcos 4, 35-41: Jesús y sus discípulos van atravesando el mar de Galilea hacia la pagana Decápolis.  Él “dormía”.  Su barca fue atrapada por una tormenta y los discípulos, llenos de desesperación debido a su falta de confianza, lo despiertan y le reclaman su desinterés por salvarlos… Jesús exorciza al viento y al mar, calma la tempestad y cuestiona su poca fe…

Audio: Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

Nota litúrgica: Se puede ir leyendo esta reflexión y DETENERSE cuando aparezca una PREGUNTA o cuando se crea conveniente dialogar alguna IDEA.

[Jesús acaba de instruir a su nueva familia con la explicación en privado de las parábolas del Reino, de las cuales leímos dos el domingo pasado, sería bueno que las meditáramos todas en privado.

Hoy, según nos narra el evangelio, los enseña a confiar en él para que puedan cumplir su misión de ir a evangelizar a “la otra orilla” transformándolos de cerrados en universalistas.  A pesar de que la noche se acercaba y de que debían cruzar un mar de inseguridades el Señor los anima a ir.  Cuando llegó la tempestad, no es que ellos no supiesen que Jesús podía calmarla, más bien no creían que le interesara salvarlos.  El mar amenaza la “vida” pero Jesús-Dios la defiende, sólo que debemos confiar en él.

El antiguo pueblo de Israel ya tuvo que atravesar el Mar Rojo y el desierto para llegar a la tierra prometida; ellos tuvieron que hacer crecer su fe y su confianza en su Dios poderoso y protector.  En la primitiva comunidad hubo “tormentas” para pasar del judaísmo a una comunidad que aceptara la pluralidad de orígenes entre los cristianos; esa travesía implicó confiar en el poder divino de Jesús para obedecerlo.  Hoy, como en cada época, nosotros también debemos ir a “otras orillas”.  Hemos de trabajar para que su mensaje llegue a todas las personas, abandonando todas nuestras seguridades y luchando contra el mal… Pero, sólo podremos salir de “nuestra orilla” hacia el destino que Jesús nos marca confiando en que él – resucitado, aunque “dormido” y silencioso – es nuestro compañero de misión y sólo comprenderemos verdaderamente su identidad cuando actuemos como él…]

Un día, al atardecer, después de despedir a la gente, Jesús pretende ir con sus discípulos a la otra orilla del mar de Galilea y, en el trayecto, son sorprendidos por una inesperada y fuerte tormenta… Resaltemos algunos elementos de esta narración:

•        El mar: para los antiguos (y para nosotros también) representa un lugar peligroso, traicionero e inestable… En la primera lectura y el Salmo aparece controlado por el poder Dios…

•        La barca: representa la pequeña comunidad de los discípulos de Jesús; también representa a la Iglesia que va navegando en la historia… Podemos ser también nosotros cuando vamos a cumplir la misión que Jesús nos ha encomendado…

•        La otra orilla: representa la misión evangelizadora más universalista de Jesús pues se trata de la Decápolis, una tierra de paganos…

Jesús, con sus discípulos, es decir, con su Iglesia, pretende ir a evangelizar a los alejados… Pero hay fuerzas malignas que se lo quieren impedir… Cuando pretendo arreglar algo en mi vida y aparecen fuerzas opositoras, ¿pierdo la confianza en Jesús o me dejo renovar y fortalecer con su amor para seguir bregando?  ¿Quiero que Dios solucione todas las dificultades y venza todos los obstáculos para realizar mi misión sin ningún contratiempo?

Nos puede sorprender las reacciones de los discípulos: en un primer momento, sintieron temor de hundirse en el mar embravecido y le reclaman a Jesús el desinterés por la desgracia que les podría haber sucedido… Pero, después de que Jesús calma la tempestad, sienten miedo ante el infinito mar de poder y amor que descubren en su Maestro: “¿Quién es este…?” Primero manifiestan temor ante las fuerzas del mal, pero luego se espantan ante las fuerzas del bien… Por eso Jesús les hace ver su desconfianza y su cobardía… ¿A qué le tengo más miedo, al mal que me amenaza o al bien que me exige adhesión?  ¿En qué me parezco a estos discípulos?  ¿Qué experimento al comprender que contra el mal Dios me puede defender, pero, ante el bien yo debo comprometerme?  ¿Le reclamo a Dios cuando el “dormido” soy yo?

La Iglesia, nuestras comunidades y nosotros mismos sufrimos de varios huracanes en la travesía de nuestra vida, especialmente cuando aqueremos hacer el bien… Si Jesús y sus discípulos se hubiesen quedado a descansar en la playa, no habrían sido atrapados en medio de esa tormenta; tuvieron esta dificultad porque decidieron cruzar el mar e ir a hacer el bien a aquellos paganos desconocidos… Alguien podría decir que solitos se buscaron esos problemas… Muchas personas se quejan porque encuentran obstáculos justo cuando quieren hacer bien las cosas.  Es claro que si un individuo se pasa la vida sólo comiendo y bebiendo frente a su televisor, no encontrará muchas “tormentas” en su sala.  En cambio, alguien que se esfuerce por crecer individualmente y mejorar su entorno geográfico, social y eclesial, encontrará críticas, incomprensiones y oposición… ¿Yo quiero sólo “vivir bien” o mi fe me compromete a cruzar los mares agitados y a superar los peligros para practicar el bien?  ¿Vale la pena que me comprometa a ser bueno y ayudar a otros?

