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Después de la muerte

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

El duelo es el proceso qué sigue después de una pérdida. Es el proceso de adaptación a la pérdida. Las pérdidas pueden ser de índole no solamente físico, puede ser una pérdida social, cuando pierdes a los amigos o que te cambias de ciudad, o una pérdida moral, cuando tú creías en la lealtad o en la honestidad de alguien y te das cuenta de que no, explicó la psicóloga y tanatóloga Fabiola Montoya Martín del Campo.

La especialista explicó que así como hay diferentes tipos de pérdidas, también hay diferentes tipos de duelo. “Por ejemplo, en el caso de los fallecidos por covid que no se pueden realizar las ceremonias exequiales o en el caso de los desaparecidos cuando no tenemos un cuerpo y realmente no sabemos si la persona vive o no, o cuando una persona se suicida y no entendemos el porqué. Estos duelos suelen ser más complicados, pues el proceso de adaptación se hace más difícil. La persona no está físicamente, pero psicológicamente permanecen; situación contraria ocurre con los enfermos de Alzheimer que están físicamente pero psicológicamente no están”.

El covid nos cambió la vida y también la muerte

“En el caso de las personas que mueren por covid, la pérdida es ambigua porque culturalmente estamos acostumbrados a acompañar a las personas en caso de la enfermedad. Vemos como nuestros seres queridos se van deteriorando y uno se va preparando para la pérdida. Le damos un funeral, que en realidad es un ritual para nosotros, y finalmente, sabemos dónde y cómo queda. Situación que se ha modificado por la pandemia.

“En el caso de una pérdida ambigua, todo queda abierto, es decir no nos pudimos decir las últimas palabras, no pudimos ofrecer un abrazo, no podemos tomar de la mano; incluso, bajo las circunstancias actuales, no podemos ver el cuerpo de nuestros familiares pues solo un miembro de la familia puede reconocerlos (a quienes fallecen por covid).

“Otra situación que nos aqueja en México es la de los desaparecidos. En el caso de los desaparecidos, ese duelo se prolonga de manera extensa y generalmente necesita acompañamiento”.

Cómo vivir nuestro duelo

Para las personas que durante esta pandemia pierden algún familiar por covid, la psicóloga recomendó hacer uso de la tecnología y hacer un ritual que bien puede ser por zoom o por cualquier plataforma virtual, en la que sus seres queridos se reúnan o incluso vía telefónica, pero buscar que se sientan conectados, que se puedan escuchar, que puedan rezar algunos responsos o hacer el rezo del Rosario. Pueden vestir o colocar algún signo de luto, como si estuvieran presentes en la funeraria, incluso compartir el café y el pan aun en la distancia. “Bíblicamente, la comida y el vino están muchas veces presentes. La Última Cena, por ejemplo, fue un ritual de despedida”.

Recomendó que una vez que las cenizas sean entregadas, se pueden colocar en un lugar especial si se va a tener unos días en casa para el novenario, antes de depositarlas en un panteón o en una Iglesia como es lo indicado. “En las circunstancias actuales se puede rezar un novenario a través de las redes, buscar la manera de acompañarnos a pesar de la distancia. Esto nos ayuda a seguir con el proceso de duelo y vivir nuestro duelo en grupo, como es cultural y humanamente recomendable”.  

Están siempre presentes

La psicóloga advirtió que hay fechas particulares que nos recuerdan nuestra pérdida: “aniversarios, cumpleaños, navidades,  entonces hay que  prepararnos. Por ejemplo, viene la Navidad en la que será difícil que tengamos reuniones familiares en las que estemos presentes todos, pero si por ejemplo antes de esta fecha, que es emblemática para todos los cristianos, hacemos algún ritual para recordar a quien se fue, esto nos ayudará a pasar unas fiestas más tranquilas. Podemos rezar, prender una vela, incluso llorar. La idea es usar los medios tecnológicos que tengamos a la mano.

“Las fechas de aniversario pueden traer depresión, ansiedad extrema, culpa, por eso es importante el manejo del dolor en la medida de lo posible, bajo las circunstancias que nos ofrece la tecnología y buscando la compañía, el encuentro con el otro, con la familia, así como un proceso personal de diálogo con uno mismo y con el ausente: qué te quisiera haber dicho, qué me puedes decir de mí.  Es importante identificar las fechas en las que particularmente podemos caer en un estado de profunda tristeza (las crisis de aniversario).

En caso de que nos toque a nosotros

Vale recordar que nadie estamos exentos y que si bien cada día que vivimos es uno menos en nuestra existencia, la pandemia puede ayudarnos a reflexionar sobre nuestra finitud.

“Algo que nos está dejando esta pandemia es precisamente el identificar el valor de la vida. El recordar nuestra mortalidad nos da la oportunidad de significar la vida. La mejor manera de prepararnos para nuestra muerte es identificar cómo está mi vida hoy. Nos puede pasar a todos. Quizá por la estadística es más fácil sufrir un asalto o morir por un balazo que de covid pero por eso mismo, todos los días, deberíamos hacer un ejercicio, este famoso cerrar círculos.

