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La realidad presente nos hace un llamado urgente y claro a la solidaridad, a despojarnos de nuestro egoísmo para ver al hermano que nos pide ayuda, consuelo y cooperación. Somos mejores unidos que divididos

De un “Yo” a un “Nosotros”

José Andrés Guzmán Soto

El nosotros es un yo solidario. El estoico

Estamos viviendo tiempos difíciles y complicados donde muchos de nosotros hemos tenido que cambiar nuestro estilo de vida y nuestras rutinas cotidianas por las circunstancias que estamos pasando: pandemia del COVID 19, cambios en el trabajo, despidos, cierre de pequeñas empresas y más; por otro lado, la violencia en todos los aspectos continúa imparable, las desapariciones, los feminicidios, los homicidios en aumento, robos de todo tipo y la pobreza que se multiplica de manera exponencial, donde muchas familias más que vivir, sobreviven.

Además, el desabasto de medicinas en los hospitales y centros de salud, la escasez de alimentos de primera necesidad para no pocas familias, la falta de trabajo para las cabezas de familia y la brecha entre ricos y pobres se abre en una inmensidad que da pavor como caldo de cultivo para un estallido social.

Jalan agua para su molino

Frente a esta situación de dolor y desesperanza, encontramos a no pocos gobiernos, partidos políticos y diversas organizaciones que son insensibles a tal situación y solo tienen ojos y corazón para sus intereses de grupo de poder; si acaso voltean a ver a los demás en función de tender la mano para sacar provecho electoral, dando unos cuantos pesos o productos para salir en las redes sociales y en los Medios de Comunicación.

Por otra parte, a nivel individual encontramos a una gran mayoría de personas que solo viven en su mundo narcisista y egoísta, cerrando los ojos y escondiéndose como las avestruces ante una realidad que les reclama a grito abierto su dolor, rabia y desesperanza. Estamos hablando de esa gente que parece vivir en otro planeta, en su país de las maravillas, en su coto de felicidad egocéntrica, donde se vive el “primero yo, después “yo” y al final “yo”. Son los pequeños dioses con pies de barro que tarde que temprano se desmoronan.

Cambiar nuestras realidades

Sin embargo, la realidad nos hace un llamado urgente y claro a la solidaridad; a despojarnos de nuestro egoísmo para ver al hermano que nos pide ayuda, consuelo, cooperación y solidaridad; a no olvidarnos que somos parte de un grupo social, de una sociedad, de un  pueblo, de una ciudad, de un país y de esta tierra, como casa común y compartir una historia humana.

Tenemos que ser solidarios primero con los que nos rodean sean familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, de estudio, de fe; debemos ser solidarios, también de los hermanos lejanos porque formamos parte de una misma familia humana, donde hasta los enemigos o adversarios y personas de diferente forma de pensar, de región, de cultura  conforman esta gran comunidad humana.

El “yo” egocéntrico se debe convertir en el “nosotros” social, comunitario y en comunión con los demás. Somos mejores unidos que divididos; somos más fuertes juntos que separados.

No hay que olvidar jamás que el mejor ambiente para la unidad es el amor traducido en amistad, en colaboración, en solidaridad, en esperanza, en confianza para encontrar el camino de la paz del bienestar para todos en igualdad y en respeto.

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