Convenzámonos de que fuimos renovados por la muerte de Cristo, no dejemos que el miedo nos paralice o nos convierta en agresivos repartidores de culpas… Aprendamos a no juzgar con criterios meramente humanos, cultivemos nuestra fe y confianza en Dios… Y así seremos cristianos que van más allá de los peligros para llevar el Evangelio… ¿En qué comportamientos puedo notar que soy una persona nueva y que tengo fe?

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS PARA ESTA SEMANA:

1.      Describe alguna “tempestad” que hayas pasado alguna vez que quisiste hacer el bien y en la que el Señor te ayudó fortaleciendo tu fe…

¿Estás pasando ahora por alguna dificultad amenazante o destructiva?

Imagina a Jesús increpando al “viento” y a las “olas” que te asustan…

¿Qué representan esos fuertes vientos y esas olas enfurecidas?

¿Qué pasa con esa tempestad cuando Jesús, desde tu interior y tus comportamientos, la va increpando?

¿Te puedes llenar de valor, fe y confianza pensando que superarás esta prueba dominando tus vientos y calmando tus olas?

Imagínate a ti mismo, una vez superada esta prueba, llegando a la otra orilla del mar… ¿Qué representa esta otra orilla en tu caso concreto?

2.      En tu oración de estos días:

•        Da gracias a Cristo por haberte hecho una persona nueva que vive para Él y que ya no juzga con criterios meramente humanos…

•        Pídele que te ayude a confiar plenamente en su poder y en su divinidad, como lo hicieron Job y los navegantes del salmo y del Evangelio de hoy…

•        Encomiéndale algunas situaciones de la Barca de Pedro en las que tú estás trabajando para mejorar…

•        Y algunas necesidades que se te presentan en medio de tus tormentas particulares en las que quieres comprometerte y confiar más…

GUIA: Expresamos nuestra fe en el Dios vivo y, una Dios de unidad familiar, un Dios Rey que reina nuestras vidas.

Creo en un solo Dios…

GUIA: Dios es nuestra luz y nuestra seguridad.  Expresemos nuestra confianza en él y roguemos por todos los que viajan y misionan con nosotros en la vida.  Digámosle:

Señor, en ti confiamos.

1.      Por la Iglesia de Jesús, para que su fe y amor no vacilen en las dificultades y tormentas de nuestro tiempo.  Oremos: Señor, en ti confiamos.

2.      Por los que dudan de su fe y tienen miedo de afrontar el futuro, para que Dios les dé fuerza y valor, y que nosotros les ayudemos a renovar su esperanza.  Oremos: Señor, en ti confiamos.

3.      Por los marineros y pescadores para que mar, del que ellos viven y donde luchan y faenan, les sea tranquilo en las tormentas y generoso en frutos; también por los que viajan, para que lleguen a sus destinos sanos y salvos Oremos: Señor, en ti confiamos.

4.      Por la comunidad de naciones, para que todos los pueblos vivan en paz y armonía.  Oremos: Señor, en ti confiamos.

5.      Por nuestras comunidades cristianas, para que aumente nuestra fe confiada en Jesús, y para que su amor nos mueva siempre a vivir generosamente los unos al servicio de los otros.  Oremos: Señor, en ti confiamos.

GUIA: Señor, Dios nuestro, ayúdanos a convencernos de que tu Hijo está con nosotros mientras vamos hacia las “otras orillas” de la vida donde nos esperan nuestros hermanos marginalizados, alejados y desilusionados.  Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. 

TODOS: Amén.

GUIA: Con Jesús, nuestro hermano mayor, oremos con su oración de confianza a Dios, nuestro Padre. 

TODOS: Padre nuestro…

GUIA: Decimos juntos:

“Creo, Jesús mío,
que estás real y verdaderamente en el Cielo
y en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya te hubiese recibido,
Te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti.” Amén.
 

GUIA: En esta celebración hemos recibido ánimo para continuar nuestra misión y confianza en Dios, él mismo nos lo ha asegurado: “Hasta en los días más oscuros de la vida no hay nada que temer.  Yo estoy contigo.  Afronta la vida y sus problemas.  Yo te voy a llevar a la otra orilla.  Confía en mí.”

Y pedimos que Dios todopoderoso nos conceda esta fe inquebrantable.

Y que nos bendiga: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: Amén.

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

Revisa También

Celebración de la Palabra ¿Cuál es mi misión en la vida?

Ofrecemos un esquema para realizar una celebración familiar o grupal, sin la presencia del presbítero, …