“Esta es una frase hecha, que si no la definimos operativamente, queda sin sentido.  Cerrar círculos quiere decir a ¿qué estoy apegado en este momento? al amor de mis hijos pero un amor que me impide mi propio desarrollo o que pone su libertad contra la mía. ¿A qué estoy apegado?, ¿al coraje, a la rabia hacia otro, a un mal recuerdo, a una crítica de mí mismo por lo que ha sido mi vida?, es decir qué es lo que me está pegando ahorita como sentido de vida, que no necesariamente tiene que ser algo bueno.

“Lo que tenemos que hacer es encontrar cómo está nuestra vida ahorita, qué evaluación hago, qué calificación me doy, y si me tocara, que sería lo más difícil de dejar. Ahí identificas cuál es la tarea pendiente. Tengo que saber qué es a lo que estoy apegado para soltarlo.

“Si hacemos este ejercicio de manera frecuente, con covid, o sin covid viviremos reconciliados con nosotros mismos. Este ejercicio es un mensaje que tenemos que transmitir.  

“Hay que agradecer las cosas cotidianas, agradecer lo que se tiene, platicar con nuestros familiares sobre si nos tocara, cómo quedarían las cosas. Este es un ejercicio que nos dará sentido para la vida porque le damos significado, le damos valor, le damos importancia. Cuando hablamos de la muerte tenemos que hablar de la vida y celebrarla”, concluyó la especialista.  

Jesús lloró por su amigo

Cuando sufrimos una pérdida es común que quien nos ve llorar nos diga que no lo hagamos porque no dejamos descansar a nuestro ser querido, esta idea no tiene sustento, pues es normal y hasta sano psicológica y espiritualmente expresar lo que nos duele. Es un sentimiento natural y muy humano ante la pérdida, tan es así, que la Biblia refiere que Jesús lloró por la muerte de su amigo Lázaro.

El arte de escuchar el interior y responder con precisión

Te ofrecemos esta herramienta para la elaboración al duelo por la pérdida de un ser querido. Mediante una conversación abierta, genuina, cercana y profundamente íntima, se pretende favorecer la tristeza, culpa, enojo, confusión por su partida, serenando el alma para recibirle a quien ahora, sin estar presente, continúa existiendo en mi vida y a favor de mi presente.

Recomendaciones Iniciales

Permítete el valor de conocer las heridas. El temor de abrirnos a la experiencia ¿favorece que las ideas que atormentan el pensamiento se alejen?

Al iniciar el ejercicio, digerir las preguntas y dar tiempo a sus respuestas.

•      Regresar y reelaborar. Cuando se cree tener una respuesta, una pregunta posterior es posible que demanda reelaborar la anterior.

•      Cuando se ofrece voz al fallecido, imagina cómo respondería desde su momento actual.

•      Para quienes su causa de fallecimiento fue el suicido, en letra cursiva van preguntas adicionales.

Diálogo con mi interior

a.     Algo de mí, ¿también murió?

b.     ¿Qué perdí con su muerte?

c.     ¿Qué le di?

d.     ¿Qué de mí no quiero que se lleve?

e.     ¿Qué le di y ahora quiero que me lo regrese?

f.      ¿Qué herencia a me dejó?

g.     ¿Qué tarea mía me regresa su muerte?

h.     Su muerte, ¿me produce algún bien?

i.      ¿Cómo vive ahora en mí?

Diálogo con el ausente

a.     ¿Qué me quisiste decir con tu partida?

b.     Si regresara el tiempo, ¿qué me dirías?

c.     Si regresara el tiempo ¿lo volverías hacer?

d.     En el último suspiro ¿te arrepentiste?

e.     ¿Tuviste miedo, cuando ya era tarde?

f.      ¿Sufriste dolor?

g.     ¿En algo me equivoqué?

h.     Mi amor, ¿fue suficiente para tu vida?

i.      Mi amor ¿no fue suficiente para tu vida?

j.      ¿Qué tema prohibido conversarías ahora conmigo?

k.     ¿Qué me dirías hoy que antes no quisiste expresar?

l.      ¿Hay algo que quisieras volver a decir?

m.    ¿Qué te llevaste de mí?

n.     ¿Cómo crees que será mi vida sin ti?

Rituales

Elige una acción simbólica con tus respuestas, utiliza tu creatividad: escribir tus respuestas y leerlas en un día especial, enterrarlas en un jardín, enviarla en un globo que se eleve al cielo, etc.

Decir Adiós y Bienvenido

Construir la relación con el fallecido en espacio, tiempo y con los sentidos del alma, cuando los sentidos del cuerpo ya no los perciben ofrece puerta abierta a los a los del alma: escuchar, ver, oír, sentir, oler abrazar con el corazón.

Contacto

Psic. Fabiola Montoya Martín del Campo.

Tel. 33-1168-1114

Correo: fabiola_montoya@hotmail.com

Acerca de Gabriela Ceja Ramirez

Lic. en Comunicación | Especializada en Comunicación Pastoral, por el ITEPAL y la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia | Editora de Semanario Arquidiocesano de Guadalajara.